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COLUMNA

En terapia

La abrumadora victoria de Cristina Kirchner en las elecciones argentinas nos causa perplejidad, habituados a un trato condescendiente con la política latinoamericana. La visita de Lula para insuflar algo de orgullo a la izquierda europea en unas jornadas que tenían mucho de boca a boca al moribundo ideológico, nos debería haber llevado a cierta reflexión general. El kirchnerismo, como casi todo lo que rodea al peronismo, es indescifrable para nosotros. A veces parece hacer cierto el verso inigualable del chileno Nicanor Parra cuando escribió aquello de: "la izquierda y la derecha juntas jamás serán vencidas".

Los analistas sobre Argentina tienen una terapia inacabable por delante. Cualquier interpretación es posible, como bien dejó abierto Freud para fomentar su negociado y que no escaparan de él ni los escépticos. Los ha habido que denuncian el populismo más salvaje, la entrega al poder absoluto, la ausencia de oposición real, pero también los que destacan la progresión económica desde las cotas más bajas que marcó el corralito, la apertura de juicios contra la represión y el apoyo de los desfavorecidos. En ese panorama inescrutable, el análisis mediático no se salva. La dedicación de los Kirchner por limar el poder de algunos medios se ha visto correspondida por un trato informativo castigador, ausente en países vecinos. La familia en el poder tuvo desde el primer día la preclara vocación de invertir las derivas mediáticas. Allá donde el negocio televisivo, por ejemplo, impone una desideologización que siempre apunta hacia el neoliberalismo y la ausencia de servicio público, ellos utilizaron los medios públicos para la confrontación y divulgación de sus logros.

Capaces de poner en marcha Encuentro, un canal cultural y educativo, también situaron en la parrilla espacios como el controvertido 6,7,8, donde seis panelistas ejecutan una relectura de lo que se vocea en los medios opositores y lo desmontan con fiereza. Tras el Fútbol para todos, su variante en el terreno deportivo, es el programa más visto de la pública. Lejos de la distancia clínica, la batalla mediática se ejecuta a degüello. No hay inocentes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 31 de octubre de 2011