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¿A la tercera va la vencida?

La mitad de las entidades suspende en el tercer examen al sector en tres años

El secretario de Estado de Economía y el subgobernador del B. de España
El secretario de Estado de Economía y el subgobernador del B. de España AFP

El ministro de Economía, Luis de Guindos, no ganará amigos entre los banqueros. El malestar del sector por la dureza de las pruebas de Oliver Wyman es muy alto. Sobre todo en los que han visto truncados sus planes de futuro o, aún peor, los que se han visto abocados a una fusión o la nacionalización, que supondrá el final de la institución. Hace cinco años, España contaba con 57 entidades relevantes entre cajas y bancos. Ahora se han examinado 14 grupos relevantes, que quedarán en unos ocho o diez tras el final de la reestructuración. Ha sido el tercer examen a la banca en tres años y el tercero con suspensos. Está por ver si es el último.

De los 14 grupos examinados, la mitad han pasado las pruebas realizadas para recibir el rescate europeo: Kutxabank con matrícula de honor; el Santander, con sobresaliente; BBVA y Caixabank con notable alto; Sabadell y Bankinter con un bien, y la fusión Unicaja-CEISS, con un aprobado raspado. La otra mitad las ha suspendido. Las cuatro entidades nacionalizadas (Bankia-BFA, CatalunyaBank, NCG Banco y Banco de Valencia) acaparan el 86% de los 53.745 millones de necesidades totales de capital. La cifra ascendería a 59.300 millones si no se tienen en cuenta las fusiones en marcha ni los créditos fiscales, pero esta última cifra es poco relevante porque los activos fiscales solo se han contabilizado en las entidades que claramente generan resultados y porque la única fusión que parece en riesgo es la de Ibercaja con Liberbank y Caja 3, en la que las necesidades por separado solo suman 100 millones más que como grupo.

La cifra de los 59.300 millones parece haberla utilizado el Gobierno para lanzar hacia el exterior el mensaje de que el ejercicio es sólido y de que las entidades se han saneado. Pero, en realidad, el Gobierno confía en no tener que pedir finalmente a sus socios nada más que 40.000 millones de euros del rescate financiero, una cifra que no alcanza ni el 4% del producto interior bruto (PIB) y muy inferior a los saneamientos que han realizado otros países en sus sistemas financieros.

El Gobierno espera que la cifra del rescate europeo sea de 40.000 millones

Una cifra de 40.000 millones hubiera sido perfectamente financiable por el Tesoro español hace solo unos meses, antes de que la crisis de Bankia se resolviese “de la peor manera posible”, según dijo el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, y la desconfianza en España se apoderase de los inversores, lo que ha provocado una salida de capitales histórica, una prima de riesgo récord, la mayor caída de todas las bolsas del mundo y una rebaja de las notas de solvencia por parte de las agencias de calificación que ha dejado a la mayoría de las entidades financieras (y al propio Estado español) en el nivel de bono basura o al borde del mismo.

La cifra, además, hubiera sido menor —o diferida en el tiempo— si se hubiera seguido adelante con la subasta de CatalunyaBank, de Banco de Valencia y, más adelante, de NCG Banco, entidades que necesitan, según las pruebas, algo más de 21.000 millones y por las que había interés (aunque fuera contando con esquemas de protección de activos financiados con cargo a aportaciones futuras del Fondo de Garantía de Depósitos) por parte de las grandes entidades, que han mostrado su fortaleza en las pruebas, antes de que las reformas financieras de Guindos disuadieran cualquier posibilidad de compra.

El comentario más habitual entre los ejecutivos es que si se sometiera a los bancos de otros países europeos a un escenario macroeconómico tan severo como el que utiliza Oliver Wyman, caerían muchos de ellos. “Es injusto que esta prueba solo se aplique a la banca española y no a la banca alemana, francesa holandesa, austriaca, etcétera. Con una buena reclasificación y valoración de los activos tóxicos que tienen, muchos de esos bancos también necesitarían gran cantidad de capital”, apunta José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. “Pero, ya se sabe, los países grandes no incumplen las normas, simplemente las cambian”, apunta con ironía.

Un 4% del PIB era fácil de financiar por el Tesoro hace solo unos meses

El problema de España es que para sanear su sistema financiero, tan contaminado por la burbuja inmobiliaria, ha tenido que pedir dinero prestado. Reino Unido, Holanda o Alemania, reflotaron sus entidades dañadas y crearon bancos malos con su propio presupuesto. Cuando se pide un préstamo, llegan las condiciones y las del Memorando de Entendimiento (MoU) de Bruselas son muy severas. La crisis bancaria (y la económica) en España está abierta desde hace más de tres años y medio y Europa no quiere más prórrogas porque lo que está en juego, en el fondo, es el euro. Además, la Comisión Europea quiere evitar que la banca siga paralizada, sin dar crédito a las empresas y familias ante el temor de los inversores internacionales a que los balances estén podridos de ladrillos. Robert Tornabell, catedrático de Banca y Finanzas de ESADE, recuerda la cita de José Viñals, director de Mercado de Capitales del FMI, cuando dijo: “En Europa existen demasiados cadáveres en los armarios de los bancos”. Viñals debe saber bien cuáles son los cadáveres españoles porque fue subgobernador entre 2006 y 2009.

