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Crítica:

El origen de la magia

La magia es esa virtud a veces indescifrable que poseen algunas películas que, contando algo inocuo, se tornan trascendentes por la fuerza de los recursos formales utilizados por el artista, capaz de convertir, por ejemplo, en pura poesía visual el simple encuadre de una mujer adulta construyendo un puzle. Es lo que le ocurre a Rompecabezas, extraño y fascinante debut en el largo de la argentina Natalia Smirnoff, hasta ahora directora de reparto de Lucrecia Martel y ayudante de dirección de Pablo Trapero, autores de los que ha extraído parte de su capacidad para el relato minimalista repleto de meandros.

En el fondo, Rompecabezas está contando el descubrimiento de un camino a seguir: "Todo el mundo tiene un don especial, pero a veces tardamos 40 años en descubrirlo", reza su eslogan promocional, en referencia a la sabiduría de una mujer que se lanza a la construcción de puzles. También en el fondo, Rompecabezas es la historia de una paz encontrada en el lugar más recóndito, de una tranquilidad espiritual al borde de la demencia. Pero lo que hace de Rompecabezas una obra mágica poco tiene que ver con su fondo y sí mucho con su forma. Esa cámara nerviosa que, paradójicamente, otorga tranquilidad a la puesta en escena; esa sensacional banda sonora de Alejandro Franov, imprescindible para la consecución de un tono concreto; los movimientos de las manos de su protagonista, María Onetto, otra vez paradójicamente temblorosos y certeros; y el rostro de una actriz inmensa, capaz de expresar sin palabras todo tipo de estados de ánimo, y cumplir así con una de las máximas del método Stanislavski: "Haga que su lenguaje sea taciturno y su silencio elocuente".

ROMPECABEZAS

Dirección: Natalia Smirnoff.

Intérpretes: María Onetto, Gabriel Goity, Arturo Goetz, Felipe Villanueva, Henny Trailes.

Género: drama. Argentina, 2010.

Duración: 88 minutos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de mayo de 2011