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Crítica:

Una película civilizada

La directora francesa Claire Simon lleva años indagando en las zonas de confluencia del documental y el cine de ficción, pero, si este crítico no se equivoca, Las oficinas de Dios, su último trabajo, es su primera comparecencia en la cartelera española. La película parte de testimonios reales de mujeres que recurrieron a los servicios de diversos centros de planificación familiar parisienses entre 2000 y 2007 y los somete a una singular dramaturgia: un reparto heterogéneo rico en primeras figuras -Nathalie Baye, Marie Laforêt, Béatrice Dalle, Anne Alvaro...- da vida al grupo de profesionales que atiende al no menos diverso grupo de mujeres que se acerca, con surtidos problemas y condicionantes, a ese servicio público que solo puede ser demonizado por la mirada cicatera y precivilizada de los sectores más reaccionarios del tejido social. Actrices no profesionales, libres de toda impostación y de toda retórica interpretativa, se reparten esos papeles, aportando una nueva lección magistral acerca de esa facilidad para el naturalismo que tan a menudo despliega el cine francés.

LAS OFICINAS DE DIOS

Dirección: Claire Simon.

Intérpretes: Nathalie Baye, Marie Laforêt, Béatrice Dalle, Anne Alvaro, Michel Boujenah, Rachida Brakni. Género: Drama. Francia-Bélgica, 2008. Duración: 122 minutos.

Parte de testimonios reales en centros de planificación familiar parisinos

Las oficinas de Dios no es una película extraordinaria: su estrategia acaba revelándose mecánica y acaba imponiéndose la sensación de estar ante un discurso reiterativo. No obstante, conviene reivindicar el trabajo de Simon como película absolutamente necesaria en un momento -y en un país: el nuestro- en que el derecho al aborto y la educación sexual al menor de edad siguen levantando ampollas entre determinados sectores ideológicos que, en breve, quizá vuelvan a tener potestad para retrasar nuestro colectivo reloj moral. En Las oficinas de Dios hay algo de película de Howard Hawks -es la historia de un grupo profesional, comprometido como una tarea que concibe como servicio ciudadano, como consecuencia natural de una firme convicción humanista- o de las ficciones de sustrato periodístico emprendidas por Bertrand Tavernier en trabajos como Ley 627 (1992) y Hoy empieza todo (1999), pero Simon no aplica ningún tipo de levadura narrativa a su material de partida: las entrevistas que mantienen las trabajadoras sociales con las mujeres, de extracciones sociales y contextos culturales diversos, que acuden a las oficinas de planificación familiar en busca de anticonceptivos, apoyo para interrumpir sus embarazos no deseados u otro tipo de preocupaciones son el único material que construye el discurso de la película. Una decisión radical que permite sortear los peligros del melodrama ready-made o las mecánicas de redención moralista que imponen los manuales de escritura de guion.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de septiembre de 2011