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Crítica:

Ángeles de la política

Los amantes del cine político estamos tan ávidos de un género que no suele practicarse que en cuanto nos muestran a un aspirante a gobernador, unos buenos diálogos y unos actores con carisma, nos ilusionamos. Algo que ocurre con la primera media hora de Destino oculto, debut del hasta ahora guionista George Nolfi, escritor de un par de productos de notable estampa política: La sombra de la sospecha y El ultimátum de Bourne. Sin embargo, transcurridos esos primeros minutos, se revela una trama paralela de corte mágico, entre la ciencia ficción ligera y la adulta, que viene a provocar la irresistible sensación de que estamos ante una tontería ¿Tontería? No tanto.

Estamos ante la adaptación de un relato de Philip K. Dick, escritor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (ya saben, Blade runner), que reflexiona, mientras entretiene, sobre el azar y el libre albedrío. Una película con un sorprendente parecido en sus subtextos y algunas imágenes con A vida o muerte, la obra maestra de Michael Powell y Emeric Pressburger: la presencia de los ángeles, la paralización del tiempo, el amor como detonante del cambio, el permiso del jefe de arriba... De modo que, aunque se dedique demasiado esfuerzo para explicar lo inexplicable y el talento visual de Nolfi no sea excesivo (lo que lleva a que un cierto olor a serie B se convierta directamente en tufo), la película no es ninguna estupidez.

DESTINO OCULTO

Dirección: George Nolfi.

Intérpretes: Matt Damon, Emily Blunt, Anthony Mackie, John Slattery.

Género: ciencia ficción. EE UU, 2011. Duración: 105 minutos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de marzo de 2011