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OPINIÓN

El comité del chantaje

Los republicanos advierte que si Romney pierde la confrontación en las Cámaras será mayor

Si el presidente Barack Obama es reelegido, la cobertura sanitaria se ampliará espectacularmente, los impuestos que paga la gente rica subirán y Wall Street tendrá que someterse a una regulación más estricta. Si, en vez de eso, gana Mitt Romney, la cobertura sanitaria se reducirá considerablemente, los impuestos que paga la gente rica bajarán hasta unos niveles que no se habían visto en 80 años y el control financiero disminuirá.

Teniendo en cuenta lo radical que es esta diferencia, se podría esperar que la gente de ambos lados de la línea divisoria política instase a los electores a emitir su voto basándose en estos asuntos. Últimamente, sin embargo, he visto a cada vez más defensores de Romney utilizando un argumento bastante distinto. Voten a Romney, dicen, porque si pierde, los republicanos destruirán la economía.

Bueno, ellos no lo expresan exactamente así. El argumento se presenta mediante términos como “punto muerto partidista”, como si ambos partidos fuesen igual de extremistas. Pero no lo son. En realidad, esto va de apaciguar a los hombres duros del Partido Republicano.

Si quieren un ejemplo de lo que digo, fíjense en el llamativo —en el mal sentido— editorial en el que The Des Moines Register apoyaba a Romney. El periódico admitía que la política económica más representativa de Obama, el plan de estímulo de 2009, era lo que había que hacer. También reconocía que Obama se había esforzado mucho por salvar las diferencias partidistas, pero había sido rechazado.

Los republicanos alertan del “punto muerto partidista”, como si ambos partidos fuesen igual de extremistas

Sin embargo, apoyaba a su rival a pesar de todo al defender sin mucho ánimo la romneyconomía pero, principalmente, al asegurar que Romney sería capaz de trabajar con los demócratas de un modo en el que Obama no había sido capaz de trabajar con los republicanos. ¿Por qué? Bueno, el periódico afirma —como muchos de los defensores de este argumento— que, una vez en el cargo, Romney sería mucho más centrista de lo que daría a entender todo lo que ha dicho durante la campaña. (¿Y la idea de que todo este tiempo haya estado mintiendo se supone que es un punto a su favor?). Pero sobre todo, se da simplemente por sentado que los demócratas serían más razonables.

¿Es este un buen argumento?

El punto de partida de muchas de las declaraciones que afirman “voten a Romney o ya verán” es la idea de que un presidente Obama reelegido no sería capaz de conseguir nada en su segundo mandato. Lo que no tienen en cuenta es el hecho de que ya ha conseguido mucho, con la reforma sanitaria y la reforma financiera (reformas que entrarán en vigor si, y solo si, es reelegido).

¿Pero sería capaz Obama de negociar un gran pacto presupuestario? Probablemente no (pero ¿qué más da?). Estados Unidos no se enfrenta a ningún tipo de crisis fiscal a corto plazo, excepto en la imaginación enfebrecida de unos cuantos funcionarios de Washington. Si les preocupa el desequilibrio a largo plazo entre el gasto y los ingresos, bueno, ese es un problema que habrá que terminar resolviendo, pero no ahora mismo. Es más, yo diría que cualquier hipotético gran pacto no valdría de nada mientras el Partido Republicano siga siendo tan extremista como es, porque el próximo presidente republicano, siguiendo el ejemplo de George W. Bush, se limitaría a dilapidar las ganancias con bajadas de impuestos y guerras infundadas.

EE UU no afronta ningún tipo de crisis fiscal a corto plazo, excepto para unos cuantos funcionarios

Así que no deberíamos preocuparnos por la capacidad de un Obama reelegido para hacer cosas. Por otro lado, es razonable preocuparse por que los republicanos vayan a hacer todo lo que esté en su mano para que Estados Unidos sea ingobernable durante un segundo mandato de Barack Obama. Después de todo, es lo que han estado haciendo sin parar desde que Obama ocupó el cargo.

Durante los dos primeros años de la presidencia de Obama, cuando los demócratas controlaban las dos cámaras del Congreso, los republicanos se opusieron de manera inflexible a todas y cada una de las propuestas que presentó. Entre otras cosas, pusieron en práctica un número sin precedentes de maniobras obstruccionistas, con lo que convirtieron el Senado —por primera vez— en una cámara en la que no se puede aprobar nada sin 60 votos.

Y cuando los republicanos se hicieron con el control de la Cámara, se volvieron todavía más extremistas. El punto muerto del tope de la deuda en 2011 fue el primero de la historia de Estados Unidos: un partido de la oposición se declaraba dispuesto a minar toda la fe y el crédito del Gobierno de Estados Unidos, con consecuencias económicas incalculables, a menos que se hiciese lo que él quería. Y el combate que se avecina en relación con el “precipicio fiscal” es más de lo mismo. Una vez más, el Partido Republicano amenaza con infligir un gran daño a la economía a menos que Obama le dé algo —una ampliación de las rebajas de impuestos de los ricos— que carece de los votos necesarios para aprobar por medio de los procesos constitucionales normales.

¿Practicaría un Senado demócrata una oposición igual de extrema frente a un presidente Romney? No, no lo haría. De modo que sí, se puede argumentar que el “punto muerto partidista” sería menos dañino si ganase Romney.

Pero ¿estamos dispuestos a convertirnos en un país en el que “tienen aquí un bonito país. Sería una pena que le ocurriese algo” se convierta en el argumento político vencedor? Espero que no. Por supuesto, voten a Romney si piensan que defiende unas políticas mejores. Pero apoyar a Romney con el argumento de que él podría hacer cosas se acerca peligrosamente al hecho de aceptar una política basada en tácticas mafiosas, que no tienen cabida en la vida estadounidense. J

Paul Krugman, premio Nobel de 2008, es profesor de Economía en Princeton

© New York Times Service 2012

Traducción de News Clips