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Entrevista:HELENA PIMENTA | Directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico

"Los cinco años en el Clásico van a ser un hasta luego a Ur"

Helena Pimenta (Salamanca, 1955) es licenciada en Filología Inglesa y Francesa. En 1987, fundó la compañía Ur Teatro, pero antes de iniciar su andadura profesional fundó y dirigió en Rentería la Escuela de Teatro (1987-1993) y se ocupó de la programación de la Sala Niessen (1987-1995). En 1993, ganó el Premio Nacional de Teatro por un montaje de Sueño de una noche de verano, de Shakespeare. La pasada primavera su proyecto se impuso entre los 19 presentados para dirigir la Compañía Nacional de Teatro Clasico.

Helena Pimenta acompañó ayer a Ur Teatro, el grupo que fundó en 1987 en Rentería, en la presentación en el Teatro Arriaga, de Bilbao, de Macbeth, la última obra que ha dirigido antes de ponerse al frente de la dirección de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) el pasado septiembre.

Pregunta. ¿Qué impresiones ha sacado en estos dos meses en la dirección de la Compañía Nacional de Teatro Clásico?

Respuesta. Mi punto de vista ha cambiado, pero mi pasión y mi enamoramiento por el teatro se han multiplicado. Los primeros días era tal la excitación que me producía que llegaba a casa agotada y con dolor de espalda. Cada día lo toco más con la mano y estoy muy orgullosa de estar ahí.

"El grupo tiene todavía la base de su origen y se nutre de ello"

"Siempre me ha inquietado que los clásicos se queden en el museo"

P. ¿Ha encontrado algún obstáculo con el que no contaba?

R. No, adaptarme a una estructura más grande me ha estimulado. Es un orgullo que exista un proyecto así, que sea público, que lo que se inventó Adolfo Marsillach se haya sostenido después; es una riqueza para todos nosotros.

P. ¿Qué va a pasar en Ur Teatro sin usted?

R. Yo era la madre de la idea que dio origen a Ur, después ha tenido padres y hermanos. Desde hace veintitantos años José Tomé también ha sido padre del proyecto. Quizá lo más doloroso para nosotros, que además somos pareja, haya sido separarnos. Nos hemos repartido el trabajo, yo en la Compañía Nacional, él se queda en Ur. Fue desorientador, para mí ha sido muy duro dejar Ur, sentía que estaba traicionando algo, abandonando algo. Yo he venido aprendiendo que la sensación maternal es bueno no tenerla y que hay que saber apartarse e impulsar las cosas desde otro lado. El proyecto de Ur va a seguir. El espectáculo de Macbeth es hijo de ese momento en que yo ya sabía que iba a tomar un camino distinto. Voy a estar cinco años en el Clásico, con una entrega absoluta, pero va a ser un hasta luego a Ur. La idea es volver.

P. ¿Qué queda en Ur de los inicios en Rentería?

R. Yo fui a Rentería a trabajar al instituto con 22 años. La vida me regaló la posibilidad de encontrarme con el teatro, con una ilusión excepcional. Ha pasado el tiempo, pero Ur tiene todavía la base de su origen y de eso se ha nutrido. Siempre hemos tenido un compromiso con el teatro riguroso, con la comunicación y la necesidad de crear ciudadanía a través del teatro, ciudadanos civilizados y tolerantes. Y con valentía y juego. El texto clásico fue protagonista, junto con la defensa de la autoría contemporánea. Nunca hemos trabajado cómodos, sino con un afán de asumir riesgos. Eso es lo que ha llevado a la situación actual y ese sello sigue ahí. Aquella escuela de teatro en Rentería era algo tan vivo tan humano, que sigue conmigo. Me llevo al Clásico todo lo que Ur me ha dado.

P. ¿Sirve regresar al teatro clásico?

R. Claro, los clásicos tienen esa virtud. Shakespeare es considerado un visionario que fue capaz de ver el alma humana del hombre de su época y del futuro. Siempre entendemos lo que está contando. Nuestros clásicos también. Los textos del Siglo de Oro, salvando algunos aspectos formales, hacen reflexiones extraordinarias. Calderón, Lope de Vega, Tirso definen al ser humano de forma contundente. Era un acto de comunicación absoluto: se manchaba el texto de público y los actores también. El resultado es obras con humanidad y con un sentido popular fenomenal.

P. ¿Qué huella quiere dejar en la CNTC?

R. Siempre me ha inquietado que los clásicos se queden en el museo, que nos interese solo cómo se representaban en una época. Me he preocupado porque se construyan nuevas poéticas, nuevos signos, para contarlo al espectador de hoy. El verso en el teatro español es muy importante, pero el equilibrio entre forma y fondo es fundamental. La interpretación no puede quedarse en una cantinela, tiene que ir a lo más profundo del significado, y que el ritmo sea algo que produzca belleza pero no una fórmula rígida. Tengo claro que hay que aprovechar la calidad de los intérpretes, cada vez más preparados. Estos 25 años del Clásico han creado una sensibilidad, se han generado festivales y un público que ama esos textos. En otros lenguajes como escenografía, iluminación, vestuario, muy del siglo XX, estamos en disposición de dar un espectáculo total y evolucionar. Hasta ahora cuando he dirigido a otras compañías he llevado en la mochila mi manera de entender el teatro, pero he creado mezclas nuevas.

P. ¿Qué combinaciones surgirán ahora en la CNTC?

R. Los actores serán renovados en una parte importante, porque es necesario dar entrada a jóvenes y mayores. Voy a trabajar unos dos años con una compañía estable, en la que entrarán grandes figuras del teatro español. Quiero rescatar a intérpretes muy experimentados que llevan tiempo lejos del clásico. El objetivo, nuestra obligación como institución pública, es la excelencia y la defensa del patrimonio teatral.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de octubre de 2011