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Editorial:

Explicación a medias

Gobierno y oposición frustran un debate político sobre los recortes en el Estado de bienestar

La opinión pública merece un debate parlamentario que esclarezca las razones de las reformas económicas y sociales impulsadas por el Gobierno. La sociedad española ha asistido durante los últimos meses a una congelación de las pensiones (salvo las mínimas), un cambio laboral que ha abaratado el despido, una reforma del sistema de pensiones que ha reducido las prestaciones como mínimo un 12% para cuando entre en vigor la jubilación a los 67 años y el desarrollo de programas contra el desempleo cuyo último ejemplo es el Decreto Ley de medidas urgentes para promover el empleo estable, aprobado ayer mismo en el Congreso. Pero el PSOE y el PP hurtaron otra vez el debate de fondo para entregarse a una riña estadística pueril sobre la cobertura de los parados; y los ciudadanos siguen sin enterarse de las razones de ese brusco e intenso giro social a estribor de un partido socialdemócrata.

Es verdad que Zapatero, peticionario de la comparecencia, hizo algo más que la oposición por exponer una política social coherente. Aunque el único atisbo de explicación se resumió en dos apuntes: "Cuanto mayor sea el vigor y la profundidad de las reformas para mejorar la competitividad mayores serán las posibilidades de consolidar y mejorar el Estado del bienestar", dijo el presidente. Y se felicitó de que el Pacto Social "ha transmitido la confianza sobre la solvencia de las cuentas públicas". Las dos afirmaciones son ciertas, pero la primera requiere razones que el presidente no dio y que el PP se niega a reconocer.

La crisis financiera y la recesión (que Zapatero no provocó, aunque no supo abordar ninguna de las dos a tiempo y con firmeza) han causado una pérdida de riqueza en la sociedad española que se traduce en una merma real de rentas. La situación es más delicada en una economía con una fiscalidad débil y que ha de recurrir a la financiación exterior en proporciones que la hacen vulnerable ante los mercados. Un Gobierno no siempre tiene la política social que quiere, sino la que le permiten sus disponibilidades financieras coyunturales. El presidente podía haber detallado las consecuencias del crash financiero y de la crisis inmobiliaria y explicado a los ciudadanos la magnitud de esa pérdida de rentas. Pero optó por relatar sus avances sociales, cada vez más lejanos, costeados en época de prosperidad, y una agenda futura plena de buenos deseos.

A este rumbo del presidente se sumó ayer, como otras veces, el reglamentario recuento de agravios contra los derechos sociales recitado por el presidente del PP. Rajoy se tocó con el gorro sindical, sin apercibirse de que, si llega a gobernar, también tendrá que aplicar recortes sociales; y que su agenda social se parecerá a la que ayer expuso el Gobierno (políticas activas de empleo, educación y sanidad). No cesa el jefe de la oposición de abrigarse con generalidades. "No existe mejor política social que crear empleo", dijo. Muy de acuerdo. Falta saber como pretende crear puestos de trabajo. Que no sea con otra burbuja inmobiliaria, por favor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de febrero de 2011