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Crítica:

Tridimensionalidad del genio

La prensa cinematográfica parece tener una secreta vocación funeraria. Hay quien se ha apresurado en firmar el acta de defunción del nuevo 3D, sin esperar a ver qué podían hacer con la técnica autores como Herzog, Scorsese, Spielberg o... el propio Wim Wenders que, por cierto, también lleva tiempo ocupando el nicho de los autores enterrados en vida. Curiosamente, una película que funciona, al mismo tiempo, como funeral por la ausencia de alguien irrepetible cuestiona esos juicios agoreros: sí, el 3D puede ser un lenguaje en fértil construcción y un autor como Wenders sigue lo suficientemente vivo y alerta como para emplear esa técnica en la resolución de un problema. ¿Cuál sería la forma cinematográfica precisa para capturar una coreografía de Pina Bausch? La película de Wenders responde a la pregunta infiltrándose en el espacio de los bailarines con un dinamismo visceral, apasionado, atento a cada microgesto... Solo los testimonios de los implicados, casi transfigurados por su contacto con el genio de la Bausch, rompen ocasionalmente el prodigio con un culto a la personalidad que quizá hubiese incomodado a la artista.

PINA

Dirección: Wim Wenders.

Género: Documental. Alemania-Francia-Reino Unido, 2011. Duración: 106 minutos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de septiembre de 2011