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Crítica:

El alarido de Ginsberg

"Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura", escribió Allen Ginsberg en la primera línea de Aullido y otros poemas, manifiesto revolucionario de la generación beat que causó tal conmoción en 1956 que incluso llegó a juzgarse su valía artística en un proceso contra el editor (no contra el escritor) de aquella bomba en contra de cualquier poder establecido. Howl, película de Rob Epstein y Jeffrey Friedman, da cuenta de aquel suceso de una forma que, sorprendentemente, resulta libérrima y analítica.

Epstein y Friedman, siempre atentos a los hitos de la cultura homosexual (son los directores del espléndido documental El celuloide oculto), aplican en su película de ficción cuatro niveles distintos, mezclados en una estructura aparentemente compleja, pero muy didáctica, y todos ellos funcionan: una representación de la mítica lectura pública de versos realizada en San Francisco poco antes de la publicación del libro, con la presencia de Jack Kerouac y Neal Cassady, entre otros, que viene a mostrar la trascendencia posterior de toda una generación de escritores; las secuencias del juicio contra el editor, un hito en materia de libertad artística que ejemplifica lo poco que se ha avanzado (A serbian film, en la memoria), y ayuda a entender las distintas argumentaciones críticas a favor y en contra de Aullido; un tercer nivel lo ocupa una entrevista realizada al propio Ginsberg (encarnado por James Franco) en la que se analizan las motivaciones literarias, sociales y culturales del poeta; y un último estrato dramático viene representado por una serie de animaciones aderezadas con los versos de Ginsberg, que traslada al espectador a un universo paralelo entre lo lírico y lo lisérgico.

HOWL

Dirección: Rob Epstein,

Jeffrey Friedman.

Intérpretes: James Franco, Jon Hamm, David Strathairn, Jeff Daniels.

Género: drama. EE UU, 2010.

Duración: 84 minutos.

Los directores de 'Celuloide oculto' firman ahora un filme ensoñador

Con todo ello, Epstein y Friedman firman una película ensoñadora y alucinada, un torrente creativo. Como dijo Ginsberg: "¡La máquina de escribir es santa, el poema es santo, la voz es santa, los oyentes son santos, el éxtasis es santo!".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de marzo de 2011