“Las pruebas de Oliver son una forma de cortar por lo sano. Probablemente, tras ellas desaparezca la mitad del sistema financiero. Es injusto porque las entidades malas no eran más del 30% al comienzo de la crisis, pero con las exigencias de provisiones del Gobierno hemos sufrido más de lo razonable”, se lamenta un ejecutivo de una entidad con déficit de capital.

Ante este argumento, la respuesta del Ministerio de Economía ha sido que, a estas alturas de la crisis, tras tanta información imprecisa o irreal, los mercados solo aceptarán medidas drásticas. “Dudo que la confianza en el sistema se recupere a corto plazo. Las entidades tienen un problema de reputación que no se resuelve de la noche a la mañana. Se necesitarán sucesivos y buenos resultados trimestrales. El Gobierno espera un milagro y los inversores internacionales no creen en milagros”, apunta Jordi Palafox, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia, y antiguo miembro del consejo de administración de Bancaja, del que dimitió en 2006.

Captar dinero en el mercado es muy difícil sin enormes descuentos

Alfonso García Mora, socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI), considera que “la clave va estar en conseguir reactivar el ritmo de crecimiento de la economía y que ello suponga un suelo definitivo en el deterioro de los activos”. Si se cumplen los pronósticos del Gobierno, en 2013 el PIB caerá un 0,5% y los análisis coinciden en señalar que la economía española necesita reducir el volumen de crédito después de años de gran exceso.

El más crítico en público con estos exámenes ha sido el presidente del Banco Popular, Ángel Ron. Considera que “debilitará” a las entidades y añadirá “más confusión”, por lo que difícilmente ayudará a mejorar la credibilidad a corto plazo de España. Ron no ocultó su “escepticismo” ante las consecuencias de estos test de estrés de la banca, que han fijado las necesidades de capital de cada grupo. “No sé si es la mejor medicina”, señaló Ron. “Es como tomar una medicina muy agresiva antes de tener la enfermedad”. Algunos analistas vieron una reacción exagerada de Ron por el mal lugar en el que ha quedado su entidad, con unas necesidades de capital de 3.223 millones en el escenario adverso. De todas formas, el Popular insiste en que no necesitará capital público para cumplir con los requerimientos.

Jordi Palafox apunta con crudeza: “La afirmación de Ron olvida qué nos ha llevado a esta situación: parsimonia letal en afrontar los problemas por parte de las entidades y gravísimos errores de diagnóstico y gestión tanto por parte del Ministerio de Economía (del anterior Gobierno y de éste) así como del Banco de España”.

El próximo paso decisivo es la puesta en marcha del banco malo

El Popular deberá captar dinero privado o vender participaciones para cumplir con los requisitos. El mercado sigue cerrado, excepto para las grandes entidades, que son precisamente las que no necesitan elevar sus recursos propios. “Va a ser complicado que lo consigan. Dependerá de la cantidad, pero cada vez es más difícil”, apunta José Carlos Díez.

Desde AFI, Alfonso García Mora tiene esperanzas de que las entidades encuentren compradores. “A corto plazo va a ser complicado, pero es cierto que el plazo establecido —hasta junio— es suficientemente amplio como para que, si el contexto europeo mejora, pudiera llegar a haber alguna ventana de oportunidad. Hay que tener en cuenta que la banca cotiza ahora con ratios muy atractivos, por lo que si se viera claridad a medio plazo, podría ser un momento interesante para los inversores”.

Un analista, que mantiene frecuentes contactos con los inversores internacionales, y que pide el anonimato, explica que solo habrá colocación “a un descuento muy alto como lo hizo el Sabadell hace unos meses. Se debería evitar colocar bonos convertibles en el mercado minorista por razones obvias, después de todo lo que ha pasado”.

Pero las pruebas de Oliver Wyman no son el último escalón. La cifra de capital se verá aminorada por la quita que apliquen las entidades a las participaciones preferentes, así como al capital privado que captar en los mercados. El último paso, previsto para diciembre, será la creación del banco malo, donde traspasarán activos inmobiliarios. Solo restarán de las necesidades de capital los activos inmobiliarios que estén provisionados o por encima del valor en libros que marque el Gobierno. Está previsto que este banco liquide todos los activos en 15 años.

¿Será una solución para el sector financiero? ¿Qué consecuencias podrá tener en el mercado inmobiliario? “Después del banco malo el crédito seguirá sin crecer porque los niveles de endeudamiento privado son altos todavía. Los precios de los activos seguirán cayendo, como ocurrió en el Reino Unido e Irlanda”, apunta este experto. Y concluye: “Una sociedad gestora no garantiza que las entidades que vendan muchos activos tóxicos al banco malo se conviertan viables”.

Robert Tornabell, que ha estudiado con detenimiento la crisis bancaria de Suecia, aconseja que se sigan los pasos de ese país. “El Gobierno sueco colocó a vendedores de inmuebles, no ejecutivos bancarios. En ocho años recuperó el capital invertido y los contribuyentes no sufrieron pérdidas”. Para España no es tan optimista. “No importa que la sociedad inmobiliaria española pierda dinero. Lo importante es que tengamos balances saneados para que puedan volver a prestar dinero”. Este es el objetivo último de todo. El gran reto pendiente desde que empezó la crisis en 2009.