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Análisis:EL ACENTO

Farsas muy científicas

Aseguran los científicos que la reputación es lo único que en verdad poseen. Con ella, un investigador puede acaparar titulares, ser un conferenciante bien remunerado y ganar mucho dinero. El medio de conseguir dicha reputación no es otro que publicar sus investigaciones en las revistas especializadas más prestigiosas, como Science, Nature, Lancet o New England Journal of Medecine, donde se analiza y revisa cada estudio entrante y solo unos pocos elegidos son seleccionados para aparecer en

sus páginas.

Diederik Stapel había logrado con solo 45 años toda la reputación y la fama que otorga haber publicado más de una treintena de investigaciones en Science y Nature. Era decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de Tilburg y dirigía un laboratorio de análisis psicológico para el que contaba con investigadores y becarios suficientes como para seguir adelante con sus interesantes estudios sobre psicología cognitiva.

En pocas semanas, Stapel se ha convertido en un apestado. Sus colegas le han desenmascarado. Falseaba los datos. Inventaba los estudios de principio a fin. Despedido de la Universidad de Tilburg, ha venido a engrosar la ya nutrida lista de científicos tramposos. Sonado fue el caso del surcoreano Hwang Woo-suk, que en 2005 se convirtió durante unas efímeras semanas en el fundador de la medicina regenerativa clonando células de pacientes hasta que se supo que jamás había logrado tal éxito. Casos similares protagonizaron Jan Hendrick Schön con sus avances en nanoelectrónica tan espectaculares como falsos o Victor Ninov, que publicó el descubrimiento nunca hecho del elemento 118, el átomo más pesado.

No se puede decir, por tanto, que Stapel sea pionero en el engaño. Y ello a pesar de su demostrada imaginación. Una de sus tesis fue que la gente sometida a entornos y vidas desordenadas tiende a despreciar a los extranjeros. Otra, que las personas que comen carne son más agresivas que los vegetarianos. Una lástima que sea falsa. Si cambiar la alimentación fuera suficiente para lograr una sociedad más pacífica Stapel hubiera merecido el Nobel de la Paz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de noviembre de 2011