Zahi Hawass, gran faraón de la egiptología, abandona su trono
El ministro de Antigüedades dimite para protestar por los expolios continuos
Durante años ha sido el faraón que todo lo controlaba. Solía decirse que ni un grano de arena del desierto se movía sin que él lo supiera. Cualquier autorización para excavar, anunciar un hallazgo, organizar una exposición o hacer un reportaje periodístico requería una visita a su despacho en la isla de Zamalek. Zahi Hawass ha reinado la última década en el Consejo Superior de Antigüedades egipcio y el rais Hosni Mubarak le ascendió a los cielos ministeriales antes de claudicar el pasado 11 de febrero, dándole la cartera de Antigüedades en su último Gobierno. Parecía inalcanzable pero el terremoto político que la revolución del 25 de enero ha causado en todo Egipto ha terminado alcanzándole. Dice que se va para protestar por los expolios que no han cesado desde que empezaron las manifestaciones, que no formará parte del nuevo Gobierno. Y que está contento de haber tomado "la decisión correcta".
"La gente que me critica son insectos, no son nada", dice el arqueólogo
En las últimas semanas, Hawass había sido el blanco de las críticas que se ciernen sobre los adeptos al clan Mubarak. Le acusan de corrupto y de intentar buscar su beneficio y popularidad personal a costa del patrimonio egipcio. Desde hace años es el rostro de la egiptología, con su sombrero y su carácter de aventurero, y ha aparecido en decenas de documentales. También ha remozado las desvencijadas instalaciones de los yacimientos, aunque muchos son los que consideran que siempre prevaleció su afán de lucro. Además se le consideraba un hombre del régimen, algo que ha negado con insistencia.
Hawass estuvo ayer ilocalizable durante todo el día, pero en una entrevista telefónica con The New York Times criticó a sus críticos, y aseguró que se va porque ya no puede proteger las antigüedades de Egipto. "Esas personas son insectos, no son nada. Pero lo que realmente me molesta es la situación que usted lee hoy en mi web", señaló. A lo que Hawass se refería es a la publicación en detalle de los sitios arqueológicos que han sido dañados o saqueados desde el inicio de la revuelta egipcia, la primera información completa que se conoce de la situación del patrimonio egipcio en medio de la confusión de las últimas semanas.
En Saqqara, donde se encuentra la pirámide escalonada de Zoser y donde hay numerosas tumbas de elevado valor arqueológico, "varios candados han sido abiertos". Al parecer, según cita el egiptólogo en su página web, la necrópolis de Saqqara, uno de los principales yacimientos del país, "ha sido atacado sistemáticamente por criminales". En la tumba de Ptahshepses han robado piedras con jeroglíficos y partes de las puertas falsas. También han desaparecido parte de los jeroglíficos de la tumba homónima en Abusir.
Unos kilómetros más allá, en Dashur, donde se encuentra la pirámide Roja, han sido atacadas las instalaciones de la misión arqueológica del Metropolitan Museum. Los asaltantes redujeron y ataron a los guardias para ejecutar el hurto. En Abusir, los expoliadores han entrado en los almacenes de la expedición checa. Lo mismo ha ocurrido en lugares como Tel el Basta y Wadi el Feiran, muy cerca de Sharm el Sheikh.
También en Giza, en cuya meseta se encuentran las pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos, los "criminales lograron entrar en el almacén Selim Hasan". Hawass detalla que los asaltadores "iban armados y redujeron rápidamente a los guardias que no portaban armas y temieron por sus vidas". Cerca de la Esfinge también ha sido expoliada la tumba de Impy. Los inspectores están aún valorando las pérdidas y comprobando los inventarios arqueológicos tras cuya investigación redactarán un informe.

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