Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El deber ser ‘versus’ la hoja de cálculo

Hay amplio consenso sobre los objetivos teóricos a conseguir con la reforma fiscal: un sistema tributario más sencillo, eficiente, neutral y equitativo; con tributos coordinados entre sí de base amplia, tipos bajos y pocos incentivos muy justificados; que no penalice el factor trabajo, fomente el crecimiento y el empleo, y refuerce la seguridad jurídica y la lucha contra el fraude.

Por otra parte, hay muy diferentes opiniones sobre la presión fiscal idónea (depende del nivel de gasto público que queramos financiar), el grado de descentralización territorial o el papel de los tributos patrimoniales en el sistema tributario.

Puede parecer fácil: diseñemos un sistema tributario óptimo y, a partir de ahí, que se perfile políticamente. Pero el mundo real no funciona así, qué más quisiera la comisión de expertos a punto de presentar su propuesta de reforma fiscal. No es posible un diseño ex novo; además, hay condicionantes presupuestarios, territoriales, de calendario político.

En especial con la orientación de las políticas europeas al cortísimo plazo, el problema de cualquier Gobierno es el déficit de este mes, el de este año como mucho, ir más allá es pensar en el futuro remoto. Si una reforma tuviera potencial para incrementar un 30% la recaudación en tres años a costa de perder un 10% el primer año de su implantación, sería desestimada sin contemplaciones: imposible, nuestros socios, los mercados...

El próximo sistema tiene muchos condicionantes presupuestarios, territoriales y de calendario

La hoja de cálculo manda y no podemos perder ingresos. La evolución de la recaudación hasta noviembre avanza que los resultados de 2013 son similares a los de 2012, lejos de las previsiones, y, lo que es más preocupante, unos 10.000 millones por debajo de la recaudación prevista para 2014. Se podría pensar que la mejora económica vendrá al rescate, pero ¿cómo va a subir la recaudación del IRPF con la población activa cayendo, los sueldos congelados, casi sin inflación y tipos de interés bajo mínimos? En el impuesto sobre sociedades, los beneficios en el exterior no tributan y hay créditos fiscales pendientes de aplicar e impuestos anticipados multimillonarios. En el IVA y los impuestos especiales, el efecto de las subidas impositivas está agotado y dependemos de la evolución del consumo interno.

¡Como para pensar en rebajas fiscales! Es cierto que una reducción del IRPF podría incentivar la actividad, otra cosa es que los efectos fueran inmediatos y su impacto recaudatorio apreciable en el corto plazo. Por eso empieza a hablarse de aplicación escalonada de la reforma fiscal desde 2015. En este contexto, además de definir el deber ser, ¿qué se puede hacer?

En el IRPF, la reducción impositiva será modesta si depende de la recuperación económica porque ir más allá exigiría la supresión retroactiva de incentivos o subidas compensatorias en el IVA. Por otra parte, el impuesto debe simplificarse con una mejor combinación tarifa / mínimos / incentivos. Además, habría que actualizar anualmente sus principales magnitudes, reducir los regímenes objetivos y ampliar el perímetro del ahorro previsión si la hoja de cálculo lo permite. La renta del ahorro tributaría separadamente aplicando un mínimo para asegurar que los rendimientos producidos por los bienes y derechos patrimoniales se gravan realmente por el IRPF con aplicación además de una tributación sucesoria proporcionada y efectiva.

El impuesto sobre sociedades tiene poco margen recaudatorio y no es fácil ampliar sus bases (solo los ajustes por consolidación fiscal las reducen en 43.000 millones). Además, convendría reducir el tipo nominal, pero el riesgo no es solo recaudatorio, los activos fiscales diferidos de las entidades financieras se depreciarían significativamente. Por otra parte, hay retos pendientes: no penalizar con tipos más altos y pérdida de incentivos a las empresas que crecen y lograr la debida consistencia entre lo que declaran en España los grupos globalizados y su actividad en nuestro país.

En el IVA, para preservar la recuperación hay que descartar una subida de tipos a corto plazo. A medio plazo podría financiar la reducción de impuestos al factor trabajo; no obstante, es arriesgado reducir los ingresos de la Seguridad Social. Tampoco considero viable, más allá de pequeños reajustes, la supresión de los tipos reducidos, aun con compensaciones en el IRPF para las rentas bajas, porque pondríamos en riesgo la competitividad del sector turístico. Más realista sería mejorar la delimitación del IVA con transmisiones patrimoniales y, de paso, manteniendo la autonomía de los entes territoriales, modernizar y racionalizar sus tributos. Los impuestos especiales y la tributación medioambiental son bajos en nuestro país en términos europeos, pero sus fines extrafiscales son tan importantes como los recaudatorios a la hora de decidir.

La seguridad jurídica y la lucha contra el fraude, prevención incluida, son imprescindibles. Las Administraciones tributarias para ser eficaces deben operar en red, con estrategias y sistemas de información cada vez más integrados.

La hoja de cálculo manda, pero no podemos resignarnos.

Jesús Gascón, inspector de Hacienda y autor del libro Diagnóstico y propuestas para una reforma fiscal (Civitas).

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