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EE UU empantana la reforma del FMI

El organismo advierte que el nuevo bloqueo estadounidense al reequilibrio de poderes entre países pone en peligro los recursos para futuras crisis

Christine Lagarde en la Reunión de Primavera del FMI.
Christine Lagarde en la Reunión de Primavera del FMI. EFE

El defensor de las reformas no es capaz de sacar adelante la suya. El Fondo Monetario Internacional (FMI), el organismo que pide reformas a prácticamente todos los países y critica la lentitud de algunos estados, entre ellos España, por no adoptarlas, lleva tres años enredado y bloqueado con su propia transformación. Las reuniones de primavera del organismo se han celebrado esta semana con un nuevo fracaso. El Congreso de EE UU, el país con más poder en el Fondo y el único con capacidad de veto, acababa de rechazar el proyecto impulsado en 2010, que busca reforzar los recursos de la institución y aumentar la participación de los países emergentes en consonancia con su mayor peso en la economía global.

Con la reforma, China se convierte en el tercer mayor miembro del FMI y otros tres más, Brasil, India y Rusia se incorporan a los 10 primeros, pero el cambio requiere el apoyo del 85% de los votos y EE UU, con el 16,7%, tiene la reforma congelada. “Son compromisos importantes de todos los miembros alcanzados en 2010 y que debían llevarse a cabo en 2012. Estamos en 2014 y aún no ha ocurrido”, lamentó la directora gerente Christine Lagarde. “Importa para la credibilidad de la institución y para el tamaño de la institución”, añadió.

Las cuotas del FMI son las contribuciones que hace cada país, y equivaldrían a las acciones de una empresa y sus correspondientes derechos de voto. Se calculan por el peso económico fundamentalmente, corregido por grados de apertura de esa economía y sus reservas internacionales, entre otros factores. El Fondo calcula las aportaciones con una suerte de divisa propia, los Derechos Especiales de Giro (DEG) y, con la reforma, las cuotas se duplicarán.

EE UU es el país de mayor cuota, al aportar el equivalente a 65.000 millones de dólares al cambio actual y, por tanto, mayor número de votos (el 16,7%), mientras que el país menos influyente de los socios de este organismo es el pequeño Estado de Tuvalu, una isla en la Polinesia que aporta unos 2,78 millones de dólares.

A EE UU le siguen en derechos de voto Japón, Alemania, Francia y Reino Unido. Con el reparto propuesto, los estadounidenses apenas verían variar su poder unas décimas, hasta el 16,4%, y conservarían su poder de veto; Japón mantendría su segunda plaza y China se colocaría en el tercero al experimentar la mayor ganancia, de 2,4 puntos porcentuales. Arabia, Bélgica y Alemania sufren el mayor retroceso (ver gráfico). España, pese a la pérdida de su fuerza económica en los últimos años, es uno de los países que gana peso (del 1,6% al 1,9%) y pasa de la posición 15 a la 13.

Con el apoyo de más de 140 países, al FMI solo le falta por superar el escollo estadounidense, más vinculado a problemas de la política doméstica que al nuevo reparto de cuotas en sí mismo, en tanto que no hay una pérdida de poder.

Las críticas a EE UU han arreciado esta semana. Fue especialmente duro el responsable del Tesoro australiano, Joe Hockey, quien advirtió de que “el fracaso a la hora de concluir este asunto reduce el prestigio de América en el mundo”. El gobernador del Banco Central de China, Yi Gang, señaló que este nuevo fracaso “es una amenaza para la legitimidad del FMI y crea incertidumbre sobre el futuro de los recursos”.

El Congreso estadounidense ha tumbado dos veces la propuesta de la Administración de Barack Obama para el aumento de los fondos para el FMI. Los senadores demócratas, con mayoría en el Senado estadounidense, rechazaron finalmente incluir este capítulo en el paquete de ayudas a Ucrania aprobado el mes pasado.

El secretario del Tesoro, Jack Lew, se comprometió a “seguir trabajando activamente con el Congreso para impulsar la legislación definitiva este año”. Pero la paciencia después de tres años y media se agota. El G-20 optó el viernes tras su reunión en Washington por el ultimátum y advirtió: “Si las reformas de 2010 no se ratifican para finales de año, pediremos al FMI que presente opciones para los próximos pasos y trabajaremos con el IMFC (el principal órgano de gobierno del Fondo) para poner en la agenda una discusión sobre esas opciones”.

Alguna de esas alternativas consistirían es separar las dos grandes patas de esa reforma, el refuerzo de los fondos y la redistribución de las cuotas, de forma que esta última pudiese salir adelante sin necesidad del visto bueno de los parlamentos nacionales y, por tanto, evitando el obstáculo de la política estadounidense, según explican fuentes conocedoras del proceso.

La vía alternativa no gusta a Lagarde, quien opta por el camino establecido. “Espero que podamos agotar todas las oportunidades del plan B y no creo que nos debamos mover a un plan B hasta que tengamos la certeza y decepción de que el plan A está muerto definitivamente”. Y dejó así muy claro que es el último recurso.