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Reportaje:MUJERES

La mitad del cielo... cuando las dejan

La marea de graduadas en China topa con los obstáculos en el mundo laboral

He Limin, una joven china de 27 años, original de Datong, ciudad minera de la provincia norteña de Shanxi, aterrizó hace cinco años en Pekín con un flamante diploma de Economía y la ilusión puesta en el futuro. "Pekín no está lejos y mis padres querían que viniera aquí porque hay más oportunidades", cuenta con voz suave en un café del centro de la capital. "Al llegar, viví unos días en casa de unos amigos de mis padres, y comencé a buscar trabajo a través de Internet en temas relacionados con lo que había estudiado", dice, vestida con una cazadora amarilla y un pañuelo azul alrededor del cuello.

Tras varias entrevistas, encontró un puesto en una empresa de cambio de divisas para compañías exportadoras. Pero rápidamente se dio cuenta de que la oferta no era lo que parecía. "El trabajo sonaba interesante, pero en realidad no tocabas el negocio. Solo hacía de recepcionista. Éramos cinco chicas y un hombre: el jefe. Los tres primeros meses cobré 1.200 yuanes (130 euros), luego pasé a 1.800 yuanes (202 euros). No tenía seguro sanitario. El jefe me dijo que me subiría a 2.000 yuanes (224 euros) a los seis meses, pero nunca cumplió su promesa. Solo quería chicas porque, según decía, somos más adecuadas para tratar con los clientes y porque nos pagaba menos. Al año, lo dejé".

La eclosión educativa impulsa el desarrollo, pero presiona el empleo

He Limin forma parte de la marea de estudiantes que cada año salen de las universidades chinas y se enfrentan a grandes dificultades para encontrar un empleo en el competitivo mundo laboral chino. A pesar de su fuerte crecimiento, la economía de este país no es capaz de generar suficientes empleos cualificados, y el problema se agrava en el caso de las mujeres, a menudo objeto de discriminación. Muchos empleadores prefieren contratar a hombres. Otros les pagan a ellas salarios inferiores.

Tras dejar su empleo, He recurrió a la vía más común en China para solucionar problemas: las relaciones o guanxi. Un mes después, estaba trabajando en una empresa suministradora de la compañía nacional de distribución eléctrica, primero en temas estadísticos y luego en Recursos Humanos. El salario: 1.500 yuanes (168 euros) al mes y alojamiento gratis en un sótano. Al año, lo dejó también ante la falta de perspectivas. "Las empresas se aprovechan", se queja.

Tienen donde elegir. Si a finales de los noventa las universidades producían alrededor de 800.000 graduados al año, en 2009 la cifra fue de 6,1 millones. Una eclosión educativa que dará un fuerte impulso al desarrollo económico de China a largo plazo, pero que somete a una gran presión al mercado laboral y, en especial, a las chicas. A los seis millones de recién graduados en busca de empleo, se suma alrededor de otro millón de universitarios que no encontraron ocupación en años anteriores. El 48% del total son mujeres.

El desmantelamiento de las viejas estructuras comunistas y la inmersión en el capitalismo ha llevado a muchos empresarios a preferir no emplear a mujeres, a pesar de la vieja máxima de que las mujeres sostienen la mitad del cielo de Mao Zedong, fundador de la República Popular China.

"La discriminación existe, pero no es un fenómeno universal. Es resultado de la transformación económica. Cuando China funcionaba bajo el sistema de economía planificada, no había competencia, pero ahora las empresas tienen que hacer frente al mercado", afirma Pan Jintang, profesor de Relaciones Laborales y Recursos Humanos en la Universidad Renmin (Pekín). "Las graduadas no solo sufren la misma presión que sus compañeros para conseguir un empleo, sino que las empresas prefieren contratar a hombres porque el matrimonio y la maternidad afectan la eficiencia de las mujeres. Si yo fuera empresario, creo que también preferiría emplear a un hombre", dice.

