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Entrevista:CRISTÓBAL MANUEL | Periodismo Gráfico | XXVIII Premios Ortega y Gasset de Periodismo

"Fue un momento mágico, no podía dejar pasar la oportunidad"

Llevaba más de una hora apostado en una esquina de una calle de Puerto Príncipe. Había escogido ese lugar desde hacía días. Era enero de 2010 y hacía 20 días que había llegado a Haití para cubrir el terremoto que asoló el país caribeño. Tenía la calle y la esquina pero le faltaba el personaje. "Y el personaje apareció de repente. Había caído ya el sol. La luz era crítica y me di cuenta de que estaba ante un momento mágico en el que no podía dejar pasar la oportunidad. Sabía que podía temblarme el pulso". Cristóbal Manuel (Almería, 1960), periodista de EL PAÍS desde hace 26 años, se encontró con la fotografía de su vida, la que le ha valido el premio Ortega y Gasset al mejor trabajo de Periodismo Gráfico.

La imagen, un hombre desorientado y desnudo caminando cabizbajo en medio de la nada representa, según dictaminó el jurado, la desolación de un país devastado. Es una fotografía llena de armonía que refleja la soledad del ser humano en un entorno caótico y de desesperanza.

Fotógrafo de calle, Cristóbal Manuel se encaramó ayer mismo por la mañana a un tejado para sacar una imagen para un reportaje en este diario. "Nunca pensaba que me iban a premiar, pero para mí este galardón es muy, muy importante. Soy un fotógrafo de esta casa y que me reconozcan los cuatro directores con los que he trabajado es lo más grande que me puede pasar", dice Manuel, que aprovechó a la hora de recoger el premio para reconocer la labor de todos los trabajadores de EL PAÍS, "desde los de recepción hasta los de marketing".

Cristóbal Manuel se acordó de ese "lujo" de Redacción con la que ha compartido todo tipo de aventuras. "Por ser mis amigos, maestros, traductores, confidentes, guardaespaldas y hasta madres". Además de dedicar el premio a "toda la cadena de trabajo" de la sección de Fotografía, Cristóbal Manuel tuvo un recuerdo emocionado y directo a los haitianos, a aquel pueblo que fue castigado por un terremoto brutal y que ha dejado su corazón "desnudo y tocado, ya para siempre".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 2011