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Crítica:

Un cuento árabe

Un texto previo da una idea de intenciones y tono: "Esto no es más que un cuento". Pero añade una coda: "O quizá no". ¿Un deseo? ¿Una premonición? La fuente de las mujeres: en un pueblo árabe, una joven encabeza una rebelión sobre su situación respecto de los hombres; una huelga de sexo, nada menos.

Desde luego, tiene aureola de fábula. De esas unidireccionales, con la moraleja clara y los personajes estereotipados. También un aire de falta de verosimilitud, con los tiempos que corren, con condenas a muerte por adulterio, con latigazos por participar en películas así. Y, sin embargo, hay dos aspectos que la redimen de su condición de bienintencionado cuento chino. El primero, interno, la fuerza del relato: delicado, tierno, bello, sensible. ¿Demasiado? Quizá sí, pero, ¿no estábamos ante una fábula?

LA FUENTE DE LAS MUJERES

Dirección: Radu Mihaileanu. Intérpretes: Leïla Bekhti, Hafsia Herzi, Sabrina Ouazani, Saleh Bakri. Género: melodrama. Francia, 2011. Duración: 120 minutos.

El segundo, externo, del que nunca se habla en la película, es el que da que pensar: en 2003, Leymah Gbowee movilizó y organizó a las mujeres para poner fin a una larga guerra en Liberia y garantizar su participación en las elecciones. Fue el principio del fin de la contienda. Le han dado el Premio Nobel este año. Y lo consiguió gracias a... una huelga de sexo. ¿Cuento? ¿Qué cuento? Eso sí, hay algo claro. Estamos ante una película francesa, dirigida por el rumano Radu Mihaileanu, el autor de El concierto, protagonizada por mujeres árabes residentes en el país galo, presentada en Cannes, que ha pasado por festivales brasileños, belgas y suecos, y que se estrenará en España, Holanda e Inglaterra. ¿La podrán ver, mujeres y hombres, en Marruecos, Afganistán, Egipto o Siria? La fuente de las mujeres, por desgracia, solo convencerá a los ya convencidos. Ustedes y yo. ¿O servirá de algo? Ojalá que sí. Pero ese es ya otro cuento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de diciembre de 2011