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Catástrofe en el Pacífico

Japón cerrará la central de Fukushima

Los técnicos estabilizan el reactor 3, pero aún quedan dos en situación de peligro

Los días de la central nuclear Fukushima I están contados. El Gobierno japonés aseguró ayer que será cerrada, una vez que se solucione la crisis atómica que desde hace 10 días tiene en vilo a Japón y la comunidad internacional.

Fukushima sufrió una serie de explosiones, como consecuencia del terremoto de magnitud 9 y el posterior tsunami ocurridos el día 11 en el noreste del país, que desencadenaron la fuga de material radiactivo. El desastre llevó al Gobierno a evacuar a la población en 20 kilómetros a la redonda de la central, a imponer una zona de exclusión aérea sobre ella para evitar la difusión de la radiación, y a urgir a permanecer dentro de los edificios a quienes viven de 20 a 30 kilómetros de la zona.

Los fallecidos son ya 8.450, y casi 13.000, las personas desaparecidas

Aunque el temor a que se produzca una nube tóxica similar a la de Chernóbil (1986) no se ha evaporado, la situación ha evolucionado favorablemente en los últimos días. Los técnicos lograron restablecer ayer el suministro eléctrico al reactor número 2 -la planta tiene seis-, lo que supone un paso crucial para enfriar las barras de combustible usado y limitar la fuga de radiactividad mortal. Tokyo Electric Power (Tepco), la compañía que opera la nuclear, explicó que espera poner en marcha la sala de control, la iluminación y el sistema de refrigeración del reactor 1. Este recibirá la electricidad del 2, ya que ambos están conectados. El reactor 3, el más preocupante porque contiene plutonio de gran toxicidad, está estabilizado. Los equipos de emergencia tienen previsto alcanzar hoy o mañana el reactor 4. Los reactores 5 y 6 están bajo control: han bajado la temperatura a niveles aceptables tras varios días de bombear agua en sus piscinas de almacenamiento de combustible.

Tepco reveló que seis trabajadores de Fukushima que estuvieron expuestos a altos niveles de radiación continúan trabajando y no han sufrido problemas de salud. Si las medidas en marcha no logran tener éxito, los técnicos deberán tomar decisiones más drásticas como cubrir la central con un sarcófago de arena y hormigón, similar al de Chernóbil.

Alrededor de 300 ingenieros y técnicos trabajan a marchas forzadas dentro de la zona de peligro para evitar una catástrofe. "Creo que la situación está mejorando paso a paso", aseguró Tetsuro Fukuyama, portavoz del Gobierno.

Pero si la situación en la central de Fukushima mejora poco a poco, cada día aumenta el balance de víctimas de la peor crisis que ha sufrido Japón desde la II Guerra Mundial. Las autoridades elevaron la cifra de fallecidos a 8.450 personas y la de desaparecidos, a 12.931. Las dos podrían solaparse, ya que muchos de los cadáveres que han sido recuperados no han sido identificados aún, por lo que pueden estar incluidos entre los desaparecidos. Más de 360.000 personas desplazadas de sus hogares continúan alojadas en duras condiciones en escuelas, gimnasios y edificios del Gobierno.

Otra nota de optimismo se produjo cuando fueron localizados dos supervivientes del terremoto y el tsunami. Una mujer de 80 años y su nieto de 16 años fueron rescatados después de que el adolescente consiguiera salir de entre las ruinas de su casa de dos pisos destrozada. Lograron sobrevivir nueve días con la comida que tenían en la nevera.

Además, el Gobierno dio orden de suspender la venta de espinacas de una región y la de leche de otra, cerca de Fukushima, después de que las pruebas realizadas encontraran niveles de radiactividad de yodo superiores a los límites de seguridad. El agua de Tokio, en la que se había detectado yodo, ha dado positivo también de cesio. Los niveles en ambos casos son muy bajos. En Taiwan ha sido identificada radiactividad en un lote de habas importado de Japón, aunque en cantidad muy inferior a la dañina para la salud.

En Tokio, la vida comienza a regresar lentamente a la normalidad, ante la mejoría de la situación en Fukushima, 240 kilómetros al norte. Muchos ciudadanos huyeron de la capital la semana pasada hacia el sur, mientras otros se encerraron en sus casas por temor a la potencial llegada de radiactividad. Pero, hartos de permanecer recluidos, se han echado a la calle este fin de semana, especialmente en las zonas comerciales y de entretenimiento, a pesar de que siguen inquietos. "Estoy un poco asustado, pero el pueblo japonés es muy fuerte y superaremos la situación", dice Takashi Oka, un médico de 26 años, en el barrio de Ginza, conocido por sus tiendas de lujo. A su alrededor, la gente pasa con bolsas y entra y sale de las tiendas.

En el distrito de Shibuya, la gente vuelve a cruzar en masa su famoso cruce en X. Pero las tres pantallas gigantes que presiden el damero de semáforos y pasos de cebra siguen a oscuras. Tepco afirmó ayer que intentará reducir los apagones rotatorios impuestos en parte de Tokio.

Algunos países asiáticos controlan tanto los alimentos como a los pasajeros de Japón para comprobar sus niveles de radiación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de marzo de 2011