ANÁLISIS FINANCIERO

El FMI apoya un impuesto para cubrir el coste de futuros rescates

El organismo recomienda limitar el tamaño de los grandes bancos para reducir riesgos Pide a los emergentes que vigilen la participación de la inversión extranjera directa

Placa en la sede del Fondo Monetario Internacional
Placa en la sede del Fondo Monetario InternacionalJIM LO SCALZO (EFE)

El Fondo Monetario Internacional cree que las reformas adoptadas tras el colapso financiero contribuyeron a reducir el “apoyo público implícito” a los grandes bancos. Sin embargo, advierte de que la probabilidad de que las entidades sistémicas sean rescatadas es alta. Por eso, insta a los gobiernos a "acabar” con su ventaja competitiva, llama a proteger al contribuyente y anima a promover la estabilidad financiera. Con estos objetivos, el organismo apoya la creación de una tasa que permita recuperar los costes de un eventual rescate y, además, que se limite el tamaño de los grandes bancos.

El principio de demasiado grande para quebrar sigue vivo. Eso implica que las entidades que son vitales para la economía y el sistema financiero pueden seguir asumiendo mayores riesgos que los más pequeños, porque dan por hecho que no se les quitará la red de seguridad. Eso, indica el estudio del Fondo sobre los subsidios a la gran banca, eleva el riesgo sistémico. Se estima la protección pública implícita en 590.000 millones de dólares.

Los gobiernos intervinieron tras el derrumbe en 2008 de Lehman Brothers proporcionando liquidez en masa a las entidades en dificultades con el argumento de que era necesario para salvaguardar la estabilidad financiera. Pero esta especie de seguro a la gran banca, señalan los analistas del Fondo, crea una “distorsión de la competencia”, favorece la “toma excesiva” de riesgos y tiene un coste “ruinoso” para el contribuyente.

Se esperaba que la crisis hubiera servido para romper con este principio. Sin embargo, se dio un incentivo para que los grandes bancos crecieran más y el respaldo a las fusiones provocó que el sector bancario se haya concentrado aún más en muchos países. La expectativa del rescate también provoca que los acreedores presten menos atención al comportamiento de los grandes bancos.

Parafraseando a Ben Bernanke, el organismo recuerda en el informe que presentará la próxima semana en la reunión de primavera que “el demasiado grande para quebrar fue un elemento mayor de la fuente de la crisis” y que no se será efectivo en la respuesta de la próxima “si no se corrige”. El proceso de ajuste tanto de los mercados como por parte de las firmas financieras está en marcha.

El FMI cree que gracias a las reformas, a la limpieza de los balances y a los nuevos requisitos de capital, el problema del demasiado grande para quebrar está “contenido”. Pero como indica Gaston Gelos, responsable del estudio, se progresa con lentitud y los resultados están siendo desiguales e insiste en que “la expectativa de recibir apoyo público —a bajo coste— si surgen problemas es un subsidio implícito”.

Apoyo implícito

El apoyo público estimado para los bancos sistémicos disminuyó “notablemente” en Estados Unidos, Reino Unido y Japón. No es el caso de la zona euro, donde “siguen siendo sustanciales” debido al diferente ritmo con que se han saneado los balances y por las divergencias a la hora de abordar el problema de las instituciones demasiado importantes para quebrar.

Y aunque hay una mayor determinación por parte de las autoridades reguladoras de acabar con el demasiado grande para quebrar, el subsidio implícito sigue ahí. En el caso de EE UU se estima en unos 70.000 millones de dólares, de acuerdo con los cálculos del FMI para los años 2011 y 2012, cuando empezó a aplicarse la reforma Dodd-Frank. Cantidad que se eleva a hasta 110.000 millones para Japón y se triplica a 300.000 millones para las entidades de la moneda única.

Como señala el informe, “no todas las medidas de política han concluido o se han aplicado todavía”. Por eso, pide que se afiancen las reformas. En este proceso aboga por incrementar “los requisitos de capital para los grandes bancos sistémicos o exigiendo una contribución de estabilidad financiera basada en el tamaño de los pasivos de la institución”. Además, insiste en la necesidad de supervisar y tener capacidad de resolución sobre las instituciones financieras transfronterizas.

El FMI admite que excluir la posibilidad de la intervención pública no es ni creíble ni tampoco socialmente deseable, por eso señala que el esfuerzo de la reforma es “reducir la probabilidad” de que los grandes bancos se encuentren en una situación de dificultad. Como medida estructural, cita Gaston Gelos que se restrinja el tamaño y las actividades de los bancos, aunque admite que no puede ser del todo efectivo y puede tener efectos en la economía.

Para recuperar el coste de la intervención en el contribuyente, se muestra favorable a que se imponga a los bancos un impuesto de estabilidad financiera. Los expertos creen que el riesgo de que una crisis se propague “pudo haber aumentado debido a las reformas específicas de cada país”. Por se reitera su llamada a la coordinación internacional, “crucial para evitar nuevas distorsiones y efectos de contagio de un país a otro”.

Inversión en los emergentes

El FMI publica, en paralelo al análisis financiero, un estudio sobre la evolución de la inversión en los mercados emergentes y los efectos de un cambio en las condiciones financieras mundiales. En este sentido, advierte de que “la mayor participación extranjera en los mercado locales puede generar nueva inestabilidad”, porque el efecto rebaño de los inversores, que copian los unos a los otros los movimientos.

Sí considera que gracias a que estos países reforzaron sus sistemas financieros durante los últimos 15 años, eso permitirá reducir la sensibilidad de sus activos frente a cambios externos. Para reducir los efectos y los costes potenciales, recomienda que se amplíe la base de inversores locales y que se vigile el tamaño de la participación directa de los inversores extranjeros.

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