Opinión
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Divergencias bursátiles

La economía mundial ha crecido en 2013 a una tasa inferior a la prevista hace un año, pero el balance de los mercados bursátiles ha sido mucho mejor de lo anticipado, al menos en el área euro y en Japón. En este segundo mercado, el avance de las cotizaciones ha venido acompañado de un crecimiento de los beneficios empresariales (+60%) muy superior al previsto, lo que da soporte a los índices en términos de valoración como la ratio entre precio y beneficios (PER). La implantación de una política monetaria no convencional tremendamente expansiva ha provocado una intensa depreciación del yen y un repunte de las expectativas para la inflación, dos hechos favorables para los precios de las acciones. Estos encuentran en el contexto de tipos de interés en mínimos (la TIR del bono a 10 años es de apenas el 0,65%) otro argumento para seguir revalorizándose.

En el otro extremo se sitúa el Eurostoxx, un índice que ha tenido que hacer frente a una caída del beneficio por acción (-2%). Las subidas de las cotizaciones se han concentrado en la segunda mitad del año, es decir, de forma desde el momento en el que se empezaron a producir señales del fin de la recesión en la eurozona. De esta forma, una vez más, los precios de los activos financieros se han anticipado al previsible avance de los beneficios, generándose así un riesgo de decepción. En caso de que el área euro registrase una salida en falso de la crisis, la caída de las cotizaciones podría ser intensa. Pero no es ese nuestro escenario central, en el que contemplamos un avance del PIB que, aunque escaso (1,5%), debería ser suficiente para que los beneficios crecieran al 12%. Con un PER en la zona de 15 veces beneficios habría margen incluso para absorber un repunte de los tipos de interés a largo plazo que, a pesar de que ha iniciado su proceso alcista, será de menor intensidad (+50 puntos básicos en el caso del bono alemán a 10 años). Más presión encontramos desde el punto de vista de la valoración en los índices estadounidenses que han alcanzado máximos históricos pero que, sobre todo, tendrán que hacer frente a la retirada de la política monetaria no convencional.

El año se cierra con el anuncio del tapering (retirada gradual de las compras de activos) que previsiblemente provocará un nuevo repunte de la tasa interna de rentabilidad (TIR) a 10 años. Menos intenso que en 2013 (ha sido de 150 puntos básicos), pero suficiente como para reducir el margen de revalorización del índice S&P 500.

David Cano Martínez es profesor de Afi, Escuela de Finanzas Aplicadas.

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