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Tribuna:Cita decisiva en Bruselas

Condiciones necesarias

La unión monetaria de Europa es hoy menos vulnerable. Las decisiones que adoptó el jueves el BCE atenuarán las tensiones de liquidez en los sistemas bancarios, necesarias para evitar la prolongación del colapso en los mercados de crédito. Los acuerdos alcanzados en el Consejo Europeo son fundamentos mínimos en los que asentar una unión fiscal. La disposición de un escenario constituido por esa forma de integración era una de las condiciones necesarias para reducir la inestabilidad en los mercados de deuda pública de la eurozona.

Claro que no son condiciones suficientes. En primer lugar, porque para eliminar definitivamente las amenazas que pesan sobre algunas de las economías hoy más expuestas a las tensiones en los mercados financieros es necesario algo más que transmitir rigor y propósitos de enmienda en la conducción de las finanzas públicas. Es preciso que la eurozona disponga de la capacidad de disuasión suficiente ante unos inversores en los mercados de bonos que hasta ahora han cotizado fundamentalmente un mal gobierno comunitario, un desamparo de las economías periféricas, una ausencia de solidaridad, de mutualización suficiente de los riesgos.

Los mercados financieros tampoco han discriminado suficientemente entre la naturaleza de los pasivos dominantes en las economías más endeudadas. España, por ejemplo, no tiene un problema de deuda pública equivalente al de Italia. Aun cuando los inversores en bonos presuman que el elevado endeudamiento privado español, y la bancarización del mismo, puede acabar aumentando el déficit público a un mayor ritmo que los demás y, en definitiva, engrosando el stock de deuda pública. Pero es en este punto en el que sería necesario el despliegue de mecanismos defensivos propios de una unión monetaria completa.

La capacidad de adquisición de bonos públicos, de intervención significativa en los mercados correspondientes, facilitaría la definitiva normalización. En especial si tenemos en cuenta que España ha adoptado terapias correctoras a corto y largo plazo de los desequilibrios públicos similares o más radicales que las economías más endeudadas.

Esas nuevas orientaciones en las políticas fiscales, incluso reflejadas en singulares enmiendas constitucionales, y bajo la advertencia de sanciones más o menos automáticas, han sido acordadas por todos los países que comparten moneda. Son señales suficientes para que el BCE muestre su inequívoca disposición a estabilizar los mercados de deuda soberana. En la reunión del jueves contribuyó a paliar algunas de las consecuencias más adversas de esta crisis: las particularizadas en la falta de liquidez de los bancos de la eurozona. No puede minimizarse el alcance de la ampliación a 36 meses de sus operaciones de inyección de liquidez a los bancos, así como la flexibilización de las garantías admitidas en esas operaciones. Ahora los bancos estarán en mejor disposición para dar crédito, incluido el materializado en títulos de los tesoros nacionales.

Para que los acuerdos del Consejo hubieran sido suficientes para despejar completamente las amenazas sobre el euro y alejar los riesgos recesivos, las propuestas del pacto fiscal de la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, deberían haber incorporado las más decisivas del presidente del Consejo. La mutualización de las emisiones de deuda pública, de forma destacada. Esa suficiencia también habría quedado garantizada por la suscripción unánime de esos acuerdos. La automarginación británica no favorece el clima de esa otra necesaria estabilidad, la de naturaleza institucional en el conjunto de la UE, que la transición a una más completa unión económica precisa.

Emilio Ontiveros es presidente de Analistas Financieros Internacionales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de diciembre de 2011