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El banco central oxigena los mercados

La última medida anunciada relaja la presión sobre la financiación del sector público y sobre las grandes empresas

Fuente: Bloomberg y elaboración propia
Fuente: Bloomberg y elaboración propia

Los mercados vuelven a tener pulso. Respiran. El 26 de julio pasado, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi pronunció dos sentencias ante una audiencia de inversores, profesionales de las finanzas y políticos reunidos en Londres: que el euro es "irreversible" y que la institución que preside estaba dispuesta a hacer lo necesario para preservar la divisa común. "Y, créanme, será suficiente", recalcó. Un día antes, la prima de riesgo española había llegado a 649 puntos básicos, máximo histórico desde que existe el euro, y los inversores llegaron a exigir a la deuda española a 10 años una rentabilidad del 7,751%, nivel letal que amenazaba con expulsar a España de los mercados. Y también quizás a Italia, cuya prima de riesgo tocó un techo histórico ese mismo día en 546 puntos.

Mes y medio más tarde, los diferenciales con el bono alemán a 10 años se han relajado hasta 407 puntos en el caso de España y 331 en el caso de Italia, según los cierres del viernes. La renovada confianza se ha reflejado en un abaratamiento del coste de las últimas subastas de los Tesoros español e italiano. Pero, además, tras meses sin emitir deuda corporativa, empresas como Telefónica, Santander, BBVA, Banesto, Iberdrola y Gas Natural han salido en tromba al mercado. Hasta la portuguesa EDP, que llevaba fuera desde febrero de 2011 se vio sorprendida por la demanda de la emisión que realizó el viernes.

Fuente: Bloomberg
Fuente: Bloomberg

La explicación hay que buscarla en una nueva sigla para el glosario del banco central que emite el euro: OMT (Outright Monetary Transactions en inglés, Operaciones Monetarias de Compraventa en su traducción). Se trata de un nuevo plan del BCE para comprar deuda en el mercado secundario de países con primas de riesgo exorbitantes, a condición de que estos se acojan a un programa de ayudas de los fondos europeos (el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera o el Mecanismo Europeo de Estabilidad, que lo sustituirá a partir del año que viene). Draghi lo esbozó a principios de agosto y luego se fue de vacaciones, pero los mercados dieron su aprobación y la presión sobre la deuda española e italiana se aflojó —con altibajos— en agosto.

Las compañías han salido en tromba a emitir deuda tras meses de sequía

Los detalles de las OMT se conocieron el 6 de septiembre, tras la reunión mensual del Consejo de Gobierno del BCE. Un verdadero bálsamo: en lo que va de mes, la prima española ha perdido 145 puntos y la italiana 119. “El anuncio de la medida ha dado respaldo al mercado. Han bajado las primas de riesgo de España, Italia, e incluso de Portugal e Irlanda y ha habido una reapertura de los mercados significativa. Las grandes empresas han vuelto a emitir y con amplia demanda internacional”, señala Javier Guzmán, responsable de Sector Público en Société Générale.

La cuestión ahora es si el alivio será definitivo, visto que el BCE ha desplegado otros instrumentos desde que estalló la crisis de la deuda soberana en 2010 y solo han tenido un efecto puntual. Por ejemplo, a mediados de agosto del año pasado compró hasta 22.000 millones de títulos de deuda española e italiana, como parte del programa de compras de activos lanzado un año antes y sustituido ahora por las OMT. Las primas de riesgo española e italiana lograron bajar más de 100 puntos con la intervención, pero ascendieron partir de entonces. Después, en diciembre, el BCE anunció dos inyecciones de liquidez para la banca en forma de préstamos al 1% a tres años que repartieron un billón de euros entre, sobre todo, entidades españolas e italianas. El efecto se fue diluyendo y a finales del febrero las primas volvieron a la carga.

Esta vez, el BCE parece haber aprendido la lección. Según Philippe Waechter, economista jefe de la gestora Natixis, el programa de compras de 2010 no funcionó porque “era unilateral y no tenía transparencia”. El BCE adquirió deuda en los vencimientos más largos, pero sin compromiso alguno por parte de los países en términos de ajustes y nunca se facilitó información concreta sobre las adquisiciones, que se desvelaban una semana más tarde, pero sin detalles. En el caso de las OMT, además de imponer condiciones, la intervención se centrará en el corto plazo (deuda de uno a tres años), la información se hará inmediatamente pública cada semana y cada mes se facilitará el desglose por países, algo que no sucedía con las SMP.

El Tesoro afronta vencimientos de 50.000 millones hasta diciembre

David Cano, socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI) cree que esta vez es diferente porque lo que ha ideado el BCE es una barrera de seguridad. “En julio había un peligro de ruptura del euro y eso queda atrás con las nuevas medidas. Ese riesgo estaba suponiendo unos 200 o 300 puntos de prima, por eso hay que pensar que esta se aleja de sus máximos. Otra cosa es que España es un país en recesión, sin crecimiento, y eso puede equivaler a otros 200 o 300 puntos”.

La relajación del diferencial facilitará también la refinanciación del Tesoro que, entre septiembre y diciembre debe afrontar vencimientos por algo más de 50.000 millones (unos 29.000 millones concentrados en octubre). “España es solvente, pero si los mercados piensan que se puede salir del euro, no la refinancian. El BCE lo que está diciendo es que los inversores pueden volver a comprar deuda española porque va a estar apoyando”, explica Cano.

El Ejecutivo español podría tener la tentación de no pedir el rescate

Pero el respaldo del BCE no es incondicional y ahora la pelota está en La Moncloa. En un informe titulado Las OMT del BCE: ¿Fin del juego o (aún) más problemas?, Laurence Boone, economista para Europa de Bank of America Merrill Lynch, junto con el responsable de estrategia de tipos de la firma, Ralf Preusser, y el responsable de divisas, Athanasios Vamvakidis, creen que la inestabilidad no desaparecerá de inmediato. Se ha conseguido “comprar tiempo” pero la cuestión ahora es cuánto van a tardar los países afectados —España— en ampararse en el BCE y en qué medida cumplirán con sus compromisos. Se libra, en su opinión, una batalla entre lo que aconseja la racionalidad económica y los argumentos políticos. “A efectos económicos, los países deberían adoptar un programa light de la troika muy rápidamente y acometer reformas en este contexto de estabilidad de los mercados financieros. Sin embargo, la política podría entometerse: el apoyo del BCE está condicionado a un compromiso ex ante a unas reformas y esto tiene un coste político si estas van más allá de lo que el Gobierno en cuestión haya considerado”.

El plan de Draghi es un escudo contra la especulación, pero la condicionalidad está en la base de su éxito: requiere el compromiso con un plan de reformas, el sometimiento a supervisión externa y la solicitud de una línea de crédito preventiva por un año renovable por dos periodos de seis meses más. Para los economistas de Citi, Guillaume Menuet, Jürgen Michels, Michael Saunders y Ann O'Kelly, aunque es difícil juzgar la eficacia que tendrá el BCE, “la amenaza creíble de una intervención sin limitaciones en el extremo corto de la curva de tipos soberanos será suficiente para relajar las condiciones financieras de los Estados miembros afectados, y por asociación, las de otros en una situación no muy distinta". Pero está el factor político y el Ejecutivo español podría tener la tentación de no pedir el rescate si la rentabilidad de los bonos se mantiene o incluso cae.

 

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