Opinión
i

Una cifra relevante

En marzo, y por primera vez desde hace más de 40 años, las exportaciones de mercancías superaron a las importaciones

En el mes de marzo, y por primera vez desde hace más de 40 años, las exportaciones de mercancías superaron a las importaciones, según el registro de Aduanas. El secretario de Estado de Economía tuvo razón al subrayar este hecho en una rueda de prensa. El excedente de 635 millones de euros será mayor según las definiciones de la balanza de pagos, ya que en el registro de Aduanas las mercancías se contabilizan cif,es decir, incluyendo fletes y seguros, mientras que en la definición de la balanza de pagos estos apartados se cuentan como servicios, lo que es preferible desde el punto de vista del análisis. En el primer trimestre, el déficit comercial fue de 1.349 millones de euros, prácticamente la mitad del registrado en el mismo periodo de 2012.

Esta evolución tuvo lugar como consecuencia del fuerte descenso de las importaciones y del aumento de las exportaciones. El comercio exterior del primer trimestre muestra un notable incremento de las exportaciones hacia países de fuera de la eurozona, especialmente hacia Estados Unidos y Oriente Próximo. El porcentaje de exportaciones hacia la eurozona representa ya menos de la mitad del total, lo que evidencia el esfuerzo de diversificación que llevan a cabo nuestras empresas. No hace mucho, en 2007, el porcentaje de las exportaciones hacia países de fuera de la eurozona tan solo era del 42,9% del total. Por grandes apartados económicos, la estructura de las exportaciones es bastante diversificada: en 2012, ningún sector representaba más del 20% del total. Hay sectores que han sabido consolidarse, como es el caso de la industria química; otros se están reconvirtiendo con éxito, como la confección, cuyas exportaciones han crecido un 66% desde el momento álgido de la crisis, o los alimentos elaborados.

Según los cálculos de la OCDE, las ventajas comparativas de España son importantes en todo lo referente a los productos agrarios, química y automóvil, como lo demuestran las fuertes inversiones en este sector a pesar de la crisis. Hay debilidades importantes en cuanto a la talla de las empresas exportadoras o a sectores como la informática, en el que, al igual que nuestros socios europeos, parece que hemos abandonado la partida. Nuestras exportaciones contienen una cuota creciente de tecnología media/alta, lo que contribuye a las ganancias de cuota de mercado.

El rápido ajuste de los intercambios con el exterior tiene diferentes interpretaciones. Una de ellas, relativamente extendida, sostiene que la reducción del déficit es puramente coyuntural, por lo que volveremos a los déficits registrados en el pasado en cuanto se reanude el crecimiento. Por el momento no parece probable que esto suceda, especialmente si se tienen en cuenta las transformaciones que se están produciendo en nuestra economía. Por no tomar más que un ejemplo, la participación de la construcción en el PIB ha caído, a precios corrientes, más de 10 puntos desde 2007, aproximándose a la estructura europea. Cabe esperar que no volvamos a construir tantas viviendas como Alemania, Francia e Italia juntas, como sucedió en el cénit de la burbuja inmobiliaria.

El que hayamos sido capaces de aumentar

Determinar qué parte de la mejora es estructural no es tarea fácil, pero al menos ha habido intentos de respuesta. En el reciente informe sobre los desequilibrios macroeconómicos de nuestra economía publicado por la Unión Europea, hay un apartado sobre el sector exterior en el que se aborda esta cuestión y en el que se aventura que la parte estructural de la mejora de nuestros intercambios exteriores podría ser del orden de la estimada por Goldman Sachs en 2013, es decir, de unos tres cuartos. Es un acercamiento razonable que, en cierta medida, se ve corroborado por las recientes previsiones del Fondo Monetario Internacional, que estima que la economía española podría crecer en 2018 a un ritmo del 1,6% con un excedente en la cuenta corriente del 3,6% del PIB. Conviene recordar que hace unos meses el mismo organismo opinaba que en 2017 el crecimiento del PIB podría ser del 1,7%, pero con un excedente de la balanza por cuenta corriente del 2,2% del PIB.

Se trata de tendencias a medio plazo, y por tanto, sujetas a una gran incertidumbre, pero lo importante es la respuesta afirmativa a la pregunta de si España puede crecer de manera equilibrada a medio plazo y que, a su vez, tienen que ver con el crecimiento potencial de nuestra economía y, en consecuencia, con el diseño y la orientación de la política económica.

Por el momento, la media de los principales centros de previsión españoles publicada por Funcas para 2014 es de un crecimiento del 0,6% de la economía, con un excedente de la balanza por cuenta corriente del 1,5% del PIB, previsión muy parecida a la de los organismos internacionales. Las empresas españolas están llevando a cabo un esfuerzo notable en medio de enormes dificultades no solo por la debilidad de nuestros aún principales mercados, sino también por el importante problema añadido de los escasos recursos financieros a su disposición.

Crecer y ser capaces de devolver las deudas contraídas, que es lo que significa crecer con un excedente en la cuenta corriente, es una buena perspectiva, pero en una economía con un elevado índice de paro es preciso plantearse la pregunta de si el equilibrio entre ahorro e inversión es el más adecuado desde el punto de vista del empleo. Dado que no parece probable que lleguemos a 2018 con las cuentas públicas equilibradas, la pregunta es qué puede hacer la política económica para elevar el nivel de empleo o, dicho de otra manera, qué se puede hacer para aumentar la inversión productiva. La respuesta, desde el sector público, debería ser la apuesta por la ciencia y la tecnología, por el aumento de la talla de las empresas, por la supresión de obstáculos administrativos a la actividad económica, por la mejora de la formación profesional, por el apoyo a las inversiones capaces de sustentar la innovación y el desarrollo de nuevos productos. La mejora de la competitividad basada únicamente en la reducción de costes no es sostenible a largo plazo.

Volviendo al dato del mes de marzo y, de manera general, a los datos correspondientes al primer trimestre del año, es cierto que una parte de la mejora se debe a la caída de las importaciones derivada del descenso de la demanda interna, pero no hay que olvidar que la otra parte se debe al aumento de las exportaciones en una coyuntura marcada por la crisis de una eurozona que, a pesar de todo, continúa siendo nuestro principal mercado. El que hayamos sido capaces de aumentar las ventas de nuestros productos en una situación tan desfavorable es algo que conviene valorar incluso si se tienen en cuenta las debilidades y los problemas que afectan a nuestra economía.

Archivado En:

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50