Entrevista:FERNANDO VALLEJO

"Es entretenido este serial malvado que vivimos"

Fernando Vallejo había recibido esa mañana del último sábado de noviembre de 2011 el Premio FIL, de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), el galardón que antes tuvo el nombre de Juan Rulfo. Estaba feliz, emocionado, agasajado hasta límites que no podía ni soñar. Subía esa pendiente del gozo y, horas más tarde, cuando lo situamos ante sus conceptos de la felicidad y de la vida, hurgó en los desastres que padece el ser humano, por culpa de sí mismo y por culpa, por ejemplo, pero sobre todo, de la Iglesia y de las distintas iglesias. Vive en México desde hace 40 años, con su pareja, el gran escenógrafo mexicano David Antón. La mayor parte de sus libros, desde El desbarrancadero y La virgen de los sicarios hasta Entre fantasmas o El don de la vida, están estrechamente ligados a su vida; a Medellín, su ciudad, o a México; o son denuncias rabiosas, como La puta de Babilonia, que pone en el paredón a la Iglesia católica. Hablamos con él en Guadalajara, poco tiempo después de la felicidad de recoger aquel premio, cuyo importe, 150.000 dólares, donó enteramente a asociaciones que cuidan de los animales, sus hermanos.

"Es una ridiculez que haya reyes en españa, en holanda, en inglaterra..."
"Cuando la vida se pasa al papel, al final acaba convirtiéndose en novela"
"Escogemos a los amigos, no así a la familia, que nos la impone el destino"

¿Qué le preocupa ahora? Nada.

¿Está feliz? Sí... La felicidad no puede durar mucho, porque, si no, se vuelve muy aburrida, tiene que venir de vez en cuando.

En la mayor parte de sus libros hay una reflexión sobre la felicidad. Pero equivocada, porque yo dije que los momentos felices solo existen en el recuerdo, y yo la estoy sintiendo en el presente. Siempre se aprende y se corrigen errores... La felicidad es muy breve, fugaz, y el conjunto de la vida es monótono, repetitivo. La vida está cargada por momentos de muy grandes dolores, y para algunos, no sé si para todos, de momentos de felicidad muy breves. Yo rechazo el recuerdo de los unos y de los otros. De los momentos dolorosos, para poder seguir viviendo. Son tan dolorosos, que si los tuviera presentes me sería imposible la vida, no puedo ni recordar a la gente que quise y se murió. Y si recuerdo la felicidad se vuelve triste porque ya no está. Por eso elimino los recuerdos felices y también los tristes.

En su libro 'Los caminos de Roma' (1988) siente nostalgia por lo que dejó atrás, los olores, las comidas... Como si siempre se hubiera instalado sobre la pérdida. Estuve en Roma en 1985, durante un año y algunos meses, estudiando en el Centro Experimental de Cinematografía y Dirección de Cine, y regresé a Colombia porque no podía vivir sin Medellín. Medellín era esplendorosa, y Roma, muy aburrida, muy bella ciudad, la más hermosa, pero aburrida, mientras que Medellín estaba por delante de todo el mundo en libertades. En fin, me volví por nostalgia porque no podía vivir sin mi ciudad. Los primeros años, de vez en cuando, soñaba con Roma, con que estaba allí, como si hubiera dejado una parte de mí en esa ciudad, a pesar del poco tiempo que estuve. Después, esos sueños desaparecieron, jamás volví a soñar con Roma y casi desapareció de mi recuerdo. Veinte años después volví con mi hermano Carlos. Esos veinte años se me hicieron una eternidad. Han pasado ya 26 años, pero es como si el regreso hubiera sido ayer. De manera que la vida va corriendo con una velocidad creciente tremenda. No pasan lo mismo los años de los niños que los años de los viejos, los de los viejos son como meses o días; los de los niños son eternidades.

¿Cómo pasan sus años? Muy rápido. Es como si hubiera pasado un mes o una semana de cuando era un muchacho.

