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Entrevista:HASAN NUHANOVIC | Extraductor de las tropas holandesas en Srebrenica

"El asesino de mi madre trabaja en el mismo edificio que yo"

Sobrevivir a un genocidio suele comportar una obligación vital: mantener vivo el recuerdo de las víctimas y llevar a los culpables ante la justicia. El bosnio musulmán Hasan Nuhanovic, de 43 años, traductor en 1995 de los cascos azules holandeses destacados en Srebrenica, ha consagrado su madurez a esa labor. Perdió a su padre y a su hermano menor en la ciudad bosnia, asaltada por las tropas serbobosnias del general Ratko Mladic, y acaba de ganar su primera batalla legal.

Después de 16 años huérfano y tras un lustro presentando demandas ante los tribunales, Holanda ha sido declarada responsable de la muerte de sus familiares. Sus tropas, aunque bajo mandato de la ONU, les entregaron al invasor (su madre fue asesinada fuera de la base militar). Hasan ha conseguido abrir la vía, que podría alcanzar a otras víctimas, hacia las compensaciones por lo ocurrido.

"Los políticos de los grupos étnicos están envenenando a la gente en Bosnia"

"Para la mayoría de los serbios, Mladic sigue siendo un héroe"

En su tierra, en Bosnia, también pelea por juzgar al asesino materno. El asunto no acaba de ser investigado en Sarajevo, y él ha llegado a una dolorosa conclusión. Casi dos décadas después del genocidio, la reconciliación entre serbios y bosnios le parece un puente todavía demasiado lejano.

Pregunta. Hace cinco años presentó en Holanda el caso por la muerte de su padre y su hermano, que acaba de ganar. Los asesinos actuaron a la luz del día en Srebrenica. A su madre, sin embargo, la mataron en otra ciudad. ¿Cómo supo quién lo hizo?

Respuesta. Me lo dijeron unos vecinos serbios que vieron al culpable cometiendo el crimen. Todo el mundo le conocía. Era el jefe de policía serbio de mi pueblo. Ahora trabaja en el mismo edificio donde tengo mi oficina, en Sarajevo. Nos cruzamos a diario y nadie hace nada. Indagué por mi cuenta, reconstruí los hechos y remití los datos a los tribunales. Pero solo me han dicho que lo están investigando. Llevan así desde 2006.

P. ¿Lo atribuye a un retraso justificable, o bien es porque las tensiones entre las comunidades serbia y bosnia impiden que los tribunales locales funcionen con normalidad?

R. Los problemas entre Bosnia y la República Sprska (entidad serbia del país balcánico) siguen igual. Ya no hay guerra, pero eso es todo. La parte serbia de Bosnia niega el genocidio. Los criminales de guerra siguen impunes, y hay decenas de miles que deberían ser juzgados. Incluso si los jueces de Sarajevo trabajaran sin cesar, tardarían años en resolver los casos. Mientras no haya voluntad política no se solucionará. Mire, los políticos de los distintos grupos étnicos están envenenando a la gente. Y ya hemos visto antes que el pueblo se deja envenenar. Piense, si no, en la reacción de los serbios cuando detuvieron a Mladic. A la mayoría le seguía pareciendo un héroe.

P. Visto así, ¿qué le parece el hecho de que la comunidad internacional reduzca su presencia militar y policial en Bosnia?

R. Quieren marcharse del todo. El problema de Bosnia lleva muchos años abierto, y parece haber cansado a los círculos diplomáticos y de poder. Pero no podemos quedarnos solos. Tendremos problemas. Incluso podría haber otra guerra.

P. ¿Y la reconciliación entre serbios y bosnios, que tanto enfatiza, entre otros, el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia? ¿O bien la entrega, por parte de Serbia, de Ratko Mladic, para que le juzguen?

R. La justicia debería componer un paquete en el que cupiera el castigo del culpable, la compensación a las víctimas, el reconocimiento público de lo ocurrido, y la aceptación de sufrimiento. Del Tribunal para Yugoslavia se recibe una porción de justicia. Hay reconocimiento, aunque no compensación. Falta lo más importante: la aceptación. Porque los serbios niegan lo ocurrido.

P. Usted trabaja para el Memorial de las Víctimas de Srebrenica. ¿Qué relación tiene con la asociación de madres de los 8.000 hombres musulmanes muertos?

R. Lo importante es que eran bosnios. Es decir, de una etnia distinta a los serbios. Las Madres de Srebrenica y yo hemos sufrido lo mismo, aunque nuestra situación es distinta. Yo me he casado y tengo una hija. Tengo un futuro. Ellas lo perdieron todo. Por eso seguirán yendo al cementerio, en Potocari, cada 11 de julio. Es su vida y lo único que les queda.

P. ¿Ha llegado a entender por qué los cascos azules holandeses entregaron a los refugiados civiles a Mladic?

R. No se puede racionalizar el crimen. Los soldados holandeses querían irse a casa y no les importaba lo que ocurriera. Yo llevo toda mi vida con esto, y hasta mis amigos me dicen que parezco Don Quijote, luchando contra molinos de viento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2011