Y prosigue: "En cuanto una joven encuentra trabajo, se casa, tiene un hijo y se va de baja maternal. La empresa debe encontrarle un sustituto. Además, según la ley, el empleador tiene otros gastos relativos a la protección laboral de las mujeres, y esto incrementa los costes". Pan asegura que alrededor del 40% de los 302 millones de personas que trabajan en las zonas urbanas en China son mujeres. Dos tercios de la población, que asciende a 1.320 millones, viven en el campo.

La ley estipula que las compañías deben conceder bajas maternales remuneradas y contribuir a cubrir los costes del nacimiento; algo que suele ocurrir en los organismos públicos y grandes compañías, pero no, a menudo, en el sector privado. Los despidos por quedarse embarazada, casarse e incluso echarse novio no son raros.

Tras dejar su trabajo, He intentó en 2009, sin éxito, pasar el examen para convertirse en funcionaria, y acometió otra decena de entrevistas. Algunos puestos los rechazaba ella por lo mal pagados que estaban. "Para las mujeres es más difícil encontrar empleo. Una compañera mía tuvo que ponerse a dar clases de inglés en un colegio con un sueldo muy bajo. Cuando se casó, lo dejó y está en casa sin hacer nada. No es justo que las empresas prefieran a los hombres", dice.

He, que vive con su novio en un piso compartido con otras seis personas, tampoco trabaja ahora, y, en una sociedad en la que las jóvenes son mucho más conscientes de sus derechos que la generación de sus madres, no está dispuesta a aceptar algo que considere injusto. "No cogeré un trabajo en el que me paguen menos de 3.500 yuanes [393 euros]", dice tajante.

Otras optan por el autoempleo. Como Chen Kun, de 26 años, de la provincia costera de Shandong, graduada en informática. Chen llegó a Pekín en 2005, y vivió seis meses en casa de unos familiares. "Comencé de vendedora en una tienda de ordenadores, pero el jefe nunca cumplía lo que prometía, así que me fui y entré en una casa de té. No me pagaban mucho -unos 180 euros-, pero me daban la comida y sitio para dormir. Trabajaba un día sí y un día no, y en el tiempo libre vendía ordenadores. Luego dejé la casa de té, y, desde entonces, me dedico a vender ordenadores y componentes en Internet, aunque la mayor parte del tiempo estoy navegando en Internet o viendo películas surcoreanas".

Chen no ve muchas alternativas. "Debería buscar un empleo a tiempo completo, pero las empresas siempre firman su contrato, no el que deberían para cumplir la Ley Laboral. No te dan seguro médico, no hay baja por maternidad, ni paga doble cuando haces horas extras o trabajas en las fiestas nacionales. Tengo una amiga con suerte. Después de tener un niño, su jefe le permitió volver a trabajar en la tienda de informática en la que estaba, aunque no le pagó el sueldo durante la baja y no tiene seguro".

Ofertas por sexos

En China, es frecuente que las ofertas de trabajo especifiquen el sexo. En un sótano situado en un edificio al norte del primero de los anillos de circunvalación de Pekín, hay un centenar de cubículos en los que empresas de trabajo temporal e intermediarios ofrecen empleos. En las paredes, cuelgan carteles con los puestos, muchos de ellos relacionados con la hostelería.

Jin Lianxiang, original de Hebei, vecina a Pekín, busca colocación en logística. Quiere volver a trabajar ahora que su hija ya tiene dos años, pero no es fácil. "Pagan muy poco, y a mi edad [algo más de 30 años] y siendo mujer es complicado. Esta mañana, una empresa quería un responsable para el almacén de un supermercado, pero me han dicho 'Este trabajo es para un hombre'. Cuando he replicado '¿por qué no para una mujer?', me han preguntado '¿por qué quieres este puesto?', y he contestado 'porque tengo experiencia". Jing no ha logrado la plaza.

En sectores como la hostelería, existe una preferencia, en cambio, por las chicas. "Tienen más fácil encontrar trabajo que los hombres", dice Mao, una mujer de 30 años que busca camareros o camareras para alguno de sus clientes como el hotel Hilton, el club Palm Springs o varios restaurantes. Otra cosa es una vez que se casan o son madres, según reconoce. "Pero si su marido es un hombre de éxito, entonces ellas no necesitan buscar empleo", dice.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de febrero de 2011

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