Ordóñez lanza reproches al Gobierno en su despedida del Banco de España

El ministro de Economía no acude a la toma de posesión del nuevo gobernador

Filosofía china, un ministro de Economía ausente y varias puyas cruzando un elegante salón de la calle Alcalá de Madrid. Esos son algunos de los elementos que se combinaron este martes en la toma de posesión de Luis Linde como nuevo gobernador del Banco de España, en otro día malo para los mercados, incierto para el euro, con la banca necesitada de rescate y buena parte de las entidades calificadas como bono basura por la agencia de riesgos Moody’s. El anterior piloto de la institución, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, se despidió del cargo con un discurso amargo, en el que se quejó de los costes que acarrea actuar con independencia y dejó su mensaje velado respecto a la intervención de Bankia, la primera no tutelada por el organismo, sino por el Gobierno, y que supone casi 24.000 millones de recursos públicos: “La experiencia ha demostrado que cuando se utiliza este tesoro que es la excelencia del Banco de España se reducen las indeseadas e inesperadas consecuencias que tienen las actuaciones improvisadas”, dijo.

Ordóñez deja el Banco de España enemistado con el Ejecutivo del PP, que critica su gestión de la crisis financiera, y especialmente con el titular de Economía, Luis de Guindos, que el martes por la mañana comparecía en el Congreso de los Diputados para explicar el plan de rescate solicitado a Bruselas y pudo evitar así participar en el acto, convocado el mismo día, a las 13.00. El exgobernador lamentó las “críticas injustificadas” recibidas por los profesionales de la institución y citó el libro del Tao de Lao Tse, donde dice que “cuando el fango descienda, el agua volverá a ser clara”.

Aunque, de momento, todo resulta bastante enfangado en el sector financiero español. Ordóñez deseó a su sucesor “suerte” en un contexto tan complicado y especialmente “que no se vean nunca en una situación que les exija mostrar palmariamente su independencia”. Porque, continuó, no hay solución buena: ceder a las presiones “evita conflictos a corto plazo” pero deteriora la autonomía de la institución, mientras que “atreverse a ejercer con independencia” genera conflictos con “los que rara vez toleran una actitud discrepante o la de aquellos que ven afectados sus intereses particulares”.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que sustituyó a Guindos en el acto, respondió minutos después en ese mismo estrado que “la independencia del Banco de España no está en cuestión”, sino que “ahora se trata que esta y el resto de instituciones ejerzan su poder plenamente” en un momento tan delicado para la economía española. Ordóñez había dicho que la credibilidad era “el principal problema” de España y el ministro aderezó que la principal tarea era “recuperar la credibilidad no solo del Banco de España, sino del resto de instituciones dentro del proyecto del euro”.

Los escuchaba Linde, que ayer por primera vez habló como gobernador para avanzar que la institución debía “empezar a pensar en términos de lo que llamamos, para abreviar, estabilidad financiera, adecuando sus competencias y su organización a ese objetivo”. Recalcó que España necesita un “esfuerzo de reformas, de ahorro y racionalización en las finanzas públicas y un gran esfuerzo por parte de nuestras entidades de crédito para sanear sus balances y reforzar su base de capital, contando, en una serie de casos, con la ayuda del Estado y con los recursos de la Unión Europea”.

El gobernador pidió “comprensión y ayuda de todos” para su tarea y recordó al escritor Josep Pla, quien dijo que una de las cosas peores que podía pasarles a los españoles era que fallase el Banco de España. “No vamos a fallar. El espíritu de Pla, que nos vigila de cerca, no tendrá nada que reprocharnos”, concluyó. Y empezaron los apretones de manos entre banqueros y empresarios.

Sobre la firma

Amanda Mars

Periodista. Corresponsal jefa de EL PAÍS en EE UU hasta abril de 2022. Comenzó su carrera en 2001 en Europa Press, pasó por La Gaceta de los Negocios y en 2006 se incorporó a EL PAÍS, donde fue subjefa de Economía y corresponsal en Nueva York. Ha cubierto dos elecciones presidenciales, unas legislativas, dos impeachment y un asalto al Capitolio.

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