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El Gobierno confía en que los mercados no afecten a la recuperación

“Lo importante son las tendencias de fondo”, insiste García-Legaz

El Gobierno observa las turbulencias en los mercados con cierta tranquilidad. “Los fundamentos de la economía son sólidos”, destacó ayer el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, que definió la sacudida en las Bolsas como “normal”. “Los mercados a veces sobrerreaccionan, pero lo importante son las tendencias de fondo”, subrayan desde otras instancias del Gobierno. Otra frase, la misma partitura. Y con ella, alguna fuente gubernamental, apunta a que estas tensiones son pasajeras y, por eso, confían en que no harán descarrilar la incipiente recuperación que apuntaban hasta hace unos días los indicadores.

García-Legaz, en su intervención en el Foro Anfac, se apresuró a quitar importancia al resultado de la subasta de ayer, en la que el Tesoro esperaba captar 3.500 millones y se quedó en 3.203,4. “También hay subastas en las que hay exceso de demanda... España no se había financiado mejor hasta ahora y si sigue así podemos estar tranquilos”, subrayó el secretario de Estado.

En el estudio que hace el Ejecutivo de lo que sucede estos días en los mercados, hay puntos de coincidencia con lo que señalan muchos analistas y el Fondo Monetario Internacional. La institución dirigida por Chistine Lagarde consideró la semana pasada que los mercados parecían “demasiado cómodos”, sin prestar la atención debida a las dudas sobre a una tercera recesión en Europa, sin incorporar en su comportamiento y en sus valoraciones el riesgo que todo eso comportaba.

Las nubes y las amenazas para la recuperación por el frenazo en la zona euro —confirmadas con la revisión a la baja de las previsiones sobre Alemania— ya las veía venir el Ejecutivo. “Los datos no son buenos, es evidente”, declaró esta semana en Luxemburgo el ministro de Economía, Luis de Guindos, el primer miembro del Ejecutivo en lanzar el aviso a la vuelta del verano. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha tardado más. Pero también ha señalado esta semana hacia los problemas que pueden venir del exterior: “Con toda franqueza, me encantaría que a mis vecinos les fuera mejor que a mí”.

En su relato sobre la actual recuperación, el Gobierno huye de las similitudes con lo que sucedió en 2011. Entonces España comenzaba a salir de la primera recesión de esta crisis, pero el segundo rescate a Grecia y las dudas en Italia se llevaron por delante la mejoría. “No es lo mismo. Estamos en mejores condiciones para aguantar la tormenta que entonces. Ahora se han hecho cosas, y entonces, no”, señalan fuentes oficiales del Ministerio de Economía, en referencia a la reforma laboral, las sucesivas reestructuraciones del sector financiero, los recortes o los ajustes fiscales que han reducido algo el déficit público. Y, además, ofrecen un dato: en lo que va de año, el Tesoro ha cubierto el 93,8% de sus objetivos de captación de deuda a medio y largo plazo.

Otros miembros del Gobierno señalan que la salida de la recesión de hace tres años era casi un espejismo, apuntalada con ayudas públicas como el plan E. No obstante, estas últimas son conscientes de que si las turbulencias en los mercados persisten los problemas pueden llegar a la economía real y, entonces, la creación de empleo, el termómetro que medirá la verdadera fuerza y consistencia de la recuperación, no llegar al ritmo esperado.

Para que esto no suceda, el Gobierno confía, sobre todo, en el Banco Central Europeo. Espera que las medidas anunciadas por Fráncfort tengan el efecto espera y desencallen a la economía europea. Y para que Mario Draghi no se relaje, Rajoy metió presión el lunes: “Tenemos que hacer unas políticas más adecuada al momento en que vivimos. El BCE ha hecho cosas interesantes pero hay que perseverar”. Asociadas a las acciones de la autoridad monetaria, espera el Ejecutivo que el euro pierda fuerza para estimular el comercio exterior, que en agosto trajeron un gran disgusto (una caída del 5%).

Hay otro elemento que está presente en el discurso optimista del Gobierno: la llegada de la Comisión Juncker. La promesa del ex primer ministro luxemburgués de movilizar 300.000 millones es una de las esperanzas de Rajoy. De ahí, que el presidente insista en que, cuanto antes, la nueva Comisión se ponga a la tarea.