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Entrevista:MARÍA ROSA SUÁREZ ZULOAGA | Directora de la pinacoteca de Pedraza

"Vamos a reforzar el camino de Zuloaga pese al reparto de la obra"

San Sebastián
María Rosa Suárez Zuloaga (San Sebastián, 1938) está considerada por sus amigos como una "mujer excepcional". Dirigió el Museo de Zumaia desde que enviudó a los 36 años. Ignacio Zuloaga y su mujer, Valentina Dethomas, tuvieron dos hijos, Antonio y Lucía. Ésta, casada con Enrique Suárez Rezola, dio tres nietos al artista: Ramón, María Rosa y Rafael. El legado del pintor ha sido fuente de controversia y litigios judiciales entre los tres hermanos.

María Rosa Suárez Zuloaga pone rumbo a Pedraza de la Sierra (Segovia), donde se encuentra el Museo Zuloaga que dirigirá a partir de ahora. Junto al de Zumaia, atesoran el legado de su abuelo, el pintor Ignacio Zuloaga (Eibar, 1870 - Madrid, 1945) uno de los más importantes pintores españoles. La nieta del artista, mecenas en la Comarca del Urola y directora del museo de Zumaia desde que enviudó a los 36 años, responde por teléfono desde Lerma de camino a su nuevo destino. Una sentencia sobre el patrimonio familiar ha dividido en tres partes la colección de Zuloaga y ella se queda con el museo en la árida Castilla lejos del oleaje de Zumaia.

Pregunta. Su marcha suena a destierro. ¿Cómo ha sido la decisión de quedarse con Pedraza?

"Hemos dividido el patrimonio de mutuo acuerdo tras mucho negociar"

"El apellido Zuloaga más que pesar, obliga. No se puede llevar sin dignidad"

Respuesta. Ha sido una decisión familiar tras la escisión del patrimonio entre los tres nietos. Ahora va haber dos colecciones en Zumaia y otra que se va a Castilla que es la mía.

P. ¿Le hubiera gustado quedarse en Zumaia?

R. Hay una mezcla de sentimientos y siempre pesan porque soy zumaiana de toda mi vida. Pero al mismo tiempo, es una ruta que él [Zuloaga] hizo y toca cambiar de mentalidad. Mis hijos están encantados con este nuevo rumbo. A partir de ahora, cada colección tiene su jefe. Mi hermano Rafael se queda con el museo y la ermita de Zumaia, Ramón con la casa y su Fundación creada por él y luego está la mía que se va a Pedraza y que es una joya.

P. No solo ha dirigido el museo de Zumaia sino que además ha sido una mecenas para muchos artistas. ¿Cómo ha compaginado estas dos labores?.

R. Muy bien porque tengo mucha afición. Me quedé viuda joven, a los 36 años, y por motivos familiares me dediqué a la colección, a fomentar el museo, abrir las puertas a las veladas en Santiago Etxea, a la investigación... Toda esta labor me ha dado pie a contactar con mucha gente. En la época de mi abuelo las puertas del museo siempre estaban abiertas a las personas interesadas en el mundo artístico. Y la gente siempre ha podido entrar y contactar conmigo. El País Vasco tiene gente interesantísima bajo todos los aspectos desde los grandes, Techellea Idígoras, por ejemplo, hasta los jóvenes que ya tienen su carrera. Zumaia fue un foco de todas las tendencias que estaban con falta de empuje. Pero poco a poco han salido adelante.

P. ¿Con qué se queda de su paso por Santiago Etxea?

R. Es una pregunta muy complicada. El tema familiar, los recuerdos buenísimos, y la responsabilidad que nos dejó nuestro antepasado como coleccionista, pintor, como vasco. ¡Con la afición y la locura que tenía por este país!. Por esta responsabilidad hemos sido discretamente unos mecenas. Recuerdos malos no tengo, y eso, que las circunstancias eran en muchos momentos muy duras; la cultura siempre ha estado un poco abandonada en muchos sentidos. En nuestro caso, hemos mantenido el continente y el contenido del museo como hemos podido.

P. ¿Se van a mover las colecciones, habrá cesiones?

R. No, cada uno tiene la suya. Cada uno tiene una muestra de las maravillas que ha dejado Zuloaga y creo que es un bien cultural magníficamente repartido y que seguramente tendrá éxito.

P. ¿Se complementan las tres colecciones?

R. Sí, hay una evolución de Zuloaga en cada colección y luego hay patrimonio de obra antigua que también está en cada colección. Por eso, creo que va a ser muy completo. El reparto ha sido de mutuo acuerdo, ha habido que equipar y hacer muchas negociaciones pero hemos llegado a buen fin y estoy contenta de que las cosas hayan salido bien para el País Vasco y también para Castilla y León.

P. ¿Se abre una nueva etapa en los museos Zuloaga?

R. Vamos a reforzar el camino que nuestro abuelo trazó, ahora con sus tres dueños. Hemos hecho un recorrido largo de unificación de tres personas que llevaban todo aunque yo tenía más ocupación que mis hermanos que son industriales pero ahora cada uno tiene su propiedad.

P. ¿Cuál es la mejor obra que se lleva a Pedraza?

R. La Familia, fantástico. Estuvo expuesto en Nueva York.

P. ¿Qué opina de la falta de acuerdos entre las instituciones y la familia Chillida sobre el futuro de Chillida-Leku?

R. Me da mucha pena porque en este momento un continente y un contenido tan importante de un escultor universal contemporáneo no se puede perder. En el País Vasco necesitamos de Chillida. El artista tiene que tener defensores de su arte y no solo económicamente.

P. ¿Deben los museos de autor dinamizarse para sobrevivir?

R. Cuando no había crisis se nos ha hecho muy poco caso y a los privados menos. Ahora que hay se debe valorar el trabajo de quienes invierten su tiempo en el arte. En este sentido, el homenaje que me hicieron en Zumaia de despedida fue muy gratificante.

P. ¿Pesa el apellido Zuloaga?

R. Más que pesar, obliga. No se puede llevar un apellido sin dignidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de septiembre de 2011