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Faenar en Marruecos por 80 euros

El acuerdo para volver a pescar en aguas del reino alauí apenas se traduce en puestos de trabajo

Marineros de Barbate descargan tras faenar en Marruecos.
Marineros de Barbate descargan tras faenar en Marruecos.

Barbate, con 22.921 habitantes censados –datos del último cierre del padrón a finales de 2013- es uno de los municipios con más paro de Europa. A finales de agosto eran 3.955 las personas desempleadas (1.808 hombres y 2.147 mujeres), muy por encima de las 3.347 afiliadas a la Seguridad Social . Y la situación irá a peor cuando se acaben las contrataciones del verano tras la temporada alta de vacaciones. El pueblo es, sobre todo, turismo y pesca. Por eso cuando la semana pasada se cerró el acuerdo de la Unión Europea con Marruecos para volver a faenar en aquellas aguas, arreciaron los titulares optimistas y las declaraciones políticas que pronosticaban centenares de empleos para la zona. La deprimida flota y la legión de marineros en tierra –la negativa de la Unión Europea a renovar el convenio con el reino alauí dejó en la estacada a 150 hombres durante diciembre de 2011- respiraron aliviados durante unos días.

Pero la primera jornada de faena ha rebajado la euforia. Solo tres barcos salieron el lunes del puerto gaditano con la preceptiva bandera roja y verde del reino alauí. Tras once horas en la mar, descargaron en su desangelada lonja, tonelada y media de pez sable, la especie más rentable en estas aguas. Uno de esos brokers que operan en el comercio del pescado lo colocó en Portugal a un precio de entre 1,20 y 2,20 euros, el kilo, antes de que zarpasen. En total 1.000 euros para repartir entre sus cinco tripulantes y el patrón y marinero del barco.

Tanto el Sirena, como el Raquel y Sheila y el Chipiona salieron del pantalán el lunes con lo puesto. La misma tripulación que ya faenaba por la costa de Tarifa. Para los palangreros, el acuerdo es rentable porque les permite acumular mucho más pescado en travesías de 12 o 13 horas. Al partir las capturas, el sueldo de los tripulantes se multiplica y puede pasar de los 200 euros semanales a más del doble. Veintisiete, de toda la provincia, tienen permiso para faenar, y media docena ya ha empezado a hacerlo una vez que pasaron las inspecciones en el puerto de Tánger.

Una pequeña parte de la flota de cerco se ha decidido a acudir al caladero norteafricano

La incógnita sigue siendo si el sector del cerco -esos barcos más grandes que pasan semanas enteras pescando y necesitan tripulaciones largas de hasta unas veinte personas- tirará del empleo. De los 20 pesqueros de Barbate con derecho a faenar en el caladero marroquí –la Unión Europea ha cerrado un acuerdo por que el paga a aquel país 40 millones de euros al año a cambio de derechos de pesca para once países- solo dos han solicitado licencia para este trimestre. El resto ha preferido quedarse en el Golfo de Cádiz a esperar noticias de ese caladero. En las conversaciones de bar, los marineros repiten que está esquilmado y que ya no queda gran cosa que pescar allí.

La patronal pesquera, sin embargo, aguarda que en otoño se sumen otros ocho y pronostica que entonces se necesitarán patrones, tripulantes y hasta cocineros a bordo. Difícil, que sirva para compensar el centenar y medio de trabajos que desaparecieron con el acuerdo anterior.

Tomás Pacheco, presidente de la Asociación Barbateña de Empresarios de Pesca, calcula que por cada empleo nuevo a bordo, se crearán cinco más en tierra firme, ya sean talleres, fábricas de salazón o de hielo.

El pantalán es todo pesimismo. El desguace de cada embarcación se vivió como un palo para el puerto que ya no es ni sombra de aquel pujante centro económico de la década de los 70. Pese a todo, el puerto es una de las pocas oportunidades para quien quiere trabajar.

"Aquí el mar es lo único"

El Sirena ya prepara la sucesión. El timón pasará previsiblemente en unos años de Manuel Pacheco padre a Manuel Pacheco hijo, que a sus 22 años aprende el oficio desde abajo: encargándose de colocar anzuelos y preparar la carnada para la pesca del pez sable. “Es lo que he vivido desde pequeño, estoy sacando el título de patrón, espero poder seguir con esto mucho tiempo”.

Su padre admite que preferiría ver a su familia lejos de las redes y los aparejos pero aquí no hay desmasiadas alternativas: “Antes se decía que el mar es lo último. Ahora aquí es lo único”.

Lo único, dentro de la ley. Fuera de ella, la costa ofrece múltiples atajos. La entrada de hachís desde Marruecos es constante a través de las llamadas pateras, pequeñas lanchas fuera borda que repiten viajes de una a la otra orilla cargadas de droga.

Cuando se le pregunta a agentes de a pie de la Guardia Civil sobre supuestos informes policiales que cifran en un 10% los jóvenes que colaboran con el narcotráfico, se encogen de hombros: “Según la época puede ser más o puede ser menos, pero aquí droga hay mucha”.

Antonio, 45 años, mata el rato ante un café en la cantina del puerto, antes de acudir al “salón”, que es como se llaman aquí a una especie de trasteros distribuidos por el puerto donde se prepara el aparejo para pescar . Marinero desde siempre, ahora lleva unos años en tierra. Su tercer grado le impide enrolarse. Cumple una condena de cuatro años por narcotráfico de la que aún le quedan 27 meses, aunque insiste en que a él no le pillaron droga . Nada desconocido por aquí en un pueblo con una población reclusa muy superior a la media. “La necesidad obliga a muchas cosas y cuando tienes hijos [dos en su caso] todo el peor. Pero cuando salga intentaré vivir del mar y olvidarme de todo lo demás”. Tampoco él ve el acuerdo con Marruecos como esa panacea que muchos se esfuerzan en vender. “Allí no hay mucho que pescar, han acabado con el caladero”.

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