Análisis:La crisis del euro | Los resultados de los bancosAnálisis
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Cuenta atrás

Los líderes europeos deberían darse cuenta de que se nos acaba el tiempo. La situación de la crisis de la deuda es muy preocupante y el cronómetro del despropósito tiene poco margen ya en la cuenta atrás. Asistimos a un continuo estado de negación, a una prolongación de situaciones muy delicadas que, de no frenarse, nos precipitan hacia un accidente financiero cada vez más cercano. Las pruebas de esfuerzo desarrolladas por parte de la Autoridad Bancaria Europea (EBA) son un nuevo ejemplo del desaguisado que es en estos momentos la coordinación de políticas en la UE. Estos test tienen un antes y un después. El antes, su diseño e implementación, es un fiel reflejo de la descoordinación y la unilateralidad que siguen guiando la acción comunitaria ante la crisis, con una cobertura extraordinariamente desigual de las entidades bancarias analizadas en cada país y un conjunto de criterios y escenarios no siempre fáciles de entender. El después es un examen heterogéneo e incompleto en el que el sector bancario español, por presencia y transparencia, sale reforzado.

Las pruebas de esfuerzo son un nuevo ejemplo de descoordinación
Sin una resolución sobre el problema de la deuda podríamos ir al desastre

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Se supone que de los ocho bancos que no pasan el examen dos son griegos, uno austríaco y cinco españoles. Sin embargo, aun no habiendo pasado supuestamente los test algunas entidades financieras españolas puede hablarse, sin tapujos, de una prueba superada por dos motivos.

En primer lugar, estos intermediarios financieros españoles alcanzarán los criterios mínimos de solvencia antes de que se complete el período mínimo establecido para ello, ya que existe un procedimiento vigente para cubrir y elevar ese capital (el RD-l 2/2011 de reforzamiento del sistema financiero).

El segundo motivo para considerar que se ha superado la prueba es que España se ha planteado los escenarios más duros y, por lo tanto, los más realistas y, además, lo ha hecho para una representación amplísima del sector bancario, lo que le da más credibilidad. Eso sí, como se ha visto en estas últimas semanas, los escenarios sobre riesgo soberano han sido ya superados por la realidad.

De ahí la indignante ocultación y agravio comparativo que supone que gran parte de los bancos de nuestros socios europeos (entre otros, algunos alemanes) no haya pasado por los test, precisamente porque se revelaría que el principal problema actual para Bruselas no es la exposición al mercado inmobiliario en España y otros países, sino el riesgo soberano en todo el conjunto de la eurozona. Sin una resolución urgente a esta situación de la deuda soberana -que más que un problema es una emergencia de primer orden- podríamos estar caminando hacia un desastre.

Hay que tener también en cuenta que, en una época de inestabilidad, nadie se cree unas pruebas en que todos pasan holgadamente y eso España lo tiene muy claro. ¿Y ahora qué? Reestructurar la arquitectura financiera, en lo que algunos países europeos trabajan más que otros, fue precisamente la filosofía inspiradora de aquellas grandes reuniones del G-20 en las que se decidió, entre otras cosas, establecer mecanismos contracíclicos (bien mediante capital, bien mediante provisiones) en el sector bancario.

Sin embargo, la EBA no ha considerado las provisiones estadísticas españolas, tomadas como principal ejemplo en todo el mundo. Alabar las provisiones primero y dejarlas fuera después por no ser un elemento comparable equivale a confundir el criterio con la solución.

El papel de las provisiones no es, absoluto, baladí en España. Si a las provisiones específicas y las famosas genéricas se les suma el reconocimiento de deterioro de valor de activos (minusvalías) desde 2008, el esfuerzo equivale a más del 9% del PIB (100.000 millones de euros). Por lo tanto, hay que continuar con la reforma bancaria -y otras acciones de política económica-, porque el binomio saneamiento-reestructuración es un valor diferencial en España respecto a otros países donde se han quedado, parcialmente, solo en el saneamiento o, más bien, en la recapitalización. A España se le está exigiendo mucho -lo que parece procedente- pero Europa debe responder también porque sin una estrategia conjunta creíble para acotar unos problemas de Grecia y otros países, cualquier esfuerzo nacional será baldío. Subidas de la prima de riesgo superiores a los 100 puntos básicos en una sola semana hacen que España, además de tener que llevar a cabo reformas de gran trascendencia, deba exigir a todos los socios europeos seriedad y coordinación para resolver estos problemas.

En el corto plazo, se afrontan retos muy importantes con la salida al mercado y búsqueda de inversores de algunas instituciones financieras. Con dificultades, nuestras entidades financieras están haciendo sus deberes de reestructuración a diferencia de otros países. Eso sí, es absolutamente necesario que amaine la tormenta del riesgo soberano. Si no fuera así, sigue la cuenta atrás para un accidente financiero -en la forma de un evento de crédito- en la eurozona.

Santiago Carbó Valverde es Catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Granada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0017, 17 de julio de 2011.