Reportaje:

El arca perdida está en Valencia

Una exposición relaciona el mundo cinematográfico de Indiana Jones con los retos de la arqueología real

Vista la traca que acecha en su interior a nadie le extrañará que el arca perdida esté en la ciudad de las fallas. Hablamos del arca cinematográfica de Indiana Jones, claro, y no de la de Biblia, artefacto legendario de las tribus de Israel que ningún arqueólogo en su sano juicio, con perdón de Indy, se pondría hoy a buscar. Pero aunque sea una pieza de atrezzo moderna es increíble la capacidad de fascinación que posee. Es, dentro de la ficción, el arca real, la auténtica, la mismísima que aparecía en En busca del arca perdida (1981) y una las atracciones de la simpatiquísima exposición Indiana Jones y la aventura de la arqueología, que, bajo el lema "Mira lo que hemos encontrado" (!), puede verse en el Museo de las Ciencias Príncipe de Asturias.

El comisario de la muestra usa un sombrero fedora como el de Indy
Entre los objetos están el Santo Grial y el casco ceremonial de Mola Ram

Se la ve tranquila, al arca, en su vitrina, toda dorada, con sus angelitos ensimismados. Sin embargo en una pantalla se proyecta la secuencia de su imprudente apertura y se observa cómo los nazis se desmontan literalmente. La exposición, realizada por Lucasfilm Ltd y presentada por Nacional Geographic Society (NGS), incluye muchos más objetos originales de la saga fílmica, hasta un centenar, que cautivarán a los aficionados. Empezando por un maniquí con la indumentaria de Harrison Ford en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008). ¡Quién no soñaría con ponerse la cazadora de cuero!

Una senda Indy nos conduce en un recorrido por las películas a través de dibujos preparatorios (entre ellos uno de los primeros del personaje de Indiana Jones, rodeado premonitoriamente de cobras), escenas de la serie y elementos diversos. Entre los hitos del recorrido, el ídolo chachapoyas con expresión de mala leche, el cabezal del bastón de Ra que quema en la mano del agente de la Gestapo Toht, el vestuario pseudolevítico del arqueólogo rival René Belloq para el nefasto ritual de apertura del arca, hasta las botellas de Jack Daniels que trasiega Karen Allen en la concurrida taberna del Nepal. Las piedras Sankara, el horrendo casco ceremonial del villano thug Mola Ram, servidor de Kali; la cruz de Coronado... ¡Pero si es que hasta está el santo Grial! Bueno, los dos, el sencillo y el que hace que se pierda la guapa, ceñida y ambiciosa Else. Entre lo más impresionante: la Harley de Shia LaBeouf en la cuarta entrega, uno de los 13 esqueletos alienígenas de cristal sentado en un trono de oro de Akator, y el cuerpo semidescompuesto de Francisco de Orellana, en su armadura, recién extraído de su tumba en el cementerio de Chauchilla.

La gracia de la exposición es que pone en relación el mundo del gran arqueólogo de ficción con la arqueología y los profesionales reales. En diferentes secciones paralelas se narran historias de búsquedas y descubrimientos -las tumbas de Ur por Woolley, Machu Picchu por Hiram Bingham, la civilización olmeca por los Stirling, o la modernísima excavación de tumbas precolombinas en El Caño y Conte (Panamá)-, se explica el método arqueológico y se contrastan las peripecias de Indy con el trabajo auténtico de los arqueólogos. Todo ello a través de otro centenar de objetos, estos sí antiguos de verdad, procedentes de excavaciones pertenecientes al Museo de Arqueología de la Universidad de Pensilvania y al museo de la propia NGS: tablillas y sellos mesopotámicos, vasos griegos, estelas egipcias, cerámica mesoamericana. Destacan piezas de oro del cementerio real de Ur, vasijas de Nazca, una tablilla cuneiforme con el que se tiene por el mapa más antiguo del mundo, o un fragmento de vasija, la más vieja evidencia de elaboración de vino.

El comisario, el arqueólogo canadiense Fredrik Hiebert, destaca el equilibrio entre Hollywood y la arqueología que presenta la exhibición y su decidida voluntad pedagógica. Se toca con un sombrero fedora igual que el de Indy y gesticula cantidad, pero es un acreditado profesional con muchos años de excavación a sus espaldas. Le pregunto qué opina de la controversia en el mundo de la arqueología acerca de si Indiana Jones, de métodos y fines a veces tan discutibles, es bueno o malo para la ciencia. No le cabe la menor duda: "Es una gran inspiración y una fuente de vocaciones y energía. Debe percibirse como lo que es, un personaje de ficción".

Recalca que las aventuras de Indiana no son reales, aunque explica cómo durante una de sus campañas en la Ruta de la Seda fue a parar a un lugar "tan lleno de serpientes que no podías dejar de compararte con él". Y recuerda que cuando le pidió a sus estudiantes que levantaran la mano los que estuvieran allí por las películas "no hubo ni uno solo que no la alzara". "Por Indiana Jones solo podemos sentir gratitud".

No sabe nada de la recién anunciada nueva entrega, pero como arqueólogo sugiere a Spielberg y a Indy uno de sus campos, la arqueología subacuática. "Muchas cosas sorprendentes aguardan bajo las aguas". Hiebert es explorador de National Geographic como algunos de los grandes personajes en los que está inspirado Indiana Jones. De su colega el arqueólogo egipcio Zahi Hawass, otrora reencarnación de Indy que no dudó en asumir el icónico sombrero, explica quevive como un particular en Egipto, "escribiendo libros", a la espera de ver por dónde van las cosas en el país.

Harrison Ford (derecha), en <i>En busca del arca perdida</i> (1981), la película inaugural de la saga.
Harrison Ford (derecha), en <i>En busca del arca perdida</i> (1981), la película inaugural de la saga.CORDON PRESS
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Sobre la firma

Jacinto Antón

Redactor de Cultura, colabora con la Cadena Ser y es autor de dos libros que reúnen sus crónicas. Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona y en Interpretación por el Institut del Teatre, trabajó en el Teatre Lliure. Primer Premio Nacional de Periodismo Cultural, protagonizó la serie de documentales de TVE 'El reportero de la historia'.

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