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Análisis:EL ACENTO

El Estado misógino

La misoginia es una enfermedad de la que difícilmente se va a curar del todo el género humano, pero que un Estado de alto nivel de vida, poblado de rascacielos high-tech y software, la practique en la legalidad, ya es demasiado. Se trata de Arabia Saudí.

Y, peor aún, cuando medio mundo árabe está en la calle derrocando dictadores, pidiendo pan y democracia, con una fortísima representación de la mujer, las saudíes, súbditas que no ciudadanas, no pueden viajar en ascensores con hombres que no sean de su familia, andar solas por la calle, viajar al extranjero sin permiso masculino, y, quizá lo más ridículo de todo, no pueden conducir un coche.

Pero la llamada primavera árabe se cuela por las rendijas y el pasado día 17 un puñado de mujeres saudíes decidieron enfrentarse a esta última prohibición logrando varias de ellas pasearse en vehículo por Riad, la capital, y otras ciudades, durante horas. No fueron más de unas docenas, y todas o casi todas acabaron en comisaría, y algunas habrán pasado unos días detenidas, pero su ejemplo no ha caído en saco roto.

Ese invento de Internet que tan preclaro papel ha jugado entre los manifestantes de El Cairo, Túnez o Sanaá, le está sirviendo también a la mujer saudí para colgar en la Red largos vídeos de esas excursiones y Facebook está que arde de muestras de apoyo de todo el reino.

En esa prohibición universal destaca, sin embargo, una apostilla especialmente subrayada. La mujer no puede ejercer la abogacía porque "está tan falta de mente como de religión", según el credo wahabí, obra de un santón del siglo XVIII, Mohamed bin Abuld Wahab, que es la versión del islam oficial en el país.

Pero que esto no sirva para inflar las filas, ya de por sí bien alimentadas, del sentimiento antiislámico occidental. Ni el Corán, ni los hechos y dichos de la vida de Mahoma, autorizan a creer canónica semejante lista de exclusiones. El único responsable es el régimen saudí, que para que no se le escape nadie ha creado un cuerpo de policía conocido como el Comité para el fomento de la virtud y combate contra el vicio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de junio de 2011