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Bruselas busca un éxito político con el cierre del rescate a España e Irlanda

El Eurogrupo, la Comisión y el BCE ven muy probable el fin de las ayudas

El dictamen final no llegará hasta el 15 de noviembre

El viento ha cambiado en Europa. Hace solo un mes los funcionarios comunitarios calificaban como “muy probable” un cierre en falso de los rescates a España e Irlanda, países que parecían requerir medidas cautelares adicionales como colchón de seguridad: por si las cosas se acaban torciendo. Apenas unas semanas después, la puesta en escena es radicalmente distinta. Lo “muy probable” es ahora el final del rescate español e incluso del irlandés, explicó este lunes el vicepresidente de Asuntos Económicos de la Comisión Europea, Olli Rehn. Tanto el representante del BCE, Jörg Asmussen, como el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, comparten, con matices, la misma opinión. Pero atención: el final del rescate español —y por tanto la relajación de la estrecha tutela sobre la política económica del Gobierno— está en camino, y aun así ni el ministro Luis de Guindos ni uno solo de los asistentes a la reunión del Eurogrupo lo daban este lunes por la noche como seguro al 100%.

Y no es seguro porque faltan al menos cuatro flecos importantes por cerrar. Uno: que no haya sorpresas de última hora en el examen a la banca que ultima el Banco de España. Dos: que no haya graves desviaciones en el déficit público. Tres: que nada de lo que puede descarrilar en Europa o en el mundo acabe dando un disgusto. Y cuatro: que Alemania no vuelva a cambiar de opinión y decida que empiecen, otra vez, las presiones sobre España.

Jeroen Dijsselbloem fue más ambiguo con Irlanda y aseguró que el programa español “va por el buen camino”

A falta de una decisión definitiva que parece cantada si nada de eso se tuerce, la reunión del Eurogrupo dejó una sobredosis de optimismo, inversamente proporcional a la toma de decisiones: todo está varado en Europa a la espera de un Gobierno en Alemania. El dictamen final sobre los rescates de España e Irlanda no llegará hasta el 15 de noviembre. A un mes de esa fecha, Europa cierra filas y avanza que quiere cantar victoria —puede que de forma prematura— en dos de los países rescatados a pesar de que la economía sigue gripada, a pesar de que el paro está en máximos y sobre todo a pesar de que la banca, en esos países y en todo el continente, despierta todo género de dudas. El Eurogrupo y la Comisión buscan desesperadamente acabar de armar una historia de éxito, que incluye ese “muy probable” cierre sin adjetivos de los rescates a España e Irlanda. “Las instituciones europeas están sedientas de un triunfo político, y España e Irlanda son dos buenas opciones”, indicaba en Luxemburgo una fuente europea. La otra interpretación de la jugada es más retorcida: Alemania sigue sin Gobierno, y Angela Merkel no quiere otra votación parlamentaria que pueda suponer más dinero hasta tener garantizado un socio en la cancillería.

Berlín, en definitiva, no quiere ruido. Bruselas persigue un éxito que se le ha negado repetidamente durante tres años. Y los países rescatados quieren sacarse de encima la tutela de la troika y el estigma político asociado a las ayudas: Madrid y Dublín tienen la impresión de que la tranquilidad de los mercados les permite volar en solitario, sin la presión de los socios europeos, y confían en que si vienen curvas —tras los exámenes sobre la salud de la banca del BCE y la Autoridad Bancaria Europea del año próximo— varios países tengan que retratarse a la vez, lo que diluiría el coste político de un segundo rescate, según las fuentes consultadas.

La Comisión es algo más optimista que el Eurogrupo: Rehn no dejó de repetir las “muy altas” las probabilidades de un cierre del rescate español e irlandés sin medidas de acompañamiento. Pero el líder del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, fue más ambiguo con Irlanda y aseguró que el programa español “va por el buen camino”, pero evitó a toda costa dar por hecho un final feliz. “Todas las opciones están sobre el tapete”, dijo. “El Gobierno español está decidido a poner punto final al rescate sin medidas posteriores, pero llegaremos a esa decisión sobre las estrategias de salida en noviembre”, advirtió. Lejos de dar nada por hecho, Guindos se limitó a explicar que el cierre del programa “es el escenario central” que maneja el Gobierno español.

El hito más cercano para asegurar una decisión en línea con lo que quiere el Ejecutivo es el examen del Banco de España a las refinanciaciones del sector bancario. Fuentes del Ministerio de Economía aseguraron que esas pruebas, una especie de antesala de los exámenes del BCE y la EBA, arrojarán necesidades de provisiones por importe de 5.000 millones, tal como adelantó este diario. Esa cifra es otro indicador adelantado de que los tiempos están cambiando: en verano, el Gobierno asumía que la banca debía apuntalar sus colchones para cubrir pérdidas futuras por importe de 10.000 millones, y que eso suponía unos 2.000 millones en dinero público. Ahora hacen falta solo 5.000 millones y no hay necesidad de dinero público.

El Eurogrupo parecía este lunes una balsa de aceite, pero aun así hay batallas de alto voltaje fuera de los focos. Todo el continente está a la espera de los exámenes del BCE —cuya metodología se conocerá en apenas unos días— y de las pruebas de estrés de la EBA, que podrían suponer nuevas necesidades de capital en varios países. Fuentes del Gobierno confirmaron que varias capitales presionan para salir lo mejor parados posible en esos trascendentales exámenes. Guindos fue un paso más allá y lanzó una advertencia velada a sus socios y al Eurobanco para impedir que las presiones suavicen esas pruebas: “Es fundamental que el BCE y la EBA hagan un ejercicio creíble, serio; es mucho más importante esa percepción de credibilidad por parte de los mercados para despejar dudas que el resultado final de ese análisis en términos de necesidades de capital. Los mercados deben ver claro que esta vez Europa va en serio”.

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