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Espaldarazo a una técnica con poderosos enemigos

El permiso concedido por la sanidad británica a Advanced Cell Technology (ACT) para comprobar el uso terapéutico de las células madre embrionarias humanas supone un espaldarazo a una técnica denostada por los sectores religiosos más conservadores.

Estas células se obtienen de embriones congelados. En el proceso de manipulación para conseguirlas se destruyen los embriones (excepto en algún caso con determinadas técnicas), por lo que la Iglesia católica y los grupos de presión cristianos estadounidenses equiparan este procedimiento al aborto.

Por ello, el expresidente de EE UU George W. Bush vetó investigar con ellas. Y por eso, después de que el presidente Barak Obama revocara la prohibición, un juez federal impidió en 2010 que se financiaran estos trabajos con fondos públicos.

Dos meses después, un tribunal federal de apelación suspendió esta decisión con el argumento de que había que dar tiempo a los investigadores para comprobar la utilidad terapéutica de las células embrionarias. Los ensayos clínicos que están en marcha, como el de ACT, son los primeros pasos en esta dirección.

Adultas e inducidas

Existen otros dos tipos de células madre que no se obtienen de embriones humanos, cada uno con sus virtudes y sus defectos. Las células madre adultas, por ejemplo, no plantean debate ético alguno, ya que se extraen de una veintena de tejidos (la médula, la grasa...). Sin embargo, su problema es que hasta el momento, y se conocen desde hace 40 años, han demostrado una limitada capacidad de diferenciación y regeneración de órganos dañados.

La tercera vía -y el futuro- son las iPS (induced pluripotent stem cells o células madre de pluripotencia inducida). Son células comunes de la piel o el pelo sometidas a un proceso de reprogramación, de forma que se convierten en unas células que adquieren la versatilidad de las células madre embrionarias. Su atractivo radica, más allá de que no son embrionarias, en que al obtenerse de las propias células del paciente, los cultivos de neuronas, células musculares o cardiomiocitos que se derivaran de ellas no plantearían ningún problema de rechazo.

Sin embargo, es una tecnología muy reciente (de 2006) que, de momento, requiere del uso de virus en el proceso de transformación celular. Eso, y el riesgo de tumores malignos hace que su uso en humanos esté aún lejos de pensar en su uso clínico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de septiembre de 2011