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Cultivar sin red

Los seguros agrarios solo cubren el 25% de la producción final

Finca de frutales en Lleida tras los daños ocasionados por el granizo.
Finca de frutales en Lleida tras los daños ocasionados por el granizo.

Los seguros agrarios constituyen uno de los ejes de la política agraria. Nacidos a finales de los años setenta con la Administración de UCD, recibieron el mayor impulso con el primer Gobierno socialista. En estas más de tres décadas de funcionamiento, el seguro agrario ha sido una de las políticas mimadas por populares y socialistas, tanto desde la Administración central como desde las comunidades autónomas. En este tiempo ha pasado de ser una medida cuestionada en su día por Bruselas por recibir ayudas nacionales a un modelo a extender a otros países. Hoy, tras un periodo de expansión, el seguro agrario atraviesa un estancamiento, tanto en el número de pólizas como, sobre todo, en el valor de las producciones aseguradas. Se trata de una situación a la que intentan dar salidas las organizaciones agrarias y la propia Administración para que siga siendo un elemento clave para el sostenimiento de las rentas agrarias.

Por unas u otras razones, nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Cuando una helada excepcional diezmó olivares en Jaén, cuando las inundaciones en las veras de los ríos se llevaron todo por delante, cuando la sequía agosta los pastos hasta en la cornisa, cuando arde una superficie arbolada o una enfermedad acaba con la muerte masiva de una especie animal.

En la actualidad, a través del casi medio centenar de líneas de seguros, es posible el aseguramiento de todas las producciones agrícolas y las más importantes cabañas ganaderas. A pesar de ello, los niveles de suscripción de pólizas se han mantenido prácticamente estabilizadas entre 485.000 y casi 500.000, en un sector con unos 300.000 agricultores profesionales, pero donde reciben ayudas 900.000 personas y en el que la Administración considera hoy un éxito que se mantenga el número de pólizas.

Las pólizas se han estabilizado por la reducción de las subvenciones

Este estancamiento en la contratación (e incluso un ligero descenso en las últimas campañas) se ha reflejado en la evolución del capital asegurado. Frente a una producción final agraria en la última década que ha oscilado entre los 40.000 y los 43.000 millones de euros, el valor de las producciones aseguradas se ha sostenido en el entorno de los 11.000 millones.

Si nos atenemos a los niveles de aseguramiento, el seguro agrario tiene un largo camino por recorrer. Mientras en unos casos, como en el plátano, el aseguramiento de las producciones agrícolas es del 100%, en otros cultivos importantes, como el olivar, no pasa del 10%. El seguro de pastos sigue creciendo, pero solo llega al 7% de las superficies posibles, y en lo forestal no se pasa del 1%. Por el contrario, los cultivos herbáceos extensivos, los cereales, se llevan el grueso, con un índice de aseguramiento medio del 65%, y los frutales no cítricos tienen una cobertura superior al 60%.

La CNMV pidió explicaciones a Agroseguro

El funcionamiento de la política de los seguros agrarios no ha escapado del punto de mira de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Tras analizar en 2013 el funcionamiento de Agroseguro, no formuló ninguna denuncia, pero elevó tres recomendaciones.

La primera ponía sus reservas sobre la conveniencia de que la política de seguros agrarios funcionara con un sistema de coaseguro, donde solamente operasen en el sector las empresas integradas en el mismo. Desde Agroseguro se alegó que una sola empresa tendría dificultades para asegurar las coberturas. La CNMC sugería la necesidad de no fijar un techo del 25% a una empresa en el cuadro del coaseguro. Agroseguro eliminó ese tope. Finalmente, la Comisión planteaba sus dudas sobre el cálculo de las primas para los seguros agrarios y el peso en las mismas de los gastos de gestión. Agroseguro indicó que los gastos de gestión son de los más bajos en todo el sector asegurador.

A esta situación de estancamiento en la política del seguro agrario se añade ahora el ajuste en el montante de las subvenciones a las primas pagadas por el sector, que en los últimos años han supuesto una media superior al 50%. El Ministerio de Agricultura ha rebajado sus aportaciones desde más de 300 millones de euros a los 200 millones de los últimos dos años, a pesar de los ajustes. En el caso de las comunidades autónomas, la rebaja ha ido de unos 120 a 50 millones de euros, aunque los apoyos son diferentes en cada Gobierno.

Agricultura, a través de la Entidad Estatal de los Seguros Agrarios (Enesa), y las organizaciones agrarias coinciden en la necesidad de buscar salidas a esta situación para relanzar el seguro.

José María García, director de Enesa, insiste en la posición permanente de analizar con el sector la situación de cada una de las líneas de cobertura para tratar de presentar la oferta que más interese o implantar otras en función de la demanda. En esta línea se hallan los cambios introducidos en el último año para el seguro de retirada de cadáveres de animales, rebajando las primas, o las modificaciones hechas en el Plan de 2014, con un incremento del 3% al 5% por la renovación de pólizas, o elevar hasta el 65% las subvenciones para las modalidades más contratadas.

Desde Agroseguro, entidad donde se agrupan las empresas aseguradoras, se apuesta en esta dirección. Propone el pago fraccionado, ofrecer un seguro base barato y una gran flexibilidad para incorporar otras opciones, seguros renovables y plurianuales, ofertas más personalizadas en función del solicitante, ajuste de primas o rebaja de las mismas en zonas de baja siniestralidad.

Con el mismo objetivo, las organizaciones agrarias Asaja, UPA y COAG han puesto en marcha un estudio para analizar las razones por las que sectores como olivar u ovino tienen tan bajos niveles de aseguramiento. Para el responsable de los servicios técnicos de UPA, Javier Alejandre, además del coste de las primas o la oferta de opciones, la contratación de un seguro guarda relación fundamentalmente con la percepción de riesgo que tiene cada agricultor o ganadero respecto a su explotación. En el caso del olivar, esa baja contratación se explica principalmente por ser una producción cada día con más regadío, menos sujeta a la sequía y donde no hay riesgo de pedrisco o de heladas generalizadas. Por el contrario, el aseguramiento masivo en los frutales sería consecuencia de los grandes riesgos climatológicos a que están sujetos estos cultivos.

Además de esa percepción de riesgo, para el técnico de la organización agraria es fundamental que se ofrezca al agricultor o ganadero un modelo básico y a la vez flexible de seguro donde a partir de una oferta barata pueda elegir otras en función de sus intereses. Alejandre estima que la consolidación y viabilidad del seguro pasa por la universalización de la contratación para equilibrar sus resultados.