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Reportaje:

Historia de una búsqueda

Maha Akhtar relata en su novela 'La princesa perdida' el duro proceso para perdonar a su madre

La vida de Maha Akhtar (Beirut, Líbano, 1964) ha estado marcada por un secreto y una confesión. Conoció siendo adulta la identidad de su padre biológico, que había fallecido años antes. Ajit, su padre biológico, era hijo del marajá de Kapurthala y de la bailaora malagueña Anita Delgado. Tras contar el descubrimiento de sus orígenes en el libro La nieta de la maharaní, Akhtar ha descrito su búsqueda interior y lo que sintió tras conocer la identidad de su padre. Relata todo esto en La princesa perdida, que acaba de publicar Rocaeditorial.

"Mi búsqueda me ha cambiado la vida en el sentido de que soy muy feliz y tengo una paz mental y una tranquilidad tremendas. Cuando mi madre me confesó quién era mi padre biológico me sentí como en una montaña rusa", comenta Akhtar, que divide su tiempo entre Nueva York, Sevilla y Nueva Delhi. Es bailaora profesional de flamenco y ha creado coreografías con la Compañía Manuela Carrasco. La autora de La princesa perdida es articulista para el periódico The Times en la India y escribe para distintas revistas estadounidenses.

"Asimilar todas las repercusiones de la confesión de mi madre fue un proceso muy duro que creo que hubiera sido más fácil de aceptar si yo hubiera sido una niña. Siendo adulta y con mi sangre de periodista, me dio rabia el hecho de que nadie me dijera nada. Mi madre me lo confesó en 2005, tres meses antes de fallecer", explica Akhtar, que tiene nacionalidad estadounidense.

"En mi primer libro conté los hechos de la historia, más desde el punto de vista de una periodista. En este segundo libro lo cuento desde el punto de vista más emocional, más sentimental. El primer libro fue una manera de dar una voz a mi madre. El segundo es el proceso de haber podido perdonar a mi madre", asevera.

"Mi madre sacrificó mucho por mí. Ha sido muy difícil perdonar a alguien que falleció hace casi cinco años porque no la puedo mirar a los ojos y pedirle perdón por haber sido tan dura con ella. Desde que me dejó en un internado inglés cuando yo tenía siete años, no tuvimos una buena relación. Ahora entiendo que ella me dejó para poder ser la persona que soy ahora y que se sacrificó mucho por mí", evoca la autora.

"Lo más duro fue que, a la vez que entendí el sacrificio que hizo por mí, tenía un sentimiento de culpabilidad por haberla rechazado de mi vida desde los siete años hasta que falleció. No tenía la oportunidad de mirarla y hablar con ella. Tenía el sentimiento de culpabilidad de haber perdido 35 años de mi relación con mi madre. Siempre pensé que me dejó en el internado y que me abandonó porque no me quería. Crecí con rabia hacia mi madre. En este libro perdono a mi madre. Mientras ella estaba viva no recibió ese perdón", afirma Akhtar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de febrero de 2011