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El BCE garantiza toda la liquidez necesaria ante las elecciones griegas

Los bancos centrales británico y japonés preparan medidas de emergencia

El presidente del BCE, Mario Draghi.
El presidente del BCE, Mario Draghi. EFE

Cuanto más se aproximan las elecciones griegas, más palpable en los estamentos europeos es el temor a que los partidos contrarios al rescate y las medidas de austeridad que acarrean triunfen. De cristalizar esta posibilidad, el euro se encontraría, esta vez sí, a un paso del abismo. Así que las autoridades monetarias de todo el mundo, con el Banco Central Europeo (BCE), el emisor del euro, se están preparando para actuar. “Aquí hay riesgos muy serios de empeoramiento”, ha dicho este viernes el presidente del BCE, Mario Draghi, en una conferencia en Fráncfort, “y tienen que ver con la mayor incertidumbre”.

Para ahuyentarlos, el órgano que dirige “está preparado” para actuar. “Los bancos que lo necesiten” obtendrán liquidez, declaró Draghi, siguiendo en la línea “que el BCE ha trazado en la crisis”. El objetivo es que colapse el sistema de préstamos en Europa. La semana pasada el Consejo de Gobierno del BCE acordó mantener los tipos de interés oficiales en el 1%, la tasa más baja de su corta historia (e intensa). No obstante, Draghi abrió la puerta a una posible bajada como respuesta a un agravamiento de la crisis.

La amenaza de que en Atenas venzan los partidarios de rechazar las durísimas condiciones que imponen los dos rescates ya aprobados también ha llevado al presidente del Consejo Europeo a reunirse por videoconferencia con los líderes de Francia, Alemania, España, Reino Unido e Italia. Oficialmente, informa Reuters, Herman van Rompuy habló con ellos para preparar la reunión del G-20 de lunes y el martes. Pero, según el resultado electoral del domingo, es posible que aprovechen la cumbre de México para mantener un encuentro de urgencia.

Los movimientos preventivos no se acaban aquí. La disposición que ha mostrado Draghi responde, según diversas informaciones, a una medida ya probada en varias ocasiones desde agosto de 2007, cuando comenzó la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos: los grandes bancos centrales se coordinan para inundar los mercados de libras, euros, dólares, o yenes frescos.

Para el BCE, siempre pegado a la ortodoxia monetaria, estas operaciones son normales, explican oficialmente. El banco emisor de la divisa común europea ya ha realizado en el último medio año dos grandes subastas de liquidez a intereses muy bajos (al 1% y a devolver en tres años). En total, una lluvia de un billón de euros sobre los bancos europeos. Aquellas operaciones, según defiende Draghi, “no dispararon el riesgo de inflación en ningún país socio del euro”.

Pero en esta ocasión las medidas del BCE podrían ser selectivas. Según apuntaba este viernes el diario conservador alemán Frankfurter, el Bundesbank —el banco central alemán— se opone a que los bancos griegos se puedan beneficiar de estas posibles operaciones de emergencia en caso de que el nuevo Gobierno rompa la baraja de la austeridad y pierda con ello las ayudas pactadas. Dejar fuera de estas operaciones de liquidez a las entidades helenas sería algo equivalente a enseñar a Atenas la puerta de salida del euro. “Conceder más tiempo a Grecia sería perjudicial para el euro”, ha declarado el presidente del Bundesbank, Jens Weidman.

Mucho más explícito que el BCE ha sido el Banco de Inglaterra, que ha enseñado las armas que, junto con el Gobierno de Londres, ha preparado para afrontar la recesión que vive el Reino Unido y evitar que se agrave con el último episodio de la crisis griega y sus consecuencias sobre el euro. Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra, y George Osborne, ministro de Economía, han anunciado dos medidas de emergencia que se pondrían en marcha ante cualquier eventualidad. La primera consistiría en una subasta de liquidez extraordinaria a diversos plazos. La otra, una inyección de crédito por importe de unos 100.000 millones de euros. Para el gobernador del Banco de Inglaterra, ambas iniciativas servirán para disipar “la nube negra de inseguridad” que se cierne sobre Reino Unido.

También ayer el Banco de Japón apuntó en la misma senda. El gobernador de la autoridad monetaria nipona, Masaaki Shirakawa, dijo que están dispuestos a aplicar las medidas que sean necesarias “para garantizar el crédito y calmar las preocupaciones” que puedan derivarse de la votación griega.

A pesar de estas palabras, de la contundencia de los planes que aparentemente se preparan y de la coordinación de estos, Draghi dijo el viernes que la situación actual es menos amenazadora que la del pasado otoño. Esto se debe, en su opinón, a las dos masivas inyecciones de liquidez celebradas desde entonces.

Los mercados e inversores parecieron confiar en sus palabras. La mayor parte de los índices europeos se han mantenido este viernes ayer en positivo durante todo el día, excepto el Ibex 35, que se adentró en pérdidas momentáneamente aunque cerró la jornada con un avance del 0,22%. También el euro ha tenido un comportamiento estable frente al dólar, mientras que los altísimos intereses que pesan sobre los bonos de España e Italia, en niveles críticos, han caído ligeramente, hasta el 6,87% y el 5,92%, respectivamente.

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