Barcelona come terreno a los aeropuertos de Girona y Reus

Las peores pesadillas del aeropuerto de Girona se están haciendo realidad. Los datos del pasado mes de enero confirman lo que se temían políticos y entidades locales: desde que Ryanair llegó a El Prat, su aeropuerto pierde fuelle. El número de pasajeros que usaron el aeropuerto de Girona cayó el 32% con respecto al mismo mes un año antes. Tampoco a las instalaciones de Reus les va tan bien como un año atrás. Los viajeros cayeron allí más del 20%.

Las malas noticias para unos se tornaron ayer alegrías para otros. En concreto, para el aeropuerto de El Prat, que en enero recibió el 20% más de pasajeros y el 13% de despegues y aterrizajes. La actividad aumenta y la Terminal 1 va poco a poco completándose. Los vuelos intercontinentales, el objetivo que llevó a la Generalitat a realizar la inversión en esa infraestructura, aumentaron el 20%, según AENA, gracias a las mayores frecuencias a Buenos Aires (Argentina) y las nuevas cuatro rutas de este año. La compañía con más actividad fue Vueling, que mantuvo el número de pasajeros, seguida de Spanair, que creció el 12%.

No pasa por un buen momento el joven aeropuerto de Lleida-Alguaire, gestionado por la Generalitat, en lugar de por AENA. La compañía Pyrenair, que inició el pasado 23 de enero la conexión con Vigo y Madrid para llevar esquiadores durante cinco fines de semana a los complejos invernales del Pirineo de Lleida y Andorra, ha cerrado la ruta de Vigo. La ocupación era inferior al 15%. Sustituirá el destino por el de A Coruña, que ya conecta con Huesca, para tratar de captar más esquiadores. La conexión con Madrid seguirá adelante, porque la acogida, asegura Pyrenair, ha sido un éxito gracias a los grupos de escolares y contratación de paquetes de esquí. Vueling anunció la semana pasada que también cancelará su vuelo a Barcelona por falta de pasajeros.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS