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La imposición de condiciones a España por el rescate divide a los socios del euro

Alemania y Holanda abogan por imponer exigencias adicionales a cambio de la ayuda

La ministra austriaca afirma que "hay que estar preparados" ante una petición española

Schäuble pone en duda que las ayudas directas a la banca estén listas en enero

El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble.
El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble. AP

Los socios del euro están divididos sobre la necesidad o no de imponer a España nuevas condiciones a España si finalmente accede a activar la ayuda financiera. Tal y como ha quedado patente tras la cumbre del Eurogrupo celebrada este viernes en Chipre, Alemania y Holanda abogan por establecer más exigencias a cambio de la asistencia, ajustes que se suman a los que ya ha asumido el Gobierno español dentro del proceso de déficit excesivo pese a que pide al BCE que ponga en marcha su plan de compra de deuda.

Para el responsable económico del Gobierno holandés, Jan Kees de Jager, está claro: "Tiene que haber condiciones", ha señalado a los medios tras admitir que España "está en el camino correcto", pero debe perseverar. También el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha recordado en la rueda posterior al Eurogrupo que todo el programa exige "una serie de condiciones".

Frente a la postura de los Ejecutivos de Alemania u Holanda, el gabinete de Mariano Rajoy y su ministro de Economía, Luis de Guindos, defiende que no es necesario ir más allá de las reformas incluidas en el programa de estabilidad que ya ha recibido el visto bueno de Bruselas. Precisamente, desde la Comisión Europea, su vicepresidente, Joaquín Almunia, se mostró en línea con esta posición.

Sobre si los socios del euro esperan que España active ya la ayuda, la ministra austriaca de Finanzas, Maria Fekter, ha eludido dar una respuesta concisa, pero ha añadido que "hay que estar preparados". Donde no hay duda es en que el Eurogrupo considera que no es necesario un rescate total, algo en lo que coinciden todos los miembros de la Unión Monetaria, según ha señalado el titular francés, Pierre Moscovici.

Por otra parte, en la cita de Nicosia también se ha discutido el rescate de 100.000 millones de euros concedido a la banca española. El Gobierno confía en que parte de esta ayuda, sin embargo, pueda implementarse como ayudas directas en un futuro.

Por otra parte, el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, ha advertido de que será difícil que no haya retrasos en la recapitalización directa de la banca española a través del fondo de rescate de la UE, que en principio está previsto que entre en vigor en enero de 2013. "No creo que pueda haber una recapitalización directa de los bancos a través del mecanismo europeo de estabilidad (MEDE) ya desde principios de enero", ha dicho en declaraciones a los medios a su llegada a la reunión informal del Eurogrupo. El presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, por su parte, ha dado por hecho que el MEDE estará en pleno funcionamiento en octubre.

La condición que ha puesto Alemania para la recapitalización directa es que antes se ponga en marcha un supervisor bancario único en la UE. Solo entonces, el crédito a la banca española dejará de computar como deuda pública.

La Comisión ha propuesto encomendar esta tarea al Banco Central Europeo (BCE) y quiere que controle a todas las entidades de la eurozona. Bruselas aboga por un calendario progresivo según el cual el instituto emisor comenzará a supervisar el 1 de enero de 2013 a las entidades que hayan recibido ayudas públicas para hacer posible la recapitalización directa.

En una segunda fase, desde junio de 2013, el BCE controlaría a las entidades sistémicas y desde el 1 de enero de 2014 asumiría la supervisión de todos los bancos de la eurozona. Sin embargo, Berlín quiere limitar el poder del BCE a los bancos sistémicos y esta discrepancia con las propuestas de Bruselas podría retrasar las negociaciones.

En este punto, los representantes del Gobierno alemán han estado jugando al ratón y al gato en las últimas jornadas afirmando que, si bien la propuesta de Bruselas es "una buena base", no es sostenible dejar en manos del BCE el control de todas las entidades del euro, que son más de 6.000.