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Entrevista:SOLEDAD ALAMEDA ENTREVISTA A ANTONI TÀPIES (octubre de 2004) | Adiós a Tàpies, el poeta de lo orgánico

"Voy a la caza de almas, no de masas; convencer a las masas no es posible"

Es uno de los grandes artistas del siglo XX. Un pintor imprescindible. A sus 81 años de edad, Antoni Tàpies, con graves problemas de vista y oído, se desnuda en esta entrevista con una clase magistral sobre el ser humano y la pintura. El Reina Sofía, de Madrid, celebra con sus obras en arcilla el Premio Velázquez de la artes plásticas.

Pregunta. ¿Para pintar, cómo influye el problema de los ojos?

Respuesta. Si te das cuenta, cuando miras un cuadro no te quedas en un punto, sino que enseguida vas recorriendo el cuadro con la vista, y, al hacerlo, estos agujeros se compensan unos con otros y puedes ver lo que estás haciendo. Afortunadamente, el cuerpo humano se adapta a todo (...).

"Me dolía cuando decían que mi pintura podía hacerla un niño"

"En el fondo estamos hechos de tierra... y volvemos a ella"

Dicen que los viejos nos volvemos más sabios. Y lo hacemos en el sentido real del término, que es aprender a vivir. Porque la sabiduría no es un puñado de frases o recetas bonitas para ponerlas en un museo, sino que se saca de practicarla en la vida de cada día, en el hecho de usarla para llevar la vida adelante. Y en esto me encuentro un poco más libre que cuando era joven. Pero sigo pensando que la pintura que hacemos tiene que ser útil a la sociedad en la que vivimos porque, si no, no valdría la pena hacerla. Y para ser útil te has de preocupar un poco y escuchar si la gente lo recibe bien o no.

P. Pero ya no le importará tanto lo que la gente opine de su obra...

R. A eso, con los años te acostumbras; pero a mí, de joven, me han dado bastantes palos. Claro que ahora me respetan. No es que se pueda generalizar. Hay críticos a los que tengo cariño y los hay tontitos... Y mira, los críticos que más me gustan son los que hablan bien de mí.

P. Ese reconocimiento que hoy es unánime hacia usted ocurrió hace ya muchos años. Casi nunca le pasa a nadie. Yo pensaba que podía transformarle a uno...

R. Sí. Está bien, es muy halagador saber que tengo gente que me quiere, e incluso artistas que me siguen. Y en todo el mundo. Porque han venido a visitarme y casi a reverenciarme. Hace poco me visitó un artista de la India y me dijo que me adoraba, que yo era su gurú, y perdóneme, añadió, a los gurús lo primero que hay que hacer es tocarles los pies. Y se encogió y me los tocó. Esto es muy halagador. Otra vez vino una chica de Bali. Y no le digo de Japón, y de Alemania, y de Estados Unidos.

P. Así que es como si viviera su propia posteridad.

R. De eso no me he dado cuenta. ¿Quiere decir que me esfuerzo para conservar mi legado?

P. No. Me refería a otra cosa. A si usted piensa que dentro de 100 años se le seguirá considerando un artista imprescindible y que estará en todos los museos como ahora, y que los indios vendrán a ver su obra desde su país.

R. Oh, eso no se sabe. Hay artistas que han pasado por diferentes momentos. No sé.

P. ¿Entonces, le da vueltas a esa idea...?

R. Como pienso en ser útil, pues me preocupo de que mis cosas se conserven y mis escritos se publiquen. Por eso hicimos una fundación, para conservar todo esto. Mis hijos siempre me lo dicen: no te preocupes de tu legado porque ya lo defenderemos nosotros. Y mi mujer, no digamos. Creo que, por primera vez, ahora tengo un recuerdo bastante panorámico de toda mi vida, porque me publican el catálogo razonado de toda mi obra. O sea, que veo todo lo que he hecho y lo que he dicho, y comprendo que a veces hay que hacer un cierto esfuerzo para conservarlo. No me gustaría que no se le diese importancia, sino que la gente entienda intelectualmente lo que he querido hacer. Y que, si puede serles útil, lo apliquen a su propia vida.

P. ¿Y qué quiere decir serles útil?

R. Lo que quiero decir es que yo hago un trabajo muy individualizado. Yo voy a la caza de almas, no de masas. Convencer a las masas no creo que sea posible. Han de convencerse las personas por sí mismas. Cuando trabajo, lo que hago es poner una especie de mecanismos, para que la gente produzca un cambio en su manera de pensar y se ponga en el buen camino. Pero yo sólo le apunto un camino. Nada más. En realidad, es un trabajo muy modesto, ¿eh?

P. Yo no diría que es una pretensión modesta querer incidir en los demás. ¿A eso se ha referido a veces al decir que con su pintura buscaba la espiritualidad?

R. Espiritualidad en el sentido de abrir las conciencias. Cuando vienen a verte desde la India es quizá uno de esos momentos en que parece que lo has logrado. Sentirse comprendido, de eso se trata. Y cada vez pienso que se ha ido entendiendo mejor. Porque al principio incluso me han hecho sufrir. Tergiversaban lo que yo intentaba.

P. ¿Cómo le tergiversaban y qué era lo que más le dolía?

R. Pues eso, que un niño podía hacerlo... Esto se dice mucho. En nuestro país hemos padecido un poco de falta de educación de la sensibilidad. Para que la gente perciba bien una obra de arte ha de tener una cierta preparación. Esto es indiscutible. Si no, puede decir eso, que lo hace cualquiera.

P. Hay pinturas suyas que son un pegote de polvo de mármol y una pata de silla rota. Durante años, su pintura resultaba difícil, y sí se necesitaba sensibilidad, o preparación para verla. Hoy, si alguien dice que su obra no le gusta se arriesga a que le consideren un paleto.

R. ¡Ja, ja, ja!

P. Antes hablaba de encontrar el propio lenguaje. Una labor de años. Luego está la necesidad de tener una ocurrencia, una idea nueva, personal, que llame la atención. Algo que no se ha hecho antes, o que no lo parezca... Y eso, que parece imprescindible para ser un creador, ¿se busca denodadamente o sucede de pronto, como por encanto?

R. Es algo que va viniendo paulatinamente. Este trabajo está hecho de cosas positivas y cosas negativas. Muchas veces dices: no quiero ser como ese que me ha precedido, porque los que te precedieron están muy vistos, y a la sociedad ya no le sorprende. Por ejemplo, el colorido. Hay muchos grandes artistas que han usado mucho los colores primitivos. En el siglo XX, las vanguardias lo hicieron mucho. Colores simples. Rojo, amarillo, azul. De esto han abusado los pintores y la publicidad. Y ahora, la tele en color. Por eso yo decidí pintar con otros colores. Y tal vez también por la necesidad de buscar colores más profundos, más serios. En estas cosas hay una mezcla de todo. Como el sentirme cerca de la tierra. Siempre he querido acercarme a las formaciones del cosmos. En el fondo estamos hechos de tierra... y volvemos a ella.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de febrero de 2012