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EL AGRAVAMIENTO DE LA CRISIS

Bruselas aplaza hasta las elecciones francesas el diseño del plan para crecer

La Comisión dice que el refuerzo del BEI será un complemento a los recortes

El comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, en una reciente intervención pública.
El comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, en una reciente intervención pública.

Bruselas tiene ya sobre la mesa un menú de opciones para estimular el crecimiento en el que tiene previsto reforzar el Banco Europeo de Inversiones (BEI), pero no dará nuevos pasos para decantarse por ninguna de ellas hasta que los electores franceses decidan quién cruza las puertas del Elíseo: el conservador Nicolas Sarkozy o el socialista François Hollande, cuyas propuestas han llevado a Alemania y a la Unión a un cambio de su estrategia (o al menos de léxico) frente a la austeridad a rajatabla reinante hasta ahora. La Comisión ha cancelado hasta después del 6 de mayo las reuniones técnicas previstas para esta semana para acabar de perfilar el paquete de medidas que los líderes europeos estudiarán en una cena informal posterior a las presidenciales francesas, según fuentes europeas. Para esa cumbre informal ya se sabrá si el elegido es Hollande o Sarkozy: en función del presidente francés se optará por una u otra solución técnica y la agenda del crecimiento de la Unión, por tanto, será más o menos ambiciosa.

“El crecimiento no debe costar necesariamente dinero”, afirmaba el sábado Angela Merkel. Los planes comunitarios pasan porque ese ansiado crecimiento atienda a los deseos de la canciller alemana: recapitalizar el BEI con 10.000 millones de euros. Si eso no fuera posible por la asfixia presupuestaria en las capitales europeas, los planes de Bruselas pasan por hacer ingeniería financiera: inyectar hasta 11.700 millones procedentes del dinero del presupuesto europeo no gastado en el fondo de rescate en capital híbrido para el BEI, como garantía para activar proyectos de infraestructuras público-privados a través de instrumentos financieros sofisticados, y con los llamados Project Bonds (bonos para proyectos de infraestructuras). La portavoz de la Comisión, Pia Ahrenkilde, admitió ayer que Bruselas trabaja con la posibilidad de ampliar el capital del BEI o con la emisión de los citados bonos y de otros instrumentos financieros para “obtener más inversiones” y apuntalar así el crecimiento de la eurozona usando como palanca el BEI.

“La Comisión va a buscar bajo las piedras si es necesario para impulsar el potencial de crecimiento europeo, como ha venido haciendo, por otra parte, en los dos últimos años”, aseguraron fuentes del Ejecutivo europeo. El impacto de esas medidas, siempre en combinación con aportaciones del sector privado, supondría unas inversiones en infraestructuras, I+D y energía de unos 200.000 millones de euros, el 2% del PIB de la eurozona, según estiman fuentes europeas, pese a que Ahrenkilde explicó que ese dato es, a día de hoy, “puramente especulativo”.

No hay cifras, al menos no oficialmente. Ni tampoco está del todo claro que el giro en las prioridades de la Unión sea algo más que retórico, al menos hasta que Hollande confirme que las encuestas le dan como ganador, o que Sarkozy rompa el hechizo y repita como presidente de Francia. Pese a que Merkel, junto con figuras como el primer ministro italiano, Mario Monti, y hasta el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, habla ahora abiertamente de una “agenda para el crecimiento” para Europa, y pese a que Hollande ha prometido cambiar el tratado que consagra la austeridad agregando un apéndice sobre crecimiento, Bruselas no cesa de dar inflexiones al discurso proausteridad que de alguna manera aún se impone en la UE: “El crecimiento no es una alternativa a la consolidación fiscal: es una agenda complementaria. No se trata de elegir entre consolidación [es decir, recortes] y crecimiento, necesitamos las dos cosas y José Manuel Barroso así lo ha reiterado en numerosas ocasiones”, declaró la portavoz del presidente de la Comisión en una rueda de prensa.

No hay pistas sobre el posible aumento de plazos para reducir el déficit

Fuentes europeas explicaron que Bruselas estará con las manos atadas al menos hasta dentro de unos días. No hay pistas sobre la posibilidad de aumentar los plazos para que los países con mayores dificultades reduzcan su déficit público por debajo del 3% del PIB, como le ocurre a España, pese a que ese debate está sobre la mesa. Tampoco hay movimientos oficiales sobre las dos únicas fórmulas para estimular la anémica economía europea que contempla Berlín, el BEI y los bonos para proyectos europeos.

Ante la negativa de Alemania a la compra de deuda pública por parte del BCE o a los eurobonos, los técnicos de Bruselas tienen prácticamente listas varias opciones alternativas, a la espera de su viabilidad política (muy vinculada al inquilino del Elíseo) y de la solución técnica que más convenza a los socios y a los altos funcionarios de la Unión. Antes de que eso ocurra, hay unas elecciones en Francia trascendentales para Europa. Otras en Grecia. Y tan pronto como el 11 de mayo, Bruselas presentará sus previsiones de primavera. “Los déficits públicos en Europa son solo los síntomas de la esclerosis europea. Tratar los síntomas y no las auténticas causas es habitualmente la mejor manera de que el paciente empeore: así ocurre en Europa”, decía ayer el economista Larry Summers en el Financial Times.

CLAUDI PÉREZ

Los técnicos tienen listas varias opciones según quien gane en Francia

Bruselas

El comisario de Asuntos Económicos y Monetarios de la UE, Olli Rehn, en una reciente intervención pública. / francois lenoir (reuters)