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Reportaje:

La operación más esperada

El mercado apuesta por la unión de Caixabank y Bankia, con apoyo del Gobierno, para resolver la mayor incógnita del sistema financiero

Hace más de 20 años que se especula con la fusión de La Caixa y Caja Madrid, entidad que hoy pilota Bankia. Ha sido el rumor recurrente en el mercado, pero desde los años noventa los avatares económicos, financieros y políticos han cambiado mucho y empujan con fuerza en esa dirección.

El último impulso lo ha recibido del Gobierno, vía su ministro de Economía, Luis de Guindos. Este ha rechazado la creación de un banco malo (una sociedad donde se aglutinarían los peores activos inmobiliarios) porque quiere solucionar el saneamiento de las entidades a través de las fusiones. Se supone que las mejores absorberían a las más débiles. El domingo, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría insistió: tiene que haber menos entidades, pero deben ser más fuertes para poder dar créditos.

Las entidades niegan conversaciones para su fusión

El mercado cree que la duración de la crisis obligará a esta operación

Las nuevas exigencias internacionales de capital, las mayores provisiones que implantará el Ejecutivo para tapar los problemas del ladrillo, la caída de margen financiero y la subida de morosidad lastran las cuentas de las entidades. Esta situación se agudiza en aquellas que acumulan más activos inmobiliarios en su balance, entre las que destaca Bankia por el lastre que ha supuesto la herencia recibida de Bancaja. Esta situación conduce a buscar un acuerdo que garantice un futuro claro para la entidad presidida por Rodrigo Rato (Madrid, 1949). De todas las opciones posibles, con el BBVA, Santander y Caixabank, fuentes financieras consideran que la más adecuada es la de su integración con la entidad catalana, dirigida por Isidro Fainé (Manresa, 1942).

No obstante, las dos entidades, que cotizan en Bolsa, niegan que mantengan conversaciones encaminadas a su fusión. Fuentes de Bankia afirmaron que tratarán de mantener su estrategia en solitario. Rato afirmó la semana pasada: "No hay ninguna operación corporativa planteada en Bankia. Estamos centrados en el desarrollo del Plan Estratégico 2012-2015 y en completar el proceso de integración tecnológica de las siete cajas que conforman la entidad". Incluso en el mercado se relaciona el auge de este rumor a que Caixabank necesita reducir su extensa red de oficinas, unas 5.000, y la mejor manera de lograrlo es con una fusión.

Rato y Fainé mantienen una estrecha relación personal y profesional, acrecentada en el tiempo que Rato trabajó como consejero internacional de La Caixa. La confianza mutua siempre facilita estas operaciones. Además, hay otro elemento que favorece el ensamblaje: la entidad catalana tiene dos cabezas, Caixabank y La Caixa, como caja de ahorros, lo que permitiría un reparto de presidencias esquivando aristas políticas y personales.

Según fuentes financieras, el Banco de España está al tanto de la operación y la ve con buenos ojos. En su tesis está alentar las fusiones entre entidades, aunque siempre condiciona la operación a que la pilote el más sólido, en este caso La Caixa. En Bolsa, la entidad con sede en Barcelona vale más del doble que la madrileña.

Pero la operación necesitaría ayudas financieras y este es uno de los mayores escollos. La entidad catalana quiere cubrirse las espaldas y podría necesitar alrededor de 12.000 millones para capitalizarse. Fuentes financieras consideran que el mejor camino para resolver este problema sería una emisión por parte de Caixabank de bonos convertibles contingentes, conocidos en la jerga como cocos. Estos activos cuentan como capital y se podrían emitir condicionados a un plan de negocio. El comprador sería el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera.

Lo que está claro es que la operación no podría pedir un esquema de protección de activos (EPA), un colchón ante futuros morosos. Esta fórmula se ha utilizado en el caso de la adquisición de la CAM por parte del Banco Sabadell, pero exige una subasta pública, algo que se descarta en este caso.

La operación tendría, además, una consecuencia muy amarga: miles de despidos y de cierres de oficinas, con un enorme coste social y político, lo que es un obstáculo adicional.

Una ventaja de la operación es que permitiría el saneamiento del activo con cargo al patrimonio de la entidad fusionada. Bankia ha destinado 2.000 millones en 2011 a amortizar activos malos y tiene previsto hacer lo mismo este año, lo que merma mucho su cuenta de resultados y su capacidad para repartir dividendos.

Pero siempre que se habla de cajas hay que preguntar a los políticos. En este caso, la Generalitat tiene más clara la operación que el Gobierno de Madrid, pero nada parece insalvable, sobre todo por el empuje que podría tener del presidente, Mariano Rajoy. La duración de la crisis y el comportamiento del mercado inmobiliario será lo que determine el futuro de las dos grandes entidades y, por lo tanto, la realización de esta operación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de enero de 2012