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OPINIÓN

La demagogia sobre el empleo

La Cumbre de la UE da a los jóvenes idénticas recetas que prodiga con igual fracaso desde 1997

¿Puede confiarse en que los Veintisiete han empezado ya a combinar la austeridad con el estímulo al crecimiento? Veamos los compromisos escritos. La Declaración de la cumbre europea del lunes en favor de Un crecimiento que propicie el empleo es un escandaloso plagio de documentos anteriores.

El nuevo texto apuesta por el empleo juvenil. Propugna "intensificar los esfuerzos para fomentar la primera experiencia laboral de los jóvenes", "en los pocos meses siguientes a la salida de la escuela", aumentando "sustancialmente la cantidad de contratos de aprendizaje y los esfuerzos por formar a los jóvenes en situación de abandono escolar". Todo ello con dinero comunitario a través de "una mejor movilización de los fondos estructurales (...) concentrándolos en el fomento del crecimiento y del empleo".

Loable. Solo que es idéntica receta a la acordada hace 15 años, el 21 de noviembre de 1997, en la Estrategia de empleo de Luxemburgo: "Ofrecer una nueva oportunidad a todos los jóvenes antes de que hayan pasado seis meses en paro, en forma de empleo, formación, reciclaje..." y mejorar los "sistemas escolares a fin de reducir sustancialmente el número de jóvenes que abandonan prematuramente la escuela". La herramienta financiera era la misma: la "reforma de los fondos estructurales", para "utilizar mejor los fondos al servicio del empleo".

La Agenda de Lisboa de 24 de marzo de 2000 insistía en aumentar la "enseñanza o formación" a los jóvenes tras la Secundaria. Y su revisión, la Agenda 2020 aprobada el 7 de septiembre de 2010, propugnaba "lanzar un marco de empleo juvenil subrayando las políticas orientadas a reducir el paro juvenil mediante" (...) "aprendizajes, estadías y otras experiencias laborales". Y también con la palanca de los fondos estructurales, mediante una "más fuerte priorización y mejor alineamiento" de los gastos de la UE.

La otra gran apuesta de la cumbre del lunes es el apoyo a las pymes, mejorando su "entorno" mediante "la reducción de las cargas administrativas y reglamentarias injustificadas" en apoyo del "crecimiento económico y el empleo". Estupendo. Salvo que también estamos ante un cromo repe.

En Luxemburgo-1997 ya se postuló la "simplificación del entorno reglamentario y administrativo de las empresas y en particular de las pymes", para "reducir" sus costes y cargas, "en particular las relativas a la contratación de trabajadores". La posterior Carta europea de la pequeña empresa, de 20 de junio de 2000, apoyó "mejorar el acceso a la financiación" y "adaptar los regímenes fiscales". Y la Agenda de Lisboa recopiaba, al reclamar "reducir los costes de la actividad empresarial y suprimir trámites burocráticos innecesarios", así como "aliviar la presión fiscal sobre el trabajo".

Si los líderes reiteran, lustro tras lustro, los mismos objetivos de empleo y fomento a las pymes es porque han fracasado en ellos, aunque no lo reconozcan. Quizá tanto plagio disfrazado de novedad esconda también un adanismo, el aparentar que siempre se empieza de nuevo, ese formato de demagogia para consumo de ingenuos.

No es que la asignatura sea fácil. ¿Por qué sigue siempre pendiente? En parte también por un obstáculo procesal: "El actual sistema de reparto de fondos de la UE es tan extraordinariamente incómodo que los políticos se centran solo en la verificación del gasto en vez de en la verificación de sus resultados", según el experto en este asunto Xavier Prats (After the crisis, www.policy-network.net).

Y es cierto que algunos avances se han hecho: la creación telemática de empresas se ha extendido. La financiación del Banco Europeo de Inversiones (BEI) aumenta. El número de días para crear una empresa se reduce: el promedio europeo se acerca a 13, por 6 de EE UU, 28 de China y 119 de Brasil, según el Doing Business 2012 del Banco Mundial. Aunque España es farolillo rojo, 28 días, uno menos que India.

Y es cierto también que se avanza a trompicones. Hay, en las conclusiones del lunes, un compromiso escondido, pero prometedor: apoyar a las pymes y a las infraestructuras mediante distintas opciones "incluidas las posibilidades de que el presupuesto de la UE apalanque la financiación total del BEI". Si lo hacen, será una revolución, multiplicará el crédito y reavivará la economía. Y archivaremos esta crítica.