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Turquía sube de nota

La mejora en la calificación de Fitch no oculta los riesgos de la economía

Torres de viviendas residenciales junto a una mezquita en Estambul.
Torres de viviendas residenciales junto a una mezquita en Estambul. Reuters

En un momento en que la zona euro se tambalea, en el otro extremo del Mediterráneo todo parecen buenas noticias para la economía turca. Esta semana la agencia de calificación Fitch subió la nota de solvencia de Turquía y la situó en grado de inversión. Esto significa que los bonos turcos dejan de ser “altamente especulativos”, o bonos basura, para una de las grandes agencias, algo que no ocurría desde 1994.

La agencia situó en BBB- la nota de la solvencia de los títulos de deuda turca a largo plazo en divisas extranjeras y en BBB los emitidos en moneda nacional, ambas desde BB+. “La mejora en la nota de inversión refleja una combinación de alivios de riesgos macrofinancieros a corto plazo mientras la economía se dirige a un aterrizaje suave y de varias fortalezas crediticias subyacente”, explicó Fitch en un comunicado.

“Creo que esta calificación es merecida y que, en realidad, la merecíamos hace bastante tiempo, ya que otros indicadores crediticios señalaban que Turquía tenía un grado de inversión”, asegura Haluk Burumcekci, economista jefe de la agencia de corretaje EFG Istanbul Equities. “Moody’s podría ser la siguiente y probablemente hará lo mismo que Fitch en los próximos seis o nueve meses”. Las otras dos grandes agencias de calificación aún valoran los bonos turcos como basura y su Moody’s sitúa a Turquía en un escalón por debajo del nivel de inversión, y Standard & Poor’s, dos.

El Gobierno turco ha recibido la mejora en la calificación de Fitch con satisfacción, pero también ha aprovechado para criticar el papel de estas agencias.

El Gobierno confía en que las otras agencias también mejoren sus 'ratings'

“Aunque la mejora de calificación de Fitch es un acontecimiento importante, aún creemos que la evaluación de Turquía no está donde debería estar”, dijo el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, al Parlamento. “Las agencias de calificación deberían ser reestructuradas, no queremos enfoques políticos o ideológicos”.

Ankara considera injusta la nota que les conceden estas agencias, que sitúan Turquía al nivel de países como Portugal o Irlanda. Mientras estos han tenido que ser rescatados, la economía turca crecía el 9,2% en 2010 y el 8,5% en 2011, cuando solo China y Argentina crecieron más entre las grandes economías del planeta, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Se estima que Turquía reducirá su crecimiento al 3,5% este año, pero la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) considera que, en el periodo 2011-2017, Turquía será el país miembro con un mayor crecimiento medio anual, estimado en el 6,7%.

Representantes del Gobierno turco llevan ya tiempo embarcados en una agresiva retórica sobre las bonanzas de su economía. Desde la llegada al poder de Erdogan y del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP, en turco) en 2002, la economía ha crecido a una media del 5,45% anual. Entonces, el PIB per capita era de 3.553 dólares y en 2011 había crecido hasta 10.498 dólares, casi el triple. Actualmente, Turquía tiene un índice de paro del 8%, según el Instituto Oficial de Estadísticas. Además, el Gobierno del AKP heredó una deuda de 45.000 millones de dólares con el FMI que hoy se ha reducido hasta los 2.000 millones.

Sin embargo, este rápido crecimiento podría estar escondiendo dos de los males que ya afectaron a economías hoy en crisis. “Comparado con otros países con grado de inversión, el déficit por cuenta corriente parece ser la debilidad principal de Turquía”, dijo a este diario Nilufer Sezgin, economista jefe de la firma Erste Securities Istanbul. “Pero el Gobierno y el Banco Central se han estado dedicando a este problema con más seriedad que nunca”.

La amenaza de burbuja inmobiliaria al estilo de la española ronda a la economía de Turquía

Según las cifras más recientes del Banco Central, el déficit por cuenta corriente de Turquía se situó en agosto de este año en el 7,5% del PIB. Se trata de una reducción importante desde el 10% del año pasado, pero aún está lejos del límite máximo que los economistas suelen estimar en un 5% para que una economía sea sostenible.

La cuenta corriente refleja el saldo de un país con el exterior. En el caso de Turquía se trata de una economía que atrae mucho capital extranjero al calor de la expansión económica, pero que, por otra parte, revela una elevada dependencia de la financiación exterior. Uno de los sectores más afectados es el de la construcción.

De hecho, muchos expertos alertan del riesgo de una burbuja inmobiliaria. El precio de la vivienda ha aumentado un 11,75% en lo que llevamos de año y ya en 2011 aumentó un 8,85% respecto al año anterior, según las cifras más recientes del Banco Central, en ambos casos por encima de la inflación, que se encuentra ahora al 7,8%.

“¿Dónde hemos visto el precio de la vivienda dispararse cuando las tasas de interés reales son muy bajas? En Estados Unidos, en España… ¿Y qué ocurrió entonces? Hay que considerar esta cuestión con mucho cuidado”, dijo el economista de origen turco Daron Acemoglu, profesor en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en agosto de este año al semanario turco Agos.

Ya en diciembre de 2010, el FMI advirtió a Turquía que se podría estar gestando una burbuja inmobiliaria. En el primer trimestre de 2011, los bancos concedieron 4.300 millones de euros en créditos hipotecarios, pero esa cantidad se redujo más de la mitad, a 2.100 millones, en el primer trimestre de este año, según GYODER, la mayor plataforma de inversores inmobiliarios del país.

Tal y como pasó en España durante los años de la burbuja, la construcción ha sido uno de los motores del crecimiento económico turco. El sector creció un 17% en 2010 y un 11% el año pasado, pero se ha frenado en 2012, cuando creció un 2,8% durante el primer trimestre y solo un 0,4% durante el segundo, según las cifras más recientes de GYODER.

Los costes de guerra de Siria

El conflicto en Siria es uno de los factores externos que más podría amenazar a la economía turca. Desde su inicio, en marzo de 2011, las revueltas contra el régimen de Bachar el Asad se han convertido en una compleja guerra civil que ya ha costado más de 30.000 vidas y que ha cruzado en varias ocasiones la frontera siria con Turquía.

En octubre, un misil lanzado desde el lado sirio acabó con la vida de cinco personas en un pueblo fronterizo turco. Desde entonces, Ankara ha respondido con su propia artillería en al menos 87 ocasiones y ha matado a 12 soldados sirios, según datos publicados por la prensa local.

“No se puede descartar una escalada de la inestabilidad regional y se encuentra dentro del nivel de tolerancia de la calificación. Sin embargo, Fitch no espera que la guerra civil en Siria arrastre a Turquía a un conflicto militar a gran escala”, dijo la agencia en su comunicado. “Si eso ocurriera y tuviera un impacto económico y fiscal significativo, entonces podría conducir a una bajada de nota”.

La guerra en Siria ya está teniendo costes económicos para Turquía. Los más de 100.000 refugiados sirios que han huido del conflicto ya habían costado al Estado turco, en octubre, más de 175 millones de euros, según el Ministerio de Finanzas. Además, las regiones fronterizas turcas, han visto reducido significativamente su comercio con el lado sirio, numerosos negocios se han visto obligados a cerrar y el paro está aumentando, según fuentes locales.