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España quiere que el BCE le garantice una prima de 200 puntos si pide el rescate

La falta de estas garantías, origen de las dudas de Rajoy a la hora de pedir la ayuda

Rajoy pedirá al Consejo Europeo un calendario para la unión bancaria

Vista general durante la reunión del Comité Internacional Financiero y Monetario (IMFC) en el encuentro conjunto del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en Tokio (Japón)
Vista general durante la reunión del Comité Internacional Financiero y Monetario (IMFC) en el encuentro conjunto del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en Tokio (Japón) EFE

El Gobierno quiere obtener garantías de que el Banco Central Europeo (BCE) intervendrá en el mercado secundario de deuda para conseguir que la prima de riesgo del bono español baje hasta los 200 puntos aproximadamente y se mantenga en ese nivel. La falta de estas garantías está en el origen de las dudas de Mariano Rajoy a la hora de pedir el rescate, según fuentes gubernamentales, que niegan que la demora responda a la inminencia de las elecciones vascas y gallegas (21 de octubre) y posteriormente catalanas (25 de noviembre). También rechazan que la canciller germana, Angela Merkel, presione para que el rescate de España se demore y pueda someterlo a su Parlamento en un único paquete junto con la ayuda a Chipre y una ampliación de la concedida a Grecia.

El Gobierno asegura que los 200 puntos suponen un diferencial “razonable” entre el bono español y el alemán a 10 años, dada la situación económica de ambos países; y alega que el resto responde a la incertidumbre que rodea la propia supervivencia del euro. Al mismo tiempo, estima que con ese diferencial de 200 puntos la deuda española resultaría sostenible y el Tesoro podría hacer frente a los vencimientos previstos a medio plazo, incluso sin necesidad de rescate. La prima española cerró el viernes a 417 puntos y alcanzó los 638 en julio pasado; un nivel al que podría escalar de nuevo, e incluso superar, si se descartase definitivamente la intervención.

El problema es que el presidente del BCE, Mario Draghi, ha dejado claro que no pondrá en marcha el programa de compra ilimitada de deuda española o italiana en el mercado secundario si sus Gobiernos no solicitan expresamente la ayuda del fondo de rescate europeo, sujeta a “estricta condicionalidad”.

Fuentes gubernamentales explican que el rescate de la economía española debe cumplir cuatro requisitos: que lo pida España; que se acepten las condiciones del mismo; que se fijen sus objetivos; y que lo aprueben todos los socios. Hasta ahora se ha puesto el acento en las condiciones, con el argumento de que estas podrían obligar a nuevos recortes de las prestaciones sociales, pero el Gobierno considera más importante el objetivo: que el BCE acepte intervenir cada vez que sea necesario para estabilizar la prima de riesgo en torno a los 200 puntos.

Financiación a un precio razonable

Para el Gobierno, se trata de un punto esencial, pues su objetivo no es salir de los mercados de capitales (como han hecho Grecia o Portugal), sino seguir financiándose en ellos, pero a un precio razonable. De no lograr este objetivo, España podría encontrarse con que ha pedido un rescate que en realidad no quiere sin conseguir rebajar el coste de su deuda, agregan las mismas fuentes.

El Gobierno tampoco descarta el otro gran riesgo de la operación: que solicite el rescate y este no pueda ejecutarse porque lo vete el Parlamento de alguno de los socios (como el finlandés, donde los euroescépticos tienen un gran peso), dejando maltrecha la ya de por sí escasa credibilidad de la economía española.

Este peligro podría sortearse si la ayuda se canalizara a través del nuevo Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), donde las decisiones pueden adoptarse con el 85% de los votos; y no del fondo provisional, que requeriría unanimidad de los socios.

Mientras se consigue cerrar la negociación, Rajoy acudirá el jueves a Bruselas con el propósito de que el Consejo Europeo se comprometa con un calendario de puesta en marcha de la unión bancaria. Aunque la reunión tiene carácter informal, el presidente español quiere sacar adelante una hoja de ruta que permita en el Consejo Europeo de diciembre, ya ordinario, sentar las bases del regulador único para la banca europea, de forma que pueda entrar en vigor a principios de 2013, tal como se acordó en junio pasado. Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, enfrió ayer sin embargo ese objetivo, ya que señaló que quizá hasta 2014 no esté operativo el supervisor único.

El ministro de Economía, Luis de Guindos, fue rotundo en una rueda de prensa ayer en Tokio: “España va a apoyar que la unión bancaria sea lo más rápido posible”, insistió. A juicio del Ejecutivo, un empujón decisivo a este esquema común contribuiría a disipar las dudas sobre la solidez del euro; al tiempo, permitiría la recapitalización directa de la banca española, permitiendo al Estado aliviar la deuda pública del peso del saneamiento del sistema financiero. Rajoy también hará todo lo posible para evitar que Grecia sea expulsada de la zona euro, no solo por convicción europeísta sino también porque teme que, abierta la puerta, se pueda empujar a otros países como España.