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Reportaje:Bestiario estival

La barricada del león

Hoy se cumplen 102 años del fin de la Semana Trágica de Barcelona

Hoy hace 102 años que terminó la huelga revolucionaria de 1909, también conocida por la burguesía local como la Semana Trágica. Corrían malos tiempos para el diálogo, y la absurda aventura colonial en el norte de África estaba segando a los padres de familia de la clase trabajadora. De todos los barrios que se alzaron en aquella ocasión, Gracia destacó como el enclave dónde hubo los enfrentamientos más feroces, y dónde se levantaron más barricadas. La insurrección contra las levas tomó en este vecindario un carácter abiertamente republicano y anticlerical. Quizás por eso me sigue resultando extraño el nombre de este lugar: Sant Pere Màrtir, una denominación no muy acertada para la antigua y rugiente calle del León.

En la calle de Sant Pere Màrtir, antes del León, se levantó una de las barricadas en 1909

En el balance final: 78 muertos, 2.000 juzgados y cinco fusilados, entre ellos Ferrer i Guàrdia

Esta callecita formaba parte del antiguo caserío de la villa independiente de Gracia, bautizada con el nombre del rey de la selva. Pero al incorporarse a Barcelona, dado que ya había una vía con ese nombre, pasó a denominarse como el santo Pedro de Verona, apodado el mártir porque fue asesinado e hizo muchos milagros después de muerto. Para quienes no lo sepan, en este lugar se levantó la barricada más famosa de aquellos días.

Todo empieza el domingo 18 de julio con el embarco de los reservistas de la ciudad con destino a la guerra que el ejército español está librando en Marruecos. Al son de los pasodobles, la burguesía local les despide con escapularios y medallitas, haciendo estallar la ira entre las esposas de los soldados. El lunes 26 se declara la huelga general, al mismo tiempo que llega la noticia de la matanza en el Barranco del Lobo, donde unos días antes habían sido masacrados muchos de los que habían salido de Barcelona la semana anterior. Al día siguiente los barrios obreros amanecen llenos de barricadas. Se declara la ley marcial y se produce el primer tiroteo entre los agentes del orden y los vecinos de Gracia, que dura cuatro horas. La multitud saquea una armería en Torrent de l'Olla y hacen su aparición por las calles las primeras unidades de la milicia.

En esos momentos, el vecindario de la calle del León ya ha levantado su parapeto. Les dirige Esteve Sala Bonany, también conocido por el sobrenombre de El Curandero, un anciano enérgico y brioso que había peleado ya por la Primera República. Armado con un viejo revólver, Sala anima a sus vecinos a levantar los adoquines. Será precisamente a él, a quien después acusaran los militares de haber sido el primer civil que les disparó. Durante toda esa jornada se suceden los tiroteos en esta barricada, cuyas hazañas comienzan a circular por toda la ciudad. ¡El León resiste! se dicen, dándose ánimos, los paisanos que han tomado las calles.

El miércoles aparece un bando en los principales cruces de Gracia prohibiendo la permanencia en balcones y tejados. Durante toda la jornada se escuchan intercambios de disparos y se queman varios conventos. El jueves lo que se oye son los primeros cañonazos de la artillería, que continúan hasta el viernes. Ese fin de semana muchos vecinos salen a recoger los montones de basura acumulada y los queman. El humo de los incendios y de estas piras higiénicas se confunde en el aire húmedo y sofocante del verano barcelonés.

El sábado 31 la ciudad está prácticamente pacificada. Por la mañana las tropas ocupan el barrio. En Gran de Gràcia aparece una brigada municipal encargada de volver a poner en su sitio los adoquines. La barricada del León ha caído, y por todas partes se escuchan ecos lejanos de disparos. Aquella tarde se desencadena la huida; los que han participado en la revuelta saben qué les aguarda. Ese domingo vuelven a salir los tranvías y la policía comienza a hacer detenciones. El lunes 2 de agosto vuelven a abrir las fábricas. Por el camino han quedado 75 civiles y 3 militares muertos. Son juzgadas 2.000 personas, entre ellas Esteve Sala Bonany. Se dictan 59 cadenas perpetuas y hay cinco fusilados, uno de ellos el pedagogo Ferrer i Guàrdia.

Hoy la calle de Sant Pere Màrtir apenas guarda memoria de todo aquello. Pero al final de la acera, donde muere al encontrarse con la calle de Domènech, una palmera y unos bancos cruzados en medio del asfalto me cierran el paso. Con este calor parece como si la vieja callejuela del León se acordase de su pasado insurrecto y de su famosa barricada, y utilizase el mobiliario urbano para volver a oponerse a la tiranía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de agosto de 2011