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Editorial:

Ecuación por resolver

Un nuevo informe muestra que la calidad del sistema educativo está por debajo de su potencial

Un nuevo informe, Panorama de la Educación 2011 de la OCDE, vuelve a poner en evidencia los clamorosos déficits del sistema español. Hasta ahora, la escasa preparación de los alumnos españoles -en comparación con sus pares europeos- y la altísima tasa de abandono escolar -casi uno de cada tres deja los estudios tras la enseñanza obligatoria- se correspondía con un endémico déficit presupuestario que facilitaba teóricamente la solución de la ecuación. Con más medios y más dinero, el sistema español sortearía poco a poco sus carencias hasta igualarse a los mejores de la clase.

El informe publicado ayer enfrenta a las autoridades educativas a un desafío mayor. Hace tiempo que la baja tasa de natalidad convirtió a España en un país de alto gasto en educación en proporción al número de alumnos, y ahora el nuevo análisis indica que la inversión en porcentaje del PIB está también ya por encima de la media europea y de la OCDE, que los docentes españoles ganan más e imparten más clases y que el número de alumnos por clase es menor. Son datos todos ellos que indican que el problema del sistema ya no residiría tanto en la carencia de medios como en la ausencia de políticas capaces de elevar su calidad al menos hasta el nivel de su potencial, un asunto crucial para un país como España que necesita urgentemente aumentar su competitividad y generar empleo.

La fotografía fija que ofrece el informe de la OCDE es la de un sistema altamente ineficiente al que la mayor parte de los políticos, inmersos ya en una larga campaña electoral, apenas dedican un minuto de su tiempo y sus discursos, más allá de la propuesta de recortes presupuestarios urgidos por la drástica reducción de los ingresos fiscales y la necesidad de equilibrar las cuentas públicas. Tales propuestas, anunciadas ya en Madrid, Galicia, Castilla-La Mancha y Navarra, solo deteriorarán aún más la calidad de la enseñanza en un momento en el que se empezaban a detectar los primeros síntomas de mejora.

El sistema educativo español necesita una revisión profunda que no pasa necesariamente por la inveterada costumbre de derogar y dictar nuevas leyes o de aplicar parches de dudosa oportunidad, como la de prolongar la vida activa de los catedráticos de unas universidades envejecidas e incapaces -ninguna de ellas- de colocarse entre las 100 mejores del mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de septiembre de 2011