¿Cómo era ese muchacho? ¡Uuuuyyyy! Muy angustiado, no sé cómo pudo seguir viviendo. Tal vez porque encontré a alguien que me ayudó a seguir y me salvó de matarme. También porque me fui de Colombia, no habría sobrevivido allí, no porque me hubieran matado, algo más que probable, sino porque no habría resistido la vida... Vivía muy desesperadamente, a tropezones, sin entender el mundo y sin que el mundo quisiera ser como yo quería, sin poder cambiar nada para mi lado porque yo no cedí nunca en nada. Luego, transcurriendo la vida, empecé a encontrar la paz del alma -eso que llaman la paz del alma-, pero descubrí el dolor de los animales, y la paz del alma se fue al demonio. Ya sé que la felicidad son momentitos, pero mientras exista ese dolor con el que cargo es imposible. Quiero mucho a los animales. Me duele mucho que existan los mataderos, quisiera que se acabara el oficio asesino de carnicero o de matarife, que se acabaran los galpones de las industrias donde crían a esos pobres animalitos, esos pollos desesperados destrozándose el cuerpo a picotazos desde que nacen hasta que mueren sin ver la luz del sol; los que acuchillan a los cerdos o a las vacas, unos pobres animales inocentes, y la infinidad de perros abandonados o atropellados. Los quiero mucho, cada día los quiero más, cada día me duelen más y los siento como mis hermanos. El perro, la vaca, el caballo y el cerdo los domesticó el hombre y tenemos responsabilidad con ellos. No así con las fieras. Las fieras, a pesar de que son mamíferos (un puma, un leopardo, un tigre de Bengala, una pantera), son máquinas de matar y no comparten mucho con nosotros. Pero un perro no, es hermano del hombre, es un animal noble y bello.

¿Por qué el hombre, que se supone que es racional, que tiene afectos, es tan despiadado, no solo con los animales, sino con los otros hombres? Porque a nosotros, la religión, la cristiana, nos puso una venda en los ojos que nos impide verlos como nuestros prójimos. Cristo nunca los vio así, en los Evangelios no hay ni una palabra de amor por ellos. Esa cosa vaga que llamamos Cristo no tuvo una palabra de amor por ellos. Y pretenden que sea el paradigma de lo humano. Quitarme la venda me ha llevado gran parte de mi vida. La mayoría de los cristianos no se la quitan nunca. Si nace un niño y no se la pones, querrá, respetará a los animales y los considerará su prójimo. Lo mismo que te digo del cristianismo vale para el islam. Sumadas las dos religiones, o falsas religiones, porque son barbaries, empresas criminales, tienen 3.500 millones, la mitad de la humanidad... La culpable es la Iglesia. En nuestros países, en España y Latinoamérica, es la Iglesia católica. Las sectas protestantes se las sumamos igual porque ya están entrando en toda América Latina. Y, en general, el cristianismo.

En aquella pregunta había otra: ¿por qué el hombre ha llegado a ser tan despiadado con su propia especie? La humanidad no conoce la civilización, no hemos tenido civilización, decimos que es civilización cristiana, pero eso es barbarie cristiana. Toda la historia del cristianismo está teñida de sangre, de infamia, de oposición a la piedad y, ahora, a la vida, porque el Papa pretende ser defensor de la vida. No hay tal, está defendiendo un óvulo fecundado por un espermatozoide que tiene el tamaño de una ameba, que no se ve a simple vista, hay que verlo con microscopio; y nunca ha defendido a una vaca que acuchillan en un matadero. Nunca hemos tenido civilización, no ha existido en la Tierra, no hay civilidad cristiana y no hay civilización islámica, hay barbarie cristiana y barbarie islámica. Las bases del cristianismo están en el sermón de la montaña. ¿Qué es eso de que hay que amar al enemigo, por qué tenemos que tener enemigos? ¿Cómo puede partir una religión de la base de que el hombre debe tener enemigos para que uno de sus preceptos sea "ama a tu prójimo"? Una religión que dice eso es una religión viciada desde la base.

Siente tanto rechazo ante la política que pide que la gente no vote. ¿Ha pensado cuál sería la alternativa? Por supuesto. Siento una animadversión muy grande por la clase política. Digo que los llamados servidores públicos no lo son, son aprovechadores públicos que a menudo pasan a atropelladores públicos. ¿Cuál sería el sistema? La monarquía, evidentemente, no, no vamos a seguir manteniendo zánganos, la monarquía llenó toda la Edad Media de esta zanganería. Es una ridiculez que haya reyes en España, en Holanda, en Dinamarca, en Suecia, en Inglaterra o en algunos países árabes. Descartada. ¿La tiranía? Es insoportable. La de Cuba es insoportable, al tirano hay que matarlo, a Fidel Castro, si no se deja, qué vamos a hacer, pero si podemos, matémoslo, porque es un daño tan grande, que hace tanto daño a tantos, que no puede ser. ¿La dictadura? Podría ser la de un bribón como Hugo Chávez, porque no es un asesino ni un carcelero. Puede entrar e irse de Venezuela sin que haya matado a nadie, que yo sepa. Hay diferencia, pero es dictadura. ¿Qué queda? La democracia, la que podemos elegir, esa es la verdadera. Pero ya sabemos que no hay más que maquinarias burocráticas de unos cuantos partidos en cada país. En España tienen al PSOE y al PP y a sus maquinarias electorales. Eso no es una verdadera democracia. Supongamos que elegimos a un personaje, ese personaje tiene que ser discreto. El presidente de España tiene que presidir el destino de 44 millones de habitantes, y ¿qué meritos tienen Rajoy, Zapatero, Aznar o Felipe González para presidir el destino de 44 millones en la forma en la que lo están presidiendo? O el actual presidente de México, para presidir el destino de 110 millones. Es muy grave. No. No lo puede hacer porque no hay nadie en esos 110 millones que pueda tener el peso necesario para presidir y dirigir el destino de esta gente. El presidente le está robando a un país la palabra. Tenemos que tener democracia, pero hay que quitarle poderes al presidente y reducirlo a casi nada. Y si es posible, eliminar el Congreso, porque si hay algo en este mundo son leyes que sobran. Eliminar el Congreso, que se ha vuelto despreciable en todas partes.

¿Y cómo organizar, entonces, la sociedad? La sociedad no piensa en otra posibilidad de organizar esto porque el planeta la está surcando al abismo. Ya no hay tiempo. Estamos presenciando los mayores desplomes de la Unión Europea, del euro, hemos presenciado el del socialismo y pronto presenciaremos el desplome, si no del capitalismo, porque las fábricas seguirán y deben seguir, sí del sistema financiero corrupto, monstruoso, zángano y aprovechado que está pesando sobre todo Occidente. No vamos a tener tiempo para hacerlo. La gente sale a votar como un rebaño. Acabamos de verlo en las elecciones españolas, han ido a votar por alguien que ni siquiera ha dicho ni una sola vez, de lo impúdico y mentiroso que es, qué es lo que va a hacer, qué medidas va a tomar. Evidentemente, porque sabía que iba a tomar las mismas que tomó el partido saliente, pero aumentadas. Sabía que no podía ser de otra forma o se tendría que ir de la Unión Europea.

¿Hay algo más por lo que usted crea que el ciudadano de hoy está triste? La palabra es agobiado, exasperado, hacinado. Vivimos hacinados en ciudades, no nos podemos hacinar más, no nos podemos soportar porque necesitamos un espacio para respirar, para vivir, no podemos vivir en unos cuantos metros cuadrados, ni pasarnos la vida embotellados tratando de entrar a una ciudad o salir de ella. La vida se ha vuelto miserable, no ha avanzado en nada para hacerla menos dolorosa. La vida será siempre dolorosa, llena de dolor, porque se nos morirán todos los seres queridos e iremos hacia la vejez y la muerte. Pero podría ser más amable. Cada día se ha ido haciendo menos amable. Porque todo lo que hagamos técnicamente lo retrocedemos por el crecimiento demográfico monstruoso. Estamos creciendo a razón de 1.000 millones cada 12 años. Durante el pontificado de Wojtyla, 26 años y medio, la población subió 2.200 millones. Desde que empezó la especie humana, no llegamos a eso hasta 1932. Estos dos travestidos últimos que ha tenido la Iglesia, más malos, si es posible, que los anteriores, están dándoselas de defensores de la vida. ¡Defensores de la vida cuando el planeta está a punto de explotar ya! La Iglesia es una plaga de la humanidad, entendiendo más por Iglesia el cristianismo. Y el protestante igual.

Y la banca. Igual. Otra. Esa es impúdica, descarada, atropelladora. ¡La banca es una impudicia inmensa!... Pero en esta crisis en la que cayó España y, por supuesto, Grecia, es que ni siquiera son unos tramposos. O Italia, manejada por el sinvergüenza y tramposo de Berlusconi. Pero miremos a España. Se gastaron lo que tenían. ¿Cómo lo hicieron los dos partidos? Los dos partidos que han gobernado el país son los culpables de esto. El PSOE y el PP han abocado a España al borde del abismo y de ahí no lo van a sacar. Se pierde una generación, o quién sabe cuántas, porque esa deuda contraída hay que pagarla. ¿De dónde piensan que la van a pagar? ¿Qué Alemania va a emitir bonos europeos? China ya no los va a rescatar. Nada. Entonces, ahora, que hable Rajoy a ver cómo le va apenas empiecen las manifestaciones contra sus medidas.

¡Está muy informado de España! De muchas cosas... Yo estoy muy entretenido. Es un serial fantástico lleno de maldad el que estamos viviendo, en el que nos preguntamos qué va a pasar dentro de un mes.

¿Hay alguna luz en todo esto? No, no, no hay ninguna luz.

¿Ninguna, ninguna? No. La única, antes de que fuéramos tantos. Cuando éramos 2.200 millones en 1932 habría alguna esperanza de que tuviéramos una vida más amable por los avances de la medicina, de la ciencia y demás.

América Latina se cita ahora como un continente que está generando una mayor esperanza... Tenemos un continente fracasadísimo, sumido en la pobreza. La clase política no nos deja vivir ni en Colombia ni en México. Hay tantas trabas, que no dejan ni siquiera trabajar para pagar, que es de lo que viven estos sinvergüenzas. Y para que nos roben. Si no trabajaran, si no emitieran leyes, si se quedaran en sus casas y nada más robaran, nos harían mucho menos daño.

¿Para qué le ha servido la literatura? Para llenar el tiempo vacío. Y luego me gusta la dificultad, como la que tiene un mecano para un niño. ¿Cómo digo esta frase?, ¿cómo puedo expresar algo para que tenga fuerza, belleza, ritmo, sonoridad, que le llegue a los demás y que sea novedoso, sin recorrer los mismos caminos? El camino de la novela no me lleva a ningún lado, ¿cómo voy por el que yo escogí? Básicamente es una especie de distracción de niño y de desocupación del tiempo vacío, salvo en el caso de mis dos libros de ciencias para desenmascarar impostores, La tautología darwinista (1998) y Manualito de imposturología física (2005); y del libro de la Iglesia, La puta de Babilonia (2007), para hacerles el sumario, como una expresión del Apocalipsis. En el libro hay que entender Iglesia por cristianismo en su conjunto. Lo hice no tanto por el odio que les tuviera a ellos, me eran indiferentes porque de niño dejé la religión y no me importaban, sino porque los encontraba como los grandes malvados, culpables de lo que les pasa a los animales, y tenía que denunciarlos como lo que son, como los culpables de que nos pusieran la venda moral que nos impidió ver a las vacas y a los cerdos como nuestros prójimos, como nuestros hermanos.

De todos modos, ha hecho algunos libros que no son para llenar el tiempo vacío. 'El desbarrancadero' y 'La virgen de los sicarios'. Esa es una literatura extremadamente catártica. No sé. He escrito 17 libros, pero nunca me he sentido escritor como se sienten otros. Si esto es una profesión diré que es esta, la de escritor, pero no me siento así. Me siento muchas cosas, pero esta es la última que diría.

Pero por hablar de esos dos libros en concreto, ¿qué es lo que pone en marcha 'La virgen de los sicarios'? Ese libro lo escribí porque se me murió mi perra Bruja, un gran danés que vivió 14 años, mucho para esa raza. Y quedé destrozado. Me fui de México a Medellín para alejarme de su recuerdo y para tratar de seguir viviendo. Iba adonde me invitaran, a sitios a los que jamás iría, a reuniones, adonde me llevaran, con tal de no pensar en ella. De repente, algún periodista me contó que en uno de los pueblos de mi niñez había un santuario, el de María Auxiliadora, al que iban los sicarios, los muchachos asesinos contratados, para rezarle. Ahí me surgió el título, La virgen de los sicarios, muy raro porque es como un oxímoron, es una imposibilidad entre los dos términos, pero es un buen título y con el título empecé. Evidentemente, en Colombia tengo acceso a todo el mundo, siempre lo he tenido porque me movía entre todas las clases sociales, desde los más bajos y del hampa hasta los políticos, porque en Colombia se pueden dar este tipo de cosas. Y decidí contar la historia de estos chicos. El problema literario gravísimo que tenía que resolver es que, como no escribo novelas en primera persona, un sicario no iba a escribirla porque casi ni habla, tiene un vocabulario limitadísimo y es imposible que pudiera contar su historia. Por tanto, no la podía contar en primera persona, y en tercera no lo iba a hacer. Para mí sería muy fácil contar la historia de un sicario, y de cualquiera, en tercera persona. En primera persona se empiezan a complicar las cosas, es muy difícil.

¿Quién es el que narra, el yo? Cuando resolví que ese muchacho era mi amante enfoqué la novela. Si la lees, ves que apenas tiene diálogos, el muchacho dice dos frases, tres, como máximo. E hice que fuera un gramático porque Colombia fue un país de gramáticos, gobernado durante 50 años por presidentes gramáticos, los del partido conservador, desde finales del XIX hasta principios del XX. Ya no quedan. Como un gramático no es un escritor y un gramático no tiene importancia en esta sociedad, me dije: que sea un gramático y que sea el último de Colombia. Y fui contando la historia.

Y 'El desbarrancadero', ¿cómo surge? Ese libro no se lee como una historia de Vallejo o de Colombia, sino como una historia que trata de la vida. Cuando se estaba muriendo mi hermano Darío, un año después que mi padre, dos muertes muy dolorosas y desgarradoras para mí, me fui de mi casa dejando a mi hermano moribundo. No podía estar en aquella casa con mi madre, que quiso quedarse para acompañarlo hasta el final. Me fui sabiendo que iba a escribir ese libro y diciéndome: tengo un libro tan desgarrador para mí, que algún día lo escribiré. Fue muy doloroso porque es un libro verdadero, no es una novela, sino la estricta verdad. Lo que ocurre es que cuando la vida se pasa al papel, al final acaba volviéndose novela, no puede ser de otro modo.

Hay un personaje que ha cruzado por su vida desde hace muchos años y al que ahora está dedicando su energía, Rufino José Cuervo, ese colombiano ilustre del que se declara devoto, como si fuera su santo laico. ¿Qué tiene que le impresiona tanto? Lo conocí por su amor al idioma, por sus apuntaciones críticas al lenguaje bogotano, un libro de corrección del lenguaje. Lo leí de niño en casa de mi padre. Después, Cuervo se convirtió en el gran filólogo de la lengua española. Menéndez Pidal y él incluso se conocieron, hay una correspondencia de unas veinte cartas entre ellos. Menéndez Pidal fue más tarde un gran filólogo, dejó una escuela y son muchos sus discípulos. Es la otra gran figura. Pero hay una diferencia grande entre los dos, y es que Cuervo es un hombre de alma grande, y Menéndez Pidal me da la impresión de que es un hombre común. Cuervo es de una gran bondad, de una gran modestia, un hombre de la pureza que pretendió la iglesia. No tuvo relaciones sexuales con nadie y nunca presumió de ser santo. Era muy católico, nunca católico de fanatismo y menos de presumir la santidad, porque Wojtyla lo hace. Cuervo no. Es que el santo no puede pensar que es santo. Eso lo dirían los demás, o si Dios existiera, en el cielo lo tendremos. Nadie ha llegado a conocer el idioma como él hasta 1911, cuando murió. El diccionario es deslumbrante. Es una gramática que es la innovación suya, no hay otro, ni en ninguna otra lengua, como ese.

Hemos hablado de la esperanza, pero el amor o la amistad, ¿qué parte forman de su vida? Los amigos son importantísimos. Es la posibilidad de no caer en el monólogo interior permanentemente, de estar hablando con uno mismo o con una pared, porque tienes respuesta del otro. Los que comparten contigo son tus amigos porque comparten algo muy importante en la vida. En mi caso no solo puede ser la literatura, pueden ser otras cosas. Necesitas un interlocutor. Cervantes fue el primero en verlo, no podía escribir El Quijote sin Sancho porque no podía haber un hombre que hablara solo, necesitaba un interlocutor. Necesitamos a los amigos. La amistad y los amigos los escogemos, no así la familia, que nos la impone el destino, no escogemos a los hermanos, ni a los padres. Los amigos son muy importantes. Tengo algunos amigos desde hace 50 años y nunca me he disgustado con ellos. Con otros sí, porque quizá no eran tan amigos como creía.

¿Y el amor? Es que como es tan esclavo... El amor lo tienes que conseguir sintiéndote Romeo y Julieta, mezclándolo con el sexo, y es muy pasajero porque se vuelve muy aburrido siempre con una misma persona, te cansas, se vuelve monótono, se impone una monogamia por la sociedad y se termina en una cárcel. El amor sin el sexo, ¿cuál? Yo tenía el amor por mi abuela paterna, por mis perras. Ese no es un amor que esté ligado al sexo, pero, usualmente, el de Romeo y Julieta está ligado al sexo.

Pero usted tiene una pareja muy feliz desde hace 40 años. Sí, pero lo que pasa es que el sexo es algo que no tiene mayor importancia. Claro que no hay reproducción sin sexo, pero si estoy propugnando para que no haya reproducción, no lo estoy haciendo por evitar el sexo. Mientras no esté destinado a la reproducción y no haya por medio coacción y violencia, el sexo es inocente. Es una tontería. Solo nuestra especie, y solo ahora en estos tiempos, lo puede ver, porque en el pasado no lo veían con claridad. Nadie podía decírtelo con la claridad con la que te lo estoy diciendo. Pero el amor no es sino unos instantes, unas semanas, unos meses o unos años, y después no sé por qué puede caer en la monotonía, o en la lealtad, porque también puede haberla.

Todo el que habla sobre usted advierte a la gente de que no es solo ese que lanza denuestos contra esto y aquello, sino que es una persona dulce, tierna. ¿Le ha preocupado alguna vez que la gente le vea solamente como el otro? Por dentro soy muy caótico, pero no sé cómo me ven los demás. Debe de ser muy distinto cómo te ven los demás. Soy muy caótico en mi interior, estoy hablando de recuerdos, de falta de atención, la cabeza del ser humano es un parpadeo mental. Anda uno metido en lo que llamamos el monólogo interior, en ese pensamiento ilógico, medio inconexo, surrealista, mezclado con infinidad de cosas, dislocado. Eso es lo que somos la mayor parte del tiempo.

Dislocados. Dislocados.

El colombiano que renunció a su país

Fernando Vallejo nació en Medellín (Colombia) en 1942. Desde 1971 vive en Ciudad de México, tras pasar previamente por Roma (donde estudió cine) y por Nueva York. En la ciudad estadounidense, así como en México, Vallejo siguió los pasos vitales y artísticos del poeta colombiano modernista Porfirio Barba Jacob, un "aventurero homosexual" según cuentan las biografías.

La trayectoria literaria de Vallejo ha sido siempre la de un autor que ha combatido a la Iglesia, a los políticos y, también, a su país de origen, Colombia, del que incluso renunció a su nacionalidad para adoptar la mexicana en 2007. Una decisión de la que se arrepintió al poco tiempo, aunque no fue hasta el año pasado que dejó de ser extranjero en la tierra que le vio nacer.

Entre las áreas que han pisado sus letras están la homosexualidad, la marginalidad y la violencia. Pero Vallejo no solo se ha dedicado a la literatura, sino también al cine. (En la imagen, Vallejo, a la derecha, junto a su hermano Darío. La fotografía sirvió de portada para la novela El desbarrancadero).

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 15 de enero de 2012.

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