Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

De la facultad al colegio

El título de este artículo ni constituye una reversión hacia el pasado ni plantea una paradoja. No es tampoco un juego de conceptos o una forma de bautizar las cosas con el asistente discursivo de la ironía. Refleja, más bien, la reivindicación firme de buena parte de los periodistas andaluces que, asociados o no, reclaman un blindaje jurídico más sólido para el ejercicio de la profesión de informar y demandan la aprobación de un colegio andaluz de periodistas.

Es el mensaje que salió del IV Congreso de Periodistas de Andalucía, celebrado hace unas semanas en Jerez. La creación del Colegio de Periodistas de Andalucía no es ninguna quimera. Va camino de convertirse en realidad. La Consejería de Gobernación de la Junta de Andalucía lleva meses trabajando en este supuesto.

Materializar la decisión no es fácil, aunque existen ya precedentes. No somos los primeros, pero tampoco podemos ser los últimos. Algunas comunidades autónomas cuentan con este ropaje legislativo para el ejercicio de la profesión periodística.

Hace casi dos siglos la constitución gaditana de 1812 puso los cimientos de la libertad en Occidente. Tenemos ante nosotros la oportunidad de reclamar la vigencia del bicentenario de La Pepa para construir una nueva efeméride y trabajar para que el Colegio Andaluz de Periodistas vea la luz al amparo de la fecha en que fue promulgada una constitución que garantizaba la libertad y dignificaba la información. Ahora, el reto es dignificar al informante.

Los periodistas andaluces necesitamos salir de la facultad para entrar en el colegio. La utilidad del título universitario no puede ser sólo académica, debe tener irreversibles efectos profesionales. Que el periodismo formara parte de la ordenación docente de la universidad española y andaluza fue una conquista. Nos corresponde materializar un nuevo desafío: que esa formación al máximo nivel sea habilitante.

Las agresiones a los periodistas no consisten sólo en la violación sistemática en muchos países de la libertad de información hasta el punto de poner en riesgo sus vidas, también en la persistencia de unas condiciones laborales y salariales que no encuentran el parapeto en una legislación marco.

El periodismo para ser ejercido sin rémoras necesita de dos contrafuertes: libertad para informar y dignidad profesional. En España está garantizada constitucionalmente la primera, pero existen severos escollos para generalizar la segunda.

La paradoja no está en salir de la facultad y entrar en el colegio. Se halla en la situación que viven cientos de periodistas, que ejercen su profesión en la disyuntiva de construir el relato informativo de todos los conflictos sociolaborales que emergen a su alrededor, pero que se estrellan contra un frontón para replicar un correlato hacia su complicada experiencia profesional, que permanece soterrada. Los medios informan a diario sobre las debilidades de la sociedad, pero manifiestan una resistencia natural a mostrar las propias.

La crisis ha afectado especialmente a los medios de comunicación. Muchos periodistas han terminado en las listas del paro porque muchas empresas informativas han cerrado o han aliviado sus costes recortando plantilla.

Aquí, y en los anteriores motivos, tiene su justificación el Colegio de Periodistas de Andalucía. No cabe caer en la ingenuidad ni en el entusiasmo desmesurado. Su creación no llevará aparejada la solución inmediata de los problemas que atañen a la profesión. Es tan imposible como impensable. No es una varita mágica, ni una receta para todo, ni acarrea efectos taumatúrgicos. Es una herramienta con una cochura jurídica que se eleva sobre el escaso peso corporativo de las tradicionales asociaciones de la prensa, que debemos poner en valor, pero que han representado un bien menor. El nacimiento de uno no constituye el acta de defunción de las otras.

Las asociaciones de la prensa tienen una naturaleza social y su andamiaje jurídico es débil para la defensa de los periodistas. Se quedan en el terreno de las proclamas, pero son incapaces para, además de ser influyentes, convertirse en condicionantes. En cambio, el colegio persigue una finalidad profesional para que los periodistas, además de armados con el rigor de la veracidad, tengan de su parte también el vigor de la ley. En esa estamos. Para conseguirlo, habrá que salir de la facultad para entrar en el colegio. No hay otra.

Francisco Perujo Serrano es doctor en Periodismo y director de la Oficina del Portavoz del Gobierno andaluz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de marzo de 2011