Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
COLUMNA

¡Quieto todo el mundo!

Aquel grito de hace 30 años, aquella imagen, aquellos bigotes, aquel tricornio: jamás los podremos olvidar los que andábamos entonces por Madrid y los millones de personas que seguían todo por la cadena SER durante aquella larga noche. Lo recuerdas ahora y parece como una ensoñación esperpéntica, una pesadilla chunga, un óleo de Gutiérrez Solana.

Mañana hace 123 años que nació el genial pintor madrileño. Tejero se retrasó mucho para que José Gutiérrez Solana pudiera haberlo plasmado en un lienzo para la historia de la pintura y de los desatinos patrios. Pero, bueno, salimos de aquella, y Tejero lo que hizo en realidad fue consolidar la figura del rey Juan Carlos I y constatar la categoría de Adolfo Suárez, uno de los políticos más ejemplares del siglo XX.

Ya que hablamos de sustos globales: que hoy se cumplen 20 años de la finalización de la guerra del Golfo. Se te ponen los pelos de punta, porque ahora mismo está todo el mundo con canguelo similar por lo que ocurre y lo que pueda ocurrir en muchos países árabes, aquí, al lado. No gana uno para sustos.

En cuanto a Gutiérrez Solana, su obra como escritor es sorprendente: con una prosa magnífica, ha escrito sobre Madrid y sus costumbres como nadie. Cada palabra es una pincelada, a veces un brochazo desenfadado y certero. Es una gozada leer, por ejemplo, Madrid callejero (1923), escrito en pleno desescombro del centro de Madrid para construir la Gran Vía, en los tiempos memorables de la tertulia del Pombo, donde Solana se juntaba con otros como él y como Ramón Gómez de la Serna. Por cierto, ¿qué pensarán todos esos señores de Tejero, o de Gadafi, o de la incertidumbre de la morería, o de la cantidad de colillas que hay en las aceras? Cada vez se fuma más por la calle. Todo el mundo al suelo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de febrero de 2011