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Crítica:

¿Quién es Brillante Mendoza?

En una secuencia del último tercio de Lola (Abuela), octavo largometraje de ficción del filipino Brillante Mendoza, un equipo de televisión (o de cine) que se supone filma un documental se inmiscuye en la trama principal de la película con la siguiente conversación durante un trayecto en tren: "¡Mira ese niño, va desnudo, fílmalo!". "¿Lo hago con la imagen a cámara lenta?". "Sí, que eso le encanta a la gente". En tres frases, cierto que no demasiado sutiles, Mendoza está ejercitando un discurso moral sobre la práctica de hacer cine. Un dardo que parece dirigirse hacia esos experimentos de retrato de una miseria de diseño del tipo Slumdog millionare, y de las que Lola se encuentra completamente alejada con su hiperrealista visión de Manila y sus alrededores, un lugar arrasado por la pobreza, la suciedad, la corrupción, una exasperante burocracia y, sin embargo, poblada por supervivientes natos dispuestos a la redención, a los que él filma siempre con la cámara al hombro y escrutando cada detalle, para convertir al espectador en una criatura más del desolado paisaje.

LOLA (ABUELA)

Dirección: Brillante Mendoza. Intérpretes: Anita Linda, Rustica Carpio, Tanya Gómez, Jhong Hilario. Género: Drama.

Filipinas, 2009.

Duración: 110 minutos.

Estamos ante un director de una fuerza visual y social esperanzadoras

Apichatpong Weerasethakul, Naomi Kawase, Pedro Costa, Lisandro Alonso, Tsai Ming-liang, Brillante Mendoza... Cineastas de todos los rincones del mundo, con discurso semejante, aunque expuesto a través de estilos en principio opuestos, y que, sin embargo, comparten algo que el cinéfilo español entenderá a la primera: son venerados por buena parte de los críticos (mientras irrita a otros) y por los festivales internacionales de corte más experimental, y sus trabajos van llegando a España con cuentagotas tras un tiempo en el que ninguna distribuidora parecía confiar en su comercialidad (limitada, por supuesto) a causa de su demostrada dificultad para conectar con el público medio de los cines de versión original. Y aunque a algunos nos sigan ejerciendo de somnífero la mayoría de los productos de Costa o Alonso, el estreno del primer Mendoza en España (las inéditas, e interesantísimas, Foster child y Serbis se pueden encontrar en DVD de importación o ya saben ustedes dónde) supone todo un acontecimiento. Porque, aunque quizá Lola no sea más que una puesta al día del cinéma vérité de siempre, con sus huidas de las estructuras aristotélicas, su libertad narrativa, sus aparentes tiempos muertos que no lo son tanto, y aunque su modernidad y transgresión no sean tan meridianas como algunos opinan, lo cierto es que estamos ante un director de una fuerza visual y social esperanzadoras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de marzo de